Capítulo 9
— Eddy, por favor, presta atención
Pedí, sosteniendo un lápiz sobre su cuaderno.
— Odio hacer tareas…
— En eso nos parecemos mucho
Sonreí, acariciando el rostro de mi hermano menor.
— No me gusta la gramática, prefiero las matemáticas
Eddy cerró su cuaderno y tomó el libro de matemáticas.
— Y en eso no nos parecemos en nada…
— Cuando sea adulto como papá, quiero construir edificios como él — me miró sonriente, intenté devolverle el gesto — Y a ambos nos gustan las matemáticas
— Sí… a mamá también…
Las matemáticas se me hacían difíciles pese a que tenia de los mejores promedios de la escuela.
— Cuando sea adulto, te construiré una casa para ti sola
— ¿A sí? — pregunté — ¿Por qué?
— Porque serías más feliz viviendo en otro lugar — contestó, resolviendo sus primeros ejercicios de matemáticas — Mamá siempre se está metiendo contigo, como Buford que se mete siempre con Baljeet
No sabía cómo rebatir tal referencia a “Phineas y Ferb” ¡Y es que era toda la verdad! La relación con mi madre se podía resumir en esa referencia. Una persona que se siente superior a otra y aprovecha esa ventaja para hacerla sentir insegura. Mamá era exactamente así conmigo. Por más que dijera que no intentaba hacerme sentir mal, ella siempre lograba hacer eso, hacerme sentir mal.
— ¿Puedes hacer tu tarea solo?
Pregunté, viendo cómo mi hermano resolvía con total facilidad sus ejercicios de matemática.
— Sí, está fácil
— De acuerdo… — acerqué mi portátil a mí — Entonces haré mi propia tarea…
Vi la hora, ya casi eran las nueve de la noche y mamá aún no volvía. Lo más probable era que estuviese con sus amigas tomándose algunas copas pese a que era miércoles, mitad de semana. Quizá estaba resolviendo pendientes en su oficina, la familia de mi mamá tiene una empresa de transporte y mamá se encarga de parte de la administración, técnicamente no tenía que hacer horas extra, pero supongo que era más relajante estar en el trabajo a tener que lidiar con su vida de divorciada con dos hijos mientras su ex esposo se revolcaba con la secretaria por la que la abandonaron. No lo sé y jamás lo sabré, el punto es que eran casi las nueve de la noche de un miércoles y ella aún no llegaba. Pese a todo, cuando mamá no estaba en casa, todo era más sencillo y calmado. No había una mujer gritando por cualquier cosa, no había discusiones por estupideces que ella provocaba, no había absolutamente nada, salvo paz y tranquilidad en la casa.
— ¿Puedes traer los Cheetos?
No había absolutamente nada, salvo la muy aguda voz de mi hermanito menor.
— Sí, dame un segundo…
Pido, abriendo el Messenger y el Google, tenía que hacer mi tarea de literatura. Debido a que fui la única que hizo la tarea extra, quedé exenta de hacer la tarea de ese día, pero de todas formas quería hacer la tarea extra de un informe sobre la literatura del medioevo, lo hacía por los puntos extras. Entré en la cocina, tomé un tazón gigante y caminé hacia la enorme despensa que teníamos. Una de las cosas de las que me enorgullecía, era del perfecto sistema para mantener el orden que había creado en la despensa. Todo estaba ordenado de forma alfabética, con lo más antiguo delante y lo más nuevo detrás, en canastos que me permitían sacar y colocar los productos sin tener que desordenar toda la habitación. Mantener el orden es algo que ayuda mucho con la ansiedad. Tomé la bolsa de Cheetos y vertí todo el contenido en el enorme tazón, me llevé unos cuantos a la boca y regresé a la sala donde mi hermano seguía haciendo su tarea.
— ¡Sí! ¡Cheetos! — Eddy cogió un puñado, le encantaba estas chucherías, mamá me las tenía totalmente prohibidas — Por cierto, tu portátil estuvo sonando, creo que es Sabrina
— ¿A sí?
Pregunté, tomando mi libro de literatura.
— Sí, te estaba mandando varios mensajes de “SOS” — miré a mi hermano — ¿Qué significa “SOS”? — preguntó — Creo que lo vi en alguna película
— Luego te explico — contesté, acercando mi portátil — “¿Qué pasó?”
— “Vas a matarme”
Contestó.
— “Dime por qué voy a matarte”
— “Le di tu Messenger a Nathaniel Johns”
Me quedé viendo fijamente la pantalla de mi computador.
— “¡¿Qué?! ¡¿Por qué?!”
— “Al parecer le pidió mi Messenger a Gregory Carter, un chico con el que llevo Corte y Confección, también es del equipo de soccer”
— “Oh no”
— “Y pues… me habló, me hizo muchas preguntas sobre ti”
— “¿Qué clase de preguntas?”
— “De si sabía acerca de tus ataques de ansiedad”
— “Oh no…”
— “No tenía ni idea de que sufrías de ataques de ansiedad”
— “j***r…”
— “Y me preguntó si sabía si a ti te gustaba él”
— “¡¿Eso te preguntó?!”
Abrí al máximo los ojos.
— “¡Sí! ¡Te lo dije! Realmente le gustas”
No lo podía creer, realmente no lo podía creer.
— “j***r…”
— “Quizá te hable”
Y dicho y hecho, la solicitud de amistad llegó.
— “Mierda, me agregó ¡¿Qué hago?!”
— “¡Acéptale!”
Mi corazón comenzó a latir a toda velocidad, tanto que podía escucharlo y el sonido solo era aplacado por el sonido de mi hermano masticando Cheetos y tosiendo.
— “j***r… no quiero hacerlo”
— “¡Madeleine! ¡Hazlo, maldita sea! ¡Date la oportunidad de ser feliz y que te llenen los oídos de palabras bonitas en vez de la mierda que siempre te entrega tu madre!”
— “Está bien…”
Respiré hondo, puse el cursor en el botón de “Aceptar”, cerré los ojos e hice Click… ya estaba hecho…
— “¡Me cuentas el chisme completo!”
Tragué saliva, abrí la ventana de Messenger de Nathaniel. Su foto de perfil era de él en blanco y n***o en su habitación o lo que parecía ser su habitación. Me quedé unos segundos contemplando su fotografía, se veía tan guapo como en persona, no podía creer que un chico como él estuviese preguntando por mí. Debo de admitir, mientras te cuento todo esto, que no puedo creer lo insegura que era, porque si me pongo a pensar con claridad, realmente no había ninguna razón real por la cual yo no pudiese gustarle a alguien, pero a mis quince años estaba tan confundida sobre mí misma que no sabía qué pensar. Para mí todo esto era una broma, una treta, de seguro algún plan macabro de los populares ¡Y pensaba eso porque me habían dicho qué pensar! Porque en realidad, me aferraba a la idea de que fuese verdad. Sin embargo, como ya dije, era muy insegura, así que desde ese día en el pasillo en donde me vi envuelta en sus brazos y tuvimos esa incómoda conversación, le empecé a evitar. No quería topármelo por ningún lado, no quería verle, no quería atraparlo mirándome, tenía miedo de volver a sufrir un episodio aterrador como el de aquella vez y delante de él, tenía miedo de que nuevamente nos viesen abrazados o en alguna situación comprometedora como la del sábado. Ya sé lo que me dirás: Besarse con alguien no califica como una “Situación comprometedora” y tienes toda la razón, pero yo era una adolescente de quine años cuya madre siempre le hablaba de la honra de una mujer. Creo que ya te lo expliqué; según mi madre, las mujeres debíamos de cuidar nuestra imagen, ser recatadas, pudorosas, amables y educadas. Cualquier mujer de la que se sepa su vida s****l o que ya andaba practicando ciertas cosas, como darse besos en una discoteca con un chico que no es tu pareja, significaba que la chica en cuestión ya tenía la honra algo manchada. Por favor, si algún día tienes hijas, no les llenes la cabeza de esas tonterías, porque una persona debería de vivir su sexualidad con libertad y sin miedo. Como padre lo único que deberías de hacer es ponerle un límite, aconsejarle y decirle cómo evitar enfermedades y embarazos no deseados, porque mi madre automáticamente me hubiese tachado de zorra por empezar mi vida s****l sin haberme casado y me hubiese hecho sentir muy culpable.
— “Hola Maddy…”
¡Santa Madre de la Papaya! Salté de mi asiento pegando un grito, mi hermano me miró con cara de confusión y luego se llevó varios Cheetos a la boca. No lo podía creer, Nathaniel Johns me estaba hablando por Messenger, en serio estaba ocurriendo y no lo podía creer.
— ¿Te sucede algo? — preguntó mi hermano, seguido de unos cuantos tosidos — Estás toda roja
— Sí, estoy bien… — revisé el tanque de oxigeno de mi hermano, seguía lleno — ¿Por qué estas tosiendo tanto?
— No lo sé…
Mi hermano se encogió de hombros, jugueteando con su cánula.
— No te lo quites — le pedí, sentándome de nuevo — No es un juego Eddy
— Pero me gusta jugar con mis tubos de poder
Mi hermanito sonrió, negué con la cabeza dándole un fuerte abrazo.
— Sí, pero si te los quitas, perderás poder y no quiero eso — besé su cabeza — Te quiero muchos años más conmigo, Peque…
— Yo también…
Eddy me sonrió, mi hermano tenía las sonrisas más lindas de todo el mundo.
— “¿Maddy?”
Miré la pantalla de mi portátil ¿Cómo era posible que incluso a la distancia, este chico me pusiera tan nerviosa? Me llevé unos Cheetos a la boca, respiré hondo y decidí contestar.
— “Hola…” — pulsé el botón de enviar — “¿Qué sucede?”
Me golpeé mentalmente “¿Qué sucede?” ¿En serio era lo mejor que se me podía ocurrir? Me quedé viendo la pantalla un buen rato, no había señal de que él me fuese a contestar, quizá mi pregunta le había parecido rara o quizá estaba pensando qué contestarme, déjame adelantarte que era lo segundo. Dejé de mirar mi portátil e intenté regresar mi atención a mis deberes escolares, ya eran las nueve y media de la noche y aún no terminaba, debía de darme prisa si quería dejar todo en orden antes de que mamá regresara.
— Demonios…
Me quejé, pues estaba leyendo una y otra vez la misma línea.
— Maddy… — miré a mi hermano — Ya terminé… — revisé sus cuadernos — Ya no tengo más tarea
— ¿En serio?
Le miré con una ceja alzada, él asintió.
— ¿Puedo ir a jugar a mi habitación?
— No, quédate donde pueda mirarte — pedí, mi hermano hizo una mueca — Son las reglas…
Le recordé. A veces era difícil lidiar con mi hermano. Él solo quería jugar en paz en su habitación como cualquier otro niño, pero las reglas de la casa se lo impedían, entonces él se sentía frustrado y triste. Eddy no solía hacer berrinche, no era frecuente, solo sucedía cuando su paciencia se colmaba. Era difícil hacerle entender a un hiperactivo niño de siete años, que debía de siempre estar a la mira de cualquier adulto o persona responsable, porque de lo contrario podía llegarle a suceder algo malo. Teníamos que vigilar cada cierto tiempo que mi hermano no se quedara sin oxígeno, teníamos que vigilar que no se ponga a corretear por toda la casa, que no se suba al trampolín, que no se lance a la piscina, que no haga muchas cosas típicas de niños de su edad. Lamentablemente mi hermano no podía ser un niño de su edad.
— Está bien… traeré mis juguetes
— Hazlo
Pedí, intentando leer la información que tenía en la pantalla. Se me estaba haciendo muy difícil el concentrarme, porque no podía dejar de cambiar la ventana a la del Messenger para ver si Nate me había contestado o siquiera me estaba escribiendo. No quería pensar en la razón por la cual se tardaba, quizá estaba ocupado, quizá estaba haciendo algo más importante que hablar con una chica a la que apenas conocía. Esto último me desanimó un poco. Apenas llevábamos un par de semanas de habernos conocido y ya nos habíamos besado, todo sucedió tan rápido, quizá por eso lo sentía todo tan intenso, por lo rápido que estaban sucediendo las cosas, no lo sé. Pero lo cierto es que, esa falta de tiempo en común era lo que hacia que todo esto me pareciera tan irreal.
— “¿Sabs?”
Tecleé, necesitaba desahogar mi mente o no podría concentrarme en la tarea.
— “¡Cuéntamelo todo y exagéralo!”
Solté una risita al leer el mensaje de mi amiga.
— Ya volví
Anunció mi hermano, trayendo consigo un paquete de arcillas de colores.
— “No hay nada qué contar” — escribí en respuesta — “Me saludó, le saludé y hasta ahora no me contesta”
— “Dale tiempo”
— “¿Cuánto tiempo tengo que darle?”
Era una duda razonable, yo no tenía ninguna experiencia en cuestiones de chicos, así que no sabía cómo actuar al respecto.
— “El que sea necesario”
Contestó mi amiga. Solté un bufido e intenté regresar la atención a mis deberes. Quería que me contestara de una vez, quería que me preste atención. No sabía por qué necesitaba de forma tan desesperada por su atención, ahora sí lo sé, pero en ese momento no tenía ni idea del por qué necesitaba tanto que él me prestase un poquito de atención. Comencé a escribir mi tarea, no podía seguir desperdiciando tiempo y no quería seguir esperando a los mensajes de Nathaniel.
— ¡Bob Esponja!
Gritó mi hermano, seguido por un par de tosidos, había encendido el televisor de la sala.
— Baja el volumen
Pedí, tecleando a toda velocidad.
— Pero está bajo
— Me refiero a tu voz…
Solté una risita, mi hermano también se rio.
— “¿Podemos hablar?”
¡Santa Madre de la Papaya por partida doble! Nathaniel me acababa de contestar. Respiré hondo y abrí la ventana del Messenger. Te juro que me iba a poner a hiperventilar en ese momento ¡No lo podía creer! Nathaniel Johns me estaba hablando y quería seguir con esa misma charla acerca de lo que ocurrió el sábado. Intenté tranquilizarme, tratando de recordar lo que Sabrina me había dicho hace un par de días. Ella me había dicho que, si se presentase la ocasión y Nate nuevamente me decía que le gustaba, me diera la oportunidad de quizá iniciar una linda historia de romance escolar con él. Según Sabrina, yo merecía algo que realmente me hiciera feliz, porque existían muy pocas cosas que realmente me hacían feliz en la vida.
— “¿Sobre qué quieres hablar?”
Mi corazón comenzó a latir a toda velocidad.
— “Sobre lo que ocurrió el sábado?”
Retuve la respiración un par de segundos y luego dejé escapar el aire. Me estaba muriendo de miedo, no quería que destrozara mis ilusiones. Si me decía que todo había sido producto del alcohol o que en realidad estaba jugando conmigo, definitivamente me hubiese destrozado. Quería gustarle, en serio quería gustarle, necesitaba gustarle, porque me hacía sentir bien el saber que podía llegar a gustarle a alguien pese a toda la mierda que me decía mi madre. Ella siempre decía que ningún chico se iba a fijar en mí, siempre decía que no era lo suficientemente bella en comparación a otras chicas como para que un chico guapo se fije en mí. Según mi mamá, mi pareja sería un nerd de lentes, todo fodongo con el pantalón hasta la cintura, que usase chalecos de lana con horribles estampados y hablara de ciencias, porque no iba a poder aspirar a mucho con la apariencia que tenía ¡Lo cual son patrañas! Hay una frase muy buena que dice que para todo roto hay un descocido. Yo estaba rota y no por ello iba a merecer solamente otro roto…
— “Está bien” — contesté — “Hablemos…”
— “Primero que nada…” — de nuevo retuve el aire en mis pulmones, debía de ser fuerte para lo que sea que Nathaniel fuese a decirme — “Quiero disculparme”
— “¿Por qué?”
— “Por besarte…”
Sentí como si un aguijón atravesara mi pecho ¿Debía de disculparse por ello? ¿Qué significaba que se disculpe por ello? Esas eran las preguntas que rondaban por mi mente en ese momento y no había quien me las responda.
— “Oh… okey…”
— “Lamento haberte incomodado” — mi emoción se estaba yendo al caño, no me había incomodado en lo absoluto, pero no quería decírselo, quería primero seguir leyendo lo que tenía que decirme — “Es que realmente quería hacerlo desde que hicimos esa escena de Romeo y Julieta” — ¿Él dijo qué? — “Sé que no me crees, pero en serio me gustas”
— “¿Por qué?”
Me atreví a escribir, no quería seguir más en este juego, era ahora o nunca, era el momento para hacerle todas las preguntas necesarias.
— “¿Por qué no?”
— “Esa no es una respuesta, Nate”
— “Simplemente me gustas y ya… ¿Por qué se te hace tan difícil de creer”
— “Porque a las personas no les gusta una persona así porque sí”
— “¿Qué me dices de Romeo, a él le gustó Julieta así porque sí”
— “Esos son personajes ficticios, Nate, no es la vida real”
— “Maddy, a las personas les puede gustar otras personas así porque sí, no debe de haber una razón en específico”
Mi corazón comenzó a latir a toda velocidad, mi hermano comenzó a toser de nuevo.
— “Eso no es cierto, he leído muchos libros como para saber que no es cierto”
— “¿Qué clase de libros?” — mi hermano seguía tosiendo — “¿De romance? Sé que leen ese tipo de libros en tu club de libro, le pregunté a Georgina Richards”
— “¿Por qué le hablas a Georgina Richards” — pregunté, refiriéndome a una chica de mi club — “Deja de preguntar por mí a otras personas”
— “¿Por qué debería dejar de hacerlo? Quiero conocerte y tú no me dejas” — mi hermano seguía tosiendo — “Cada vez que quiero hablar contigo, te alejas”
— “Es que me pones nerviosa”
Confesé con toda la vergüenza del mundo, mi hermano seguía tosiendo.
— “¿Y ahora no estás nerviosa?”
— “No mucho”
— “¿Por qué?”
— “Porque no estás aquí presente”
Contesté, con el corazón golpeando mis costillas, mi hermano seguía tosiendo.
— “Mi presencia te pone nerviosa”
— “Sí…”
— “¿Por qué?”
— “¡Porque sí y ya! ¡No hay una razón específica!”
— “Eso no es cierto, las personas no se ponen nerviosas solo porque sí”
El chico nuevo estaba usando mi lógica contra mí.
— “Ya basta Nate ¿Qué es lo que quieres?”
— “Solo quiero conocerte Maddy”
— “¡¿Por qué?!”
— “Te lo acabo de decir” — mi hermano seguía tosiendo — “Maddy, en serio me gustas”
— “No te creo…”
— “A ver… ¿Quieres que te diga algo específico?” — comencé a temblar, mi hermano seguía tosiendo — “Me gusta que seas tan inteligente y aplicada, me gusta cómo te concentras mientras lees y te pellizcas el labio mientras piensas” — abrí los ojos al máximo — “Me gusta como cada cinco segundos estás acomodándote las gafas y cómo tu personalidad cambia cuando estás con tus amigos” — no pude evitar sonreír al leer eso último — “Y me gusta cómo te pones nerviosa cuando estoy cerca de ti” — sentí la sangre correr a mis mejillas, este chico lograba hacerme sonrojar incluso a la distancia — “Me gusta tu rostro, luces tierna, y quiero conocerte de veras” — mi hermano comenzó a toser de nuevo — “No sé cómo explicarlo, no sé qué más decirte, me gustas y me gustas mucho” — de nuevo estaba sonriendo, no lo podía creer, esto realmente estaba sucediendo — “Quizá piensas que soy una especie de lunático obsesivo que se ha encaprichado contigo, pero no es así, no soy un obsesivo” — no pude evitar reír, mi hermano volvió a toser — “No puedo expresarlo con palabras, pero desde ese día que nos conocimos, en serio quedé prendado de ti, jamás creí que me gustaría tanto una persona a la que acabo de conocer, ahora entiendo cómo es que se sintió Romeo al conocer a Julieta” — parpadeé varias veces, tenía que comprobar que estaba leyendo bien — “¿No me vas a decir nada?”
— “Es que no puedo creerlo”
— “¿Qué no puedes creer?” — lo que realmente quería decir era que no podía creer que un chico tan guapo y popular como Nate Johns estuviese declarándoseme por Messenger con tan solo unas cuantas semanas de habernos conocido — “¿Qué no soy un lunático obsesivo o que me gustes tanto?”
— “Lo segundo”
— “¿Por qué?” — Eddy seguía tosiendo — “¿Por qué no puedes creer en mis sentimientos por ti?”
— “Porque me da miedo”
Contesté, temblando, con los labios fuertemente cerrados y el corazón latiéndome a toda velocidad… Eddy tosió aún más fuerte…
— “¿Qué es lo que te da miedo?”
No pude contestar, mi hermano comenzó a toser de forma muy violenta, tanto que su pequeño cuerpo daba sacudidas.
— ¡Eddy!
Me levanté al instante, mi hermano alzó la mirada, con una arcilla color amarillo en la mano.
— Maddy…
Susurró, sus labios estaban poniéndose morados.
— ¡Carajo! — por estar chateando no había estado prestándole atención a mi hermano — ¡j***r! — Eddy tosió de nuevo, dejando caer la arcilla al suelo — ¡Eddy! — la tos se estaba volviendo más violenta y su rostro estaba cada vez más pálido — ¡Alza los brazos! — le ordené, recordando las indicaciones de mamá en caso de que mi hermano sufriera alguna crisis — Respira… respira lento peque… — me estaba empezando a poner nerviosa — ¡Maldición! — la tos aumentó — ¡Voy a llamar a Emergencias! ¡No te muevas! ¡No bajes los brazos!
— Maddy…
Más tos.
— ¡No hables! — grité, con lágrimas en los ojos, presionando los botones del teléfono con manos temblorosas — ¡Por favor…! ¡Por favor…! ¡Maldición! ¡Contestenme!
— 911… — contestó una voz femenina — ¿Cuál es su emergencia?
— ¡Necesito una ambulancia! — contesté con desespero — ¡Mi hermano menor tiene fibrosis pulmonar y se está poniendo azul…! — comencé a llorar — ¡Tengo solo quince años, no sé qué hacer! ¡Estoy sola! ¡Por favor! ¡Vengan rápido! — mi hermano se apoyó en el sofá, sus tosidos estaban poniéndose aún más violentos — ¡Por favor!
— Su nombre y su dirección
— Madeleine Tucker, el 3240 de Oak Ridge Terrace, en Calabazas — vi a mi hermano recostarse en el sofá — ¡Por favor! ¡Manden a alguien ya!
— Está bien Madeleine, guarde la calma, una ambulancia estará llegando en diez minutos
— ¡No sé si tengo diez minutos! — dejé el teléfono a un lado — ¡Eddy! ¡Eddy! — sacudí a mi hermano — ¡Maldición! — le di media vuelta, había aprendido a hacer esto en clase de Economía Doméstica — Vamos… — presioné su nariz, sostuve su cabeza y comencé a darle respiración de boca a boca a mi hermano — ¡Vamos! — volví a repetirlo — Mi teléfono… — corrí hacia la mesa, tomando mi teléfono, Nate me había dejado más mensajes, pero no tenía tiempo de leerlos — ¡Contéstame! — mi mamá no contestaba el teléfono — ¡Mierda! — marqué el teléfono de papá, aunque él vivía a media hora — ¡Contéstenme! — lloriqueé — ¡No! — papá me colgó, es decir, no dejó que el teléfono sonara y sonara, rechazó mi llamada — ¡Maldición! — volví a darle respiración de boca a boca — ¡Eddy! — mi hermano estaba azul — ¡Eddy! — lloré — ¡Eddy!
¿Por qué tuvieron que dejarme sola…? ¿Por qué…?