El ambiente en la habitación privada seguía cargado cuando la puerta se cerró detrás de ellos. Aria aún sentía la adrenalina recorriéndole el cuerpo, Victtorio caminaba de un lado a otro con pasos lentos y medidos, y Carter permanecía cerca de la pared, atento, leyendo el aire como quien sabe que algo más se avecina. —Esto se acabó —dijo Carter al fin, rompiendo el silencio—. Lo más inteligente ahora es irnos de la gala. Victtorio se detuvo en seco. —Coincido —respondió con voz baja—. Esto ya no es un evento benéfico, es un escenario. Miró a Aria, sosteniéndole el rostro con una mano firme pero suave. —Vámonos a casa —le dijo—. Necesitamos hablar… con calma. Ella asintió, aunque su mirada seguía encendida. —Pero quiero la verdad —añadió—. Toda. Victtorio no apartó los ojos de ella

