—¿Señor Alfa? —Le pregunto algo sorprendido. «¿Acaso esta chica me llamaba así?» —Eh, eh... —No para de titubear, sin darme respuesta alguna. Me acerco a ella e intenta retroceder, pero la encimera que está detrás de ella, la detiene, mientras yo sigo acercándome. Nuestros cuerpos están a tan solo unos pocos centímetros de distancia, la miro a los ojos directamente, se ve algo nerviosa, pero me sostiene la mirada, sus ojos color miel me hacen sentir hipnotizado. —¿Qué quiere de mi señor? —Al fin rompe el silencio que había entre los dos. —¿Qué podría querer un hombre como yo, de una chica como tú? —Le pregunto, pero no dejo que me conteste, porque deseo seguir hablando. —Ni siquiera estás vestida. —Le digo y le arrojo una mirada, algo s****l, pues debo admitir que es imposible no obse

