Comencé a volver en mí. Al principio, todo era un borrón. Un murmullo lejano. Un eco sin forma que rebotaba entre mis sienes, como si mi conciencia intentara reconstruirse pedazo a pedazo. Pero entonces... una figura se recortó en mi visión. Difusa al inicio, como una acuarela mal lavada por la lluvia, un recuerdo que se negaba a desvanecerse. Sus contornos, como si sintieran mi despertar, comenzaron a cobrar nitidez lentamente… dolorosamente. Riven. Seguía ahí, con la cabeza inclinada, los labios pálidos, la muñeca sangrante aún extendida como una ofrenda inútil… como si aún esperara perdón o condena. No se atrevía a mirarme. Antes de que pudiera decir algo, Ares me sujetó con más fuerza, jalándome hacia él con la precisión de quien no permite fugas ni respiros. Sus brazos eran un an

