Las siguientes semanas pasaron siguiendo todas el mismo patrón. Paul le hacía el amor a Morian con pasión siempre que se presentaba la ocasión sin importar el lugar, entrenaba con Zoran y los demás, y continuaba investigando hasta el último ápice de información que reunía sobre Raffvin. La imagen que empezaba a formarse frente a él era la de un hombre muy astuto, profundamente celoso y extremadamente inestable. Un hombre que no solo ansiaba gobernar a los valdier, sino también el poder para controlar a Morian y a la Colmena. ―Háblame de Raffvin ―le pidió a Morian una noche mientras esta yacía acurrucada contra él. Morian se estremeció, pegándose todavía más al calor de su compañero. ―Ya de joven era un guerrero atractivo pero arrogante. Los demás le importaban muy poco, incluido su herm

