Paul le sonrió con maldad antes de extender la mano derecha y sacar al sorprendido piloto liliáceo de su asiento tirando de la parte posterior de su chaqueta. El alienígena cayó agitando brazos y piernas cuando Paul lo lanzó a un lado. Por desgracia, la nave también se inclinó al mismo tiempo. Paul alzó la vista con una maldición al ver que iba directo hacia uno de aquellos troncos gigantescos. Saltó de la nave, aterrizando sobre un suelo cubierto de musgo y arbustos mullidos, tras lo cual rodó varias veces antes de lograr detenerse. El ruido que hizo la nave al estrellarse resonó por toda la oscuridad del bosque. Paul rodó para quedar bocarriba y vio que dos de las demás naves se daban la vuelta, así que volvió a hundirse al instante entre los arbustos que le llegaban hasta el pecho y e

