Aquella cínica sonrisa no salía de su rostro. Sentí que la sangre me hervía ¿Qué diablos hacia él aquí? — ¿Qué quieres? —le pregunté de mala manera. Él volvió a mirar a Em. — ¿No me vas a invitar a pasar? —me preguntó. Me quedé quieto en el lugar... no iba a dejarlo pasar. Sentí unas pequeñas manos apoyarse en mi espalda. Giré mi cabeza y la miré. Ella asintió levemente. —Pasa —le dije a mi padre y me corrí de la puerta. Él entró y miró a su alrededor. —Buenos días, Emery —le dijo a ella. —Buenos días señor Ricci —le respondió. —Espero no haber llegado en un mal momento. —No, para nada —dijo Em y sonrió de manera falsa. Reí por lo bajo —Estábamos por desayunar ¿Quiere desayunar con nosotros? —No gracias —dijo él y se sentó en una de las sillas. Em me miró y sonrió de manera dulc

