La sangre de Riven llenaba mi boca con un calor espeso, denso, abrasador como lava viva. Cada trago se deslizaba por mi garganta como un beso blasfemo, incendiando todo a su paso, despertando algo primitivo que dormía en lo más profundo de mi alma. Una sed tan antigua… que no me pertenecía. No supe en qué momento exacto me rendí. Solo sé que lo hice. Con desesperación. Con hambre. Con un asco que se entrelazaba con la necesidad hasta volverse indistinguibles, como amantes prohibidos en medio de una guerra. Mi cuerpo temblaba, no de frío… sino de un placer sucio que dolía. Uno que me avergonzaba. Uno que me marcaba. Uno que me encadenaba a él. Me odiaba por disfrutarlo. No sabía si era yo la que bebía… o la criatura en la que él me estaba convirtiendo. La sangre de Riven parecía latir

