Los días que siguieron fueron iguales, reuniones, llamadas, visitas a farmacéuticas. No había deseado ver tanto a una persona en mi vida, pero me daba angustia el no poder volver a ver a esa mujer en la escuela ni mucho menos en el parque donde nos vimos la última vez.
Malos pensamientos han cruzado por mi mente, desde que está en un hospital hasta que la hayan llevado a la morgue. De solo pensar que ese infeliz le haya hecho algo, la sangre me hierve. Eso es algo que no me ha dejado concentrarme muy bien en mi trabajo.
—Padre, aquí están los documentos que debes firmar. —Enzo me saca de mis pensamientos al irrumpir en la oficina—. Recuerda que dentro de dos días debes viajar, el pasaje y la reservación en el hotel están confirmados.
—Precisamente estaba pensando en eso cuando entraste. —miento para que no comience con su interrogatorio—. Estando todo listo, solo debemos esperar el día, debemos ser positivo en que todo va a salir como esperamos.
—Claro que sí, verás que todo saldrá tal cual lo hemos planificado. —Toma asiento en la silla frente a mi escritorio—. ¿Te puedo preguntar algo?
—Si tiene que ver con lo que paso en el parque. —recuesto la espalda en la silla, dejando los documentos a un lado—. No quiero recordar nada de eso, es mejor dejar las cosas, así como están.
—Si así lo quieres, está bien. —se pone de pie—. Solo recuerda que puedes contar conmigo para lo que sea, hasta si de ocultar un cadáver se trata, yo seré tu cómplice.
—Por dios Enzo, como se te ocurre decir esa barbaridad. —pongo los ojos en blanco—. Mejor ve a trabajar.
Lo veo levantar ambas manos a modo de rendición y sonreír por lo que dijo. Sé perfectamente qué es su manera de levantarme el ánimo, pero eso es algo imposible. Lo que tengo que hacer es tratar de olvidar todo y seguir adelante.
Las horas siguieron pasando hasta que llegó el día del viaje que tanto estaba esperando. Decir que no me siento nervioso sería mentir, porque en realidad siento que todo mi interior se encuentra fuera de control.
—Deja los nervios, pareces novato. —reprocha Yara mientras posa su mano sobre mi hombro—. Mejor cierra los ojos y di “todo saldrá bien”, hazlo, así como cuando practicabas yoga, ese es tu mejor mantra y quién sabe si…
Hace silencio y no termina de habar, tal vez se dio cuenta de que iba a decir algo fuera de lugar y prefirió hacer silencio y guardar su pensamiento para ella, prefiero que así sea. Yara fe la que me vino a acompañar al aeropuerto porque Enzo tenía una reunión muy importante. Despedirme de mis pequeñas fue una gran odisea, no querían que me fuese sin que ellas se encargaran de darme el desayuno y llenarme de muchos besos. Tampoco dejaban de repetir cada dos segundos que tenía que llamarlas para saber que me encontraba bien y de esa manera no me iban a extrañar mucho.
Separarme de mis pequeñas no es fácil y esto es lo que tengo que hacer cada vez que Enzo o Yara no pueden asistir. Agradezco que este viaje solo demore dos días, de lo contrario voy a terminar por volverme completamente loco.
El llamado por los alta voces me alerta, ya es hora de abordar y con ello me despido de Yara recordándole asuntos que quedaron pendientes.
Montado en el avión me permito cerrar los ojos para tratar de descansar lo que dura el vuelo. Me estaba quedando dormido cuando de repente siento que algo pesado cae sobre mis piernas, al abrir los ojos me impresiono por lo que veo.
—Lo siento, no fue mi intensión. —se disculpa la mujer—. Lamento haber interrumpido su siesta.
—No se preocupe. —Frunzo el ceño al darme cuenta de que no me reconoce, quiero preguntarle, pero me cohíbo de hacerlo—. Siempre tenemos días más estresantes que otros.
—Bueno, me alegra que no soy la única que no ha tenido días tan malos. —se encoge de hombros—. Disculpe, pero ¿nos conocemos?
—No creo. —miento.
—Claro que sí. —afirma con seguridad—. En el parque, le pregunté por mi hija.
—A claro, ya recuerdo. —una media sonrisa se dibuja en mi rostro al saber que por lo menos si sabe quien soy—. ¿Y su hija? ¿Viaja sola?
—La tuve que dejar con su padre. —se reclina en el asiento para colocarse el cinturón de seguridad, pero al parecer no puede y por eso la ayudo.
—Permítame.
Como todo un caballero, la ayudo a abrocharse el cinturón, que al parecer no se encuentra en perfectas condiciones y ese es un detalle muy importante. Toca poner la queja a la azafata cuando haga acto de presencia. Cuando logro abrocharlo, intento alejarme de ella, pero una fuerza extraña me lo impide y lo que hago es buscar su mirada, la cual me detalla con curiosidad.
Nuestras miras se conectan cuál imanes, con dificultad intento tragar el nudo que se ha formado en mi garganta.
Sin verlo venir, sus labios se unen a los míos en un beso tierno y delicado. Los latidos de mi corazón se aceleran cuál adolescente ansioso por su primer beso. En respuesta le correspondo el beso y hasta me doy la libertad de acariciar sus mejillas con mis pulgares.
«Maldición si esto es un sueño, no quiero despertar»
Nos separamos por falta de aire, pero son solo milímetros. Aun nuestros labios pueden rozarse un poco. Quería disculparme por lo que acababa de pasar al darme cuenta de que me encontraba besando a una mujer casada, pero su voz me interrumpió.
—Quisiera disculparme, pero no lo haré. —da un hondo suspiro—. Para ti puede que sea algo abusivo, pero pierde cuidado. Imagina que esto nunca sucedió.
Se aleja de mí, recuperando la compostura, sentándose por completo en su asiento, baja el posa brazos y de esta manera sé que perfectamente acaba de poner distancia entre nosotros.
Quise hablar, pero me di cuenta de que no tenía sentido hacerlo. Al igual que ella, me acomodo en mi asiento y cierro los ojos para esperar la hora de ascenso.