Ella cayó rendida sobre mí. Escondió su rostro en mi cuello y con sus manos calmo las marcas que sus uñas habían dejado sobre mi pecho. —Ya no puedo más Adrien —dijo agitada —Esto es demasiado, amor. Hace tres horas que estamos sin parar... —Tú tienes la culpa. Me encanta verte disfrutarlo. Me enloquece que me pidas más. Así que no te quejes porque definitivamente tú eres la culpable —dije con voz ronca y acaricie su espalda. Su cuerpo aun estaba unido al mío. Levantó la cabeza y me besó dulcemente. Otra vez mi cuerpo se tensó y ella me sintió entre sus piernas. — Adrien, ¿otra vez? —preguntó alejándose de mi boca. Apreté los dientes. —Muévete mi amor, por favor —le rogué agitado. Moví un poco mis caderas y ella jadeó levemente. —No, Adrien, no puedo —susurró agitada y se sentó.

