Capítulo 10 — Ahora sabía quién era yo

1341 Words
Al día siguiente, fui a trabajar tratando de verme bien, normal y no enferma o como si algo me pasara. Ante mis compañeros debía fingir que ya estaba bien, porque no quería que me estuviesen preguntando cosas. Como cada mañana, llegué a abrir la librería, pero extrañamente, Anís no estaba. ¿Le había pasado algo? Quizá solo se había atrasado, considerando que ahora tenía una nueva vida mucho más feliz y que ya no debía esconderse en aquel lugar. Y como sospeché, ella no apareció en todo el día. Era increíble lo mucho que la extrañé, pero también, quedé nuevamente en cero, porque solo podía pedirle ayuda a Anís. Al menos, recordé que debía buscar mi apellido y así lo hice. Nova, Rigel Nova, así me llamaba en esa realidad. Con lo tonta y desesperada que había estado, ni siquiera se me había ocurrido revisar mi documento de identidad, en donde sí salían mis datos. Pero aparte de ese documento, no tenía nada más. Le dije a mis jefes si podían buscar una copia de mi contrato de trabajo, porque el mío se había perdido, pero nada, en esa librería no había rastro de mis datos. Por el momento y con ese nombre, debía comenzar mi búsqueda. Ese día, me fui a casa derrotada, sintiéndome más sola que nunca. Ni siquiera había un computador en mi casa, así que, no sabía cómo buscar indicios de quién era yo en esa realidad. Al menos, tenía el teléfono para comenzar mi búsqueda incomoda en esa pequeña pantalla. Abrí el buscador de internet y coloqué mi nombre, Rigel Nova. Me sorprendí al presionar en el botón de buscar. ¿Qué había? Pues no mucho, no había mucha información sobre mí. Con mi nombre, apareció un orfanato ubicado a las afueras de la ciudad. Efectivamente, era una huérfana en esa realidad. Me levanté de la cama y busqué un lápiz y un papel para anotar todo lo que encontrara sobre mí. También aparecía mi nombre ligado a una universidad de bajos recursos, de esas para personas más pobres y que no podían pagar la escolaridad de las mejores casas de estudios del país o del mundo. Ingresé a la página web de la institución y efectivamente, yo había estudiado ahí. Bueno, al menos, había estudiado algo e increíblemente, aparecía en el anuario de los estudiantes de periodismo. Si yo era periodista, ¿qué mierda hacía trabajando en la misma librería? Después pensé que, como había estudiado en aquella universidad de bajos recursos en esta vida, quizá, me había sido imposible encontrar trabajo en eso que había estudiado. Era lo más lógico. Escribí la dirección de la universidad también, porque esos dos datos eran lo único que tenía para averiguar cosas sobre mí. No había más, eso me desilusionó mucho. Ahora sí que me sentía sola y esta vez, debía admitir, que no quería eso para mi vida. —Si realmente soy huérfana… ¿Quiénes me engendraron? —hablé fuerte. O sea, huérfana y todo, pues de alguna v****a había salido y de un espermatozoide había sido engendrada. Debía visitar ese orfanato y averiguar lo que más pudiese, porque lo más probable era que nadie, en esa nueva realidad, supiera sobre mi vida. A la mañana siguiente, fui hasta la librería y Anís sí estaba esperándome, como antes. La abracé fuerte, cuando la tuve frente a mí, porque el día anterior la había extrañado muchísimo. —Me vas a desarmar, Rigel —dijo de forma divertida. —Lo siento, es que te extrañé. —Recuerda que debemos fingir que seguimos siendo las mismas de antes. —¡¿Por qué?! —la solté. —Pues, no sé. En estos momentos no se me ocurre una respuesta coherente. —Entonces no me jodas —la abracé fuerte otra vez. Tuve que abrir la librería y hacer las labores de la mañana de forma normal. Cuando me desocupé, fui a molestar a Anís para que me ayudara un poco. Me acerqué de a poco, fingiendo que estaba leyendo un libro hasta que ella notó mi presencia. —¿Rigel? —¿Sí? —¿Qué haces? —miré a todos lados, para asegurarme de que los clientes estuviesen lejos de nosotras. —Ayer busqué información sobre mí. Soy huérfana en esta realidad y estudié en la universidad periodismo. ¡¿Lo puedes creer?! ¡Estudié una profesión! —dije emocionada, porque sí, ese había sido mi sueño no cumplido en la realidad anterior. —Me lo imaginé —dijo cerrando el libro que estaba leyendo. —¿Cómo así? —me senté en el sillón que estaba a su lado. —O sea, si tenías familia en tu vida anterior, era obvio que en esta nueva vida no tendrías. Hubiese sido algo absurdo. ¿No crees? —bueno, no lo había pensado de esa forma. Si tanto me había quejado de mi familia antes, era obvio que en esta nueva realidad el deseo se cumpliría entregándome una vida de huérfana para que dejara de quejarme de una vez por todas. —Bueno, tienes razón. —¿Te puedo preguntar algo? —asentí con la cabeza —. ¿Tan mala era tu familia? —nunca había catalogado a mi familia como mala, si como una carga muy difícil de llevar. —Creo que… No lo sé —me encogí de hombros, mientras miraba mis manos sobre el libro que tenía en mi regazo —. Ellos eran… demandantes en todo sentido. Mi padre era alcohólico rehabilitado y vivía de la caridad del estado. Mi madre era una mujer machista que pensaba, que yo, como la hermana mayor, debía proveer y sacarlos adelante. Mis hermanos… ellos eran unos niños en cuanto a su mentalidad. —O sea, ¿abusaban de ti económicamente hablando? —Nunca había visto su actitud como un abuso. Mi madre me crio diciéndome siempre, que era yo quien debía sacar adelante a mis hermanos, porque ella ya estaba muy vieja para hacer eso. —Rigel… —Lo sé… sé que eso no está bien, pero mi vida no tiene sentido en esta nueva realidad. Ayer descubrí que mi familia, sigue siendo familia en esta nueva vida, que son exitosos, famosos y tienen dinero, un buen pasar económico. Solo yo… estoy sola —respiré hondo para tratar de no llorar. —Creo que será imposible revertir nuestros deseos, porque aquel asteroide pasa cada cincuenta mil años. Cuando vuelva a pasar cerca de la tierra, nosotras ya estaremos muertas hace muchísimo tiempo. Básicamente, seremos polvo. —Lo sé —suspiré. —Lamento mucho que te hayas arrepentido de tu deseo. Dudo mucho de que exista una explicación científica a todo esto, porque esto es más como… algo mágico, quizá. —Lo sé, pequeña. Yo me alegro de que tu vida haya cambiado para bien —le sonreí. —Creo que, deberías vivir esta vida, Rigel. Piensa que es una segunda oportunidad que dios, el universo o el destino te dieron. Puedes creer lo que quieras, pero esto es como una nueva oportunidad para hacer las cosas bien. —¿Tú crees? —Así es. Ya sabes que tu familia está bien sin ti, que fueron exitosos, viven muy bien. Dudo mucho que en esta realidad ustedes tengan algún parentesco. Si le pediste al deseo no tener familia, lo más lógico es que te lo concedió partiendo de la base, de que estás sola en esta realidad y que eres huérfana. Quizá Anís tenía razón, quizá debía seguir con mi vida y ver a mi familia desde lejos solamente. A fin de cuentas, se notaba que ellos no me necesitaban. Y como decía Anís, si yo había pedido no tener familia, quizá mis progenitores habían sido drogadictos de la calle o algo por el estilo. Pero no podía mentir, en el fondo de mi corazón, anhelaba tener a mi familia devuelta y que todo esto fuese un sueño. Ellos eran mi todo, mi razón de ser, de vivir y me costaría muchísimo dejarlos ir. No estaba lista aún.
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