Al llegar a casa fuimos recibidos por un trio de pequeños terremotos. Entre gritos de felicidad, abrazos y besos por poco terminamos tirados en el suelo. La energía que cargan estos niños es aterradora.
—¡Papi! —Danna frunce el ceño mientras me escruta con esos hermosos ojos azules—. Hueles a feo.
—No cariño, si estoy recién bañado. —toco la punta de su nariz con el dedo índice—. ¿Sera la colonia?
—No quieras engañarme papi. —hace un puchero—. Huele a eso que toma la abuela cuando ustedes no están.
Se escucha un jadeo después de que mi pequeño tesoro dijera esas palabras, sabiendo de donde proviene giro para enfrentar la mirada de mi madre.
—Es solo una copa de vino que comparto con mis amigas cuando vienen a jugar cartas. —se encoge de hombros para restarle importancia al asunto—. Vamos mis princesas hermosas, tenemos una sala de cine que preparar.
—¡Abuela! ¿Dónde quedo yo? —espeta Ethan con un puchero—. No tengo cara de princesa.
—Pero si tienes cara de príncipe rompe corazones. —le revuelve el cabello dejando un beso en su cabeza—. Vamos príncipe gruñón, tenemos mucho que arreglar.
Los tres nos quedamos sorprendidos al ver la complicidad que tienen esos terremotos con su abuela. Solo nos vemos a la cara sin pronunciar palabra alguna.
—Bueno, creo que la abuela nos lleva esta partida ganada. —Enzo se encoge de hombros caminando con las bolsas hacia la cocina. Yara y yo lo seguimos con el resto de las compras.
Colocamos las bolsas sobre la encimera para empezar a sacar el contenido. En una bandeja grande se colocan las hamburguesas junto a cada ración de papas fritas. En otra las porciones de pizza. Poco a poco vamos organizando todo para dejarlo en el carrito. Las galletas, helado y demás chucherías quedan para más tarde.
Diez minutos después nos encontramos en la sala de cine disfrutando de la primera película infantil de la noche, para complacer a las princesas vamos a ver las dos de Mulán, luego vamos a ver las películas de la era de hielo, pero no creo que vayan a soportar ver todas esas por tantas horas.
Pasamos e tiempo y con ello vamos compartiendo este maravilloso momento en familia. Esto lo hacemos dos veces al mes, no queremos que se acostumbren y de vez en cuando Antes de terminar la segunda parte de Mulán ya mis pequeñas princesas se han quedado profundamente dormidas. Todo lo contrario, a Ethan quien tiene los ojos bien abiertos a la espera de sus películas.
—Ya pueden llevar a mis hermanas a dormir. —frota ambas manos—. Los voy a esperar mientras le colocan sus pijamas y las arropan —esboza una amplia sonrisa.
Enzo me ayuda a cargar a Dara, mientras yo llevo a Danna. Detrás de nosotros viene Yara quien es la primera en abrir la puerta para que podamos ingresar. Las dejamos a cada una en su cama. De ahora en adelante su madre es quien se hará cargo de cambiarlas y luego bajará a hacernos compañía.
—¿Estas bien padre? —pregunta mientras regresamos para bajar las escaleras—. No creas que soy idiota y no me doy cuenta de las cosas.
—No te preocupes hijo, son cosas de trabajo. —palmeo su espalda—. Recuerda que esta próxima la reunión y el viaje a Estados Unidos, eso me ha dado mucho estrés y quiero que todo salga bien.
—Seguro que no es por una hermosa mujer que conociste en el colegio de los niños? —enarca una ceja.
«¿Sera que mi madre algún día dejara de contar mis cosas?»
—Puede que tenga algo que ver con eso, pero te aseguro que no vamos a llegar a nada. —detengo mi andar para percatarme que mi madre no se encuentre escondida en algún rincón.
—¿Acaso es fea? ¿No te gusta? ¿Es casada? —frota su sien—. Claro, debe ser casada porque tiene una niña, gran detalle.
—Pues sí, gran detalle. —meto mis manos en los bolsillos del pantalón—. Pero, ¿sabes que es lo peor?
Enzo hace silencio a la espera de lo que voy a decir.
—Su esposo la maltrata verbalmente a ella y a la pequeña princesa que tienen.
—¿Cómo es eso? ¿Acaso?... —no dejo que termine de hablar porque lo interrumpo.
—Hoy cuando salí a caminar para distraerme mientras ustedes llegaban. —hago una pausa—. Me tope con la pequeña, le brinde un helado mientras sus padres tenían una acalorada discusión. Luego de eso el hombre se llevo a la pequeña y después ella apareció buscándola, pero le había dicho que su padre se la había llevado. Sin más se alejó en busca de ese infeliz, que seguro Iban a seguir con la discusión y espero no termine golpeándola.
—Ya entiendo y por despecho o mejor dicho una desilusión amorosa terminaste en ese bar de mala muerte ahogando tus penas.
—¡Enzo! —lo fulmino con la mirada—. Mejor no sigas diciendo nada y vamos, Yara debe estar por bajar.
Hizo el intento de objetar, pero basto con una fuerte mirada para que dejara el tema. Al llegar a la sala de cine nos encontramos a Ethan hablando con la abuela acerca de una niña que le llama mucho la atención. Para seguir escuchando su charla frene a mi hijo y le hice señas para que hiciera silencio y poder enterarnos de lo que estaba pasando.
—Abuela, ella es muy linda. —sus ojos se iluminan—. En pocos días es su cumpleaños y no se que le voy a regalar.
—Bueno cariño, debes estar pendiente de las cosas que le gustan. —palmea su mano—. O le puedes preguntar a tu papá.
—No abuela, luego me va a avergonzar en la escuela. —niega varias veces—. Y al abuelo mucho menos, no le dijo a la señora bonita que le gusta.
Enzo y yo nos quedamos sorprendidos antes los alcances que tiene nuestro pequeño, después de todo creo que será mucho mas sabio en el tema romántico. Si es así con tan solo siete años no puedo imaginar cuando tenga quince.
Escucho los pasos en la escalera e inmediatamente empujo a Enzo l interior de la sala. Al percatarse de nuestra presencia ambos se quedan en total silencio.
—¿Se puede saber de qué estaban hablando? —pregunta Enzo cruzando los brazos a la altura del pecho.
—De las películas papá. —señala la pantalla del televisor que tiene la caricatura pausada a nuestra espera—. Le decía a la abuela que se estaban demorando mucho ¿Cierto abue?
—Así es mi niño.
Hacemos caso omiso a sus palabras y tomamos asiento en el gran sofá a la espera de Yara, pero si de algo estoy seguro es que mañana voy a tener una conversación muy seria con mi madre. Eso de enseñar a mentir a Ethan no está nada bien.