Capítulo 8.- Un hasta luego.

1229 Words
Durante todo el vuelo hubo un profundo silencio por parte de ambos, ella se dedicó a leer un libro que tenía por nombre Perversos Deseos. Mientras yo solo la observaba hipnotizado pensando en la manera de robarle un beso. «Vaya, parece que a la dama le gusta lo erótico», una leve sonrisa se dibuja en mis labios, de solo llegar a imaginar todas las fantasías que sería capaz de cumplirle si no estuviera casada. Dejo esos pensamientos a un lado porque de lo contrario alguien que se encuentra en estado de reposo puede despertar en menos de lo esperado y no quiero avergonzarme frente a ella o ante los demás. Cierro los ojos para tratar de descansar un poco. Agradezco que la primera reunión se lleve a cabo para mañana en horas de la tarde. Apenas llegue al hotel lo primero que hare será llamar a casa para saber cómo se encuentran mis princesas y mi príncipe. Por más que me repita que se encuentran bien, no dejo de estar preocupado. Luego me daré una gran ducha con agua caliente, pido servicio a la habitación y luego si el cansancio no me vence vea alguna película y luego a dormir. Cuando estaba por quedarme profundamente dormido, la voz de la azafata anunciando por el micrófono que estábamos a punto de aterrizar me hizo despertar. Abrí los ojos para encontrarme a una muy sonriente pelirroja a mi lado. —Parece que alguien no pudo descansar. —enarca una ceja—. Pasaste la mayor parte del vuelo distraído y observando lo que no debías. —Creo que no era el único que se encontraba husmeando a quien no debe. —me acomodo en el asiento ajustando el cinturón—. ¿O me equivoco? —Para nada, tienes toda la razón. —afirma con tal descaro que me eriza todos los bellos del cuerpo—. Después de todo somos dos desconocidos que simplemente han coincidido en algunos lugares. —Eso de desconocidos puede cambiar. —digo con picardía y me siento ridículo por estar actuando como un joven de veinte o treinta años—. Con presentarnos creo que sería un maravilloso comienzo —tiendo mi mano para presentarme—. Frederick. —Es todo un placer Frederick. —esboza una gran sonrisa—. Ekaterina. —Sabiendo el nombre el uno del otro, creo que ya no somos ningunos desconocidos. —me encojo de hombros—. Solo falta que… —No me vayas a decir que debemos intercambiar números para no perder el contacto. —pone los ojos en blanco a modo de fastidio y yo pensaba hacer otra petición—, porque de ser así… —No soy un adolescente para utilizar esas artimañas. —muerdo mi labio inferior—, solo quería invitarte a cenar, claro si tienes tiempo, puedes o te dejan. —¿Dejan? —suelta una pequeña carcajada—. Mejor sería decirte que estoy cansada y que no tengo que pedirle permiso a nadie. Esas palabras me hacen fruncir el ceño, porque una mujer comprometida como ella no debería decir eso, solo espero no estar metiéndome en camisa de once varas. —Entonces vamos a dejárselo al destino, si se puede perfecto, de no ser, no podemos hacer nada. —Perfecto hombre sabio. No voy a negar que la sonrisa de esta mujer me descontrola y que puede poner mi mundo de cabeza en un abrir y cerrar de ojos. Finalmente, el avión hace su aterrizaje. Los pasajeros van descendiendo uno por uno hasta quedar solo los dos junto a la azafata, le sedo el paso para que sea ella la primera en salir y sigo detrás de ella detallando su hermoso cuerpo. «Dios, es toda una diosa» —Deja de verme el culo Fred. —afirma mientras sigue caminando delante de mi moviendo seductoramente sus caderas. —No estoy viendo nada. —miento negando con un leve movimiento de cabeza. Al descender del avión caminamos para buscar nuestros equipajes. Mientras esperamos conversamos sobre lo que cada uno vino a hacer, me sorprendió al saber que ella viene a tratar negocios al igual que yo, pero fue mas reservada al momento de decir que tipo de negocio iba a presentarse. El equipaje de ella es el primero en ser entregado, se despide con un beso en la comisura de mis labios haciendo que todo mi ser se estremezca. —Hasta pronto Fred. —guiña un ojo y sigue su camino hasta perderse de mi campo de visión. —Hasta pronto bella dama. —susurro porque ya va demasiado lejos como para que pueda escucharme. «Espero que nuestros caminos se vuelvan a cruzar» Al cabo de unos minutos aparece mi equipaje. Camino a pasos lentos hasta la salida del aeropuerto donde ya me espera el transporte que se va a encargar de trasladarme hasta el hotel. —Bienvenido señor Becker. —saluda con amabilidad la mano derecha del señor Aicrag—. Espero que s vuelo haya sido placentero. —No se imagina lo placentero que ha sido. —sonrío recordado las ultimas palabras compartidas con esa hermosa diosa. Estando en el interior del auto me explica la programación para las reuniones que se van a llevar a cabo con la Farmacéutica Aicrag & Company. Seguimos conversando hasta que finalmente llegamos al hotel. Cuando llegamos un botones se encarga de recibir mi equipaje y caminamos hasta el interior para llegar a la recepción y confirmar la reservación. Me piden la identificación y después de teclear en el computador me hacen entrega de la llave de la habitación en la cual me voy a alojar por los siguientes días. Me despido de Alfred con la promesa de que al terminar la negociación vayamos a tomar alguna copa. Agradezco a este hombre porque el fue en intermediario entre ambas empresas para poder llevar a cabo la negociación. Con la esperanza de que todo salga como lo hemos planificado y cerrar este contrato. Entro al ascensor para subir hasta el piso donde se encuentra mi habitación, al entrar el botones deja mi equipaje y le doy una propina en agradecimiento. Como lo había pensado, lo primero que hice fue llamar a mis princesas para saber cómo se encontraban, pero no pude hablar con ellas, ya que se encontraban en sus clases de natación. Solo pude conversar con Ethan quien se veía muy feliz y creo recordar el motivo por el cual se encuentra de esa manera. Aprovecho para conversar con mi madre y comentarle que el viaje fue tranquilo, esta vez no iba a darle detalles para que lego saliera a contarle a mi hijo. Después de colgar la llamada fui a abrir la maleta para sacar la ropa, necesito darme un baño con urgencia, comer algo para descansar. El agua caliente relaja todos mis músculos, demoro bajo la ducha un rato mas y cuando creo que ya es suficiente, salgo y envuelvo una toalla en mi cintura saliendo del cuarto de baño. Al estar en la habitación marco el numero para pedir servicio a la habitación. Dicen que debo esperar nos veinte minutos y acepto, es el tiempo necesario para cambiarme y buscar en la televisión algún programa con que entretenerme. La comida llega en menos tiempo del que me habían dicho y sin tiempo que perder procedo a comer mientras veo una serie.
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