Romeo y Julieta

4876 Words
Capítulo 2 — De acuerdo… Johns… Nathaniel… — dirigí mi mirada a su rostro — ¿Cómo prefieres ser llamado? — Como prefieras — se encogió de hombros, dedicándome una traviesa sonrisa que hasta el día de hoy me sigue causando ñáñaras cuando pienso en ella — Llámame Nate — Nate… — pronuncié, me estaba sintiendo excepcionalmente tímida en ese momento — Soy Madeleine… — ¿Y cómo prefieres que te llamen? — Eh… — balbuceé, es normal para mí balbucear — Maddy… — volví a mirarle — Llámame Maddy… — De acuerdo — Bien… — miro hacia el reloj en la pared de la oficina — ¿Me muestras tu horario? — Claro El chico tomó su mochila y rebuscó en ella, sacando un muy doblado papel donde estaba impreso su horario de clases con el logo de la escuela y todo ese palabreo previo. — Tienes… “Drama” en tu primer periodo — fruncí el ceño, este chico no se veía como alguien interesado en llevar el curso de “Drama”, pero era obligatorio llevar, al menos, una clase del departamento de artes — Yo también — Ah, que bien… Aparté la mirada en ese instante, la actitud de ese chico dejaba en claro que mi persona no estaba siendo del todo de su agrado, quizá veía en mí a la típica chica de gafas, tan tímida como para hablarle y, por lo tanto, tan insignificante como para que le interese si quiera ser amigos. — Por aquí Indiqué con toda la amabilidad y naturalidad que podía fingir en ese momento. Usualmente soy sociable, no se confundan, pero siempre me ha puesto nerviosa conocer personas nuevas y este sujeto me ponía nerviosa. Ya lo dije, era esa aura de súper estrella del deporte que manejaba, era algo intimidante, nada tenía que ver con el hecho de que era guapo, o sus brazos musculosos, o con su espalda tan ancha como la Gran Muralla. No, no tenía nada que ver con eso, simplemente me pone nerviosa tener que sociabilizar por primera vez con alguien. — Ok, te sigo… — Bueno… eh… déjame volver a darte la bienvenida — comenzamos a caminar por los pasillos — Esto es el pasillo principal, te lleva directo a los casilleros, las vitrinas de trofeos y el muro — ¿El muro? — El de los estudiantes de honor — señalé la pared con una placa enorme que rezaba “Estudiantes de Oro” — Son los mejores diez promedios de la escuela… — Tu rostro está en la cima Dirigí mi mirada hacia el portarretrato en la pared con mi fotografía en ella. Madeline Tucker decía en la placa, al lado de un “1th”. Mi madre tenía una copia de esa placa, siempre le sacaba brillo, ella amaba presumirles a sus amistades lo especial y fabulosa que era su hija. En cambio, lo único que yo podía ver era una foto de mi rostro, con el cabello perfectamente peinado, el uniforme perfectamente colocado, sin ninguna sonrisa, sin ninguna emoción, sin ninguna pasión, y mi nombre al lado de un “1th”. — Sí, bueno… sigamos — pedí, huyendo de ese muro — Por allá se llega al gimnasio, por allá es la biblioteca, el laboratorio de ciencias está en el segundo piso al igual que el de informática — comenzamos a subir por las escaleras — Luego te puedo llevar a tu casillero o le puedes pedir a alguien que te acompañe… — me atreví a ver al chico otra vez, este miraba a todos lados, como si estuviese impresionado por lo que le rodeaba pero sin querer demostrarlo abiertamente, supongo que eso era lo que ocurría en ese momento — Y bueno… aquí es… — me detuve, él se paró delante de mí, mirándome fijamente con el entrecejo ligeramente fruncido, como si estuviese viendo un espécimen extraño — Aula cuatrocientos seis, aquí será tu primera clase — Gracias… Hizo una mueca y juntos entramos en el aula. — ¿Me ayudas a colocar los pupitres en círculo? — pregunté, arrastrando mi pupitre — Al profesor Mike le gusta que los pupitres estén en círculos — Claro, yo te ayudo Contestó, dejando su mochila a un lado y arrastrando los pupitres. Realmente no tenía por qué hacer eso, ordenar el aula yo misma, los estudiantes debían de hacerlo conforme llegaran o cuando el profesor lo indicara, pero ya lo dije, era “Esa” alumna y los profesores siempre esperaban este tipo de cosas de mí, mi madre siempre me decía que hiciera lo que sea para impresionar a los profesores y así siempre me dieran créditos extra, te sorprendería lo que puede hacer por tus calificaciones el siempre ordenar los pupitres y limpiar el pizarrón… quizá sí era un poco lame culos. Nate y yo terminamos de acomodar los pupitres. Me senté en mi asiento y él en otro totalmente alejado del mío ¿Quién diría que en un par de meses esa distancia se cortaría? En ese momento no lo podría ni imaginar, lo único que recorría mi mente en ese momento era mi deseo de tener mi libro de Harry Potter conmigo y así hacer un poco más soportable la espera de la clase. — ¡Maddy! El grito de mi amiga me hizo pegar un brinco. — Hola Maggy… Saludé, la recién llegada se sentó a mi lado dejando su muy costosa mochila sobre el pupitre. — Llegué tarde, Roger no llegaba, resulta que se le ponchó una llanta a su auto — Oh… — ¿La señorita Rose preguntó por mí? — la chica sacó un brillante cuaderno con un brillante bolígrafo — Hoy iba a llegar un chico nuevo — me dirigió la mirada — Becado… — agregó susurrando — Aunque dicen por los pasillos que es guapo y que te vieron con él — Sí, es el chico que está sentado ahí Señalé con el dedo, ella se giró al instante y puso cara de sorpresa. — Santa madre, sí es guapo Le eché una mirada disimulada al chico, debo de admitir que en ese momento sí me pareció guapo. — Supongo… — Escucha… Danielle se despertó con un fuerte resfriado, no vendrá — Oh… que lástima — ¿Tienes algo que hacer después de clases? — preguntó de pronto — Acompáñame a la práctica de porristas, no podré soportar a Ariadna sin Danielle — Eh… — Por favor — juntó sus manos en señal de rezo — Y te juro que nunca más te volveré a pedir algo en lo que me queda de vida, salvo, quizá… — sonrió con picardía — Que me presentes al chico nuevo — Se llama Nathaniel Johns, le gusta que le llamen Nate — Tiene nombre de chico becado — ¿Qué significa eso? Hasta el día de hoy sigo sin saber qué significa eso. — En fin, por favor Maddy — Ya sabes que tengo que regresar temprano a casa — le recordé como tantas otras veces — Además, tengo que cuidar a Edward — Cierto, lo olvidé Me encogí de hombros y fijé mi vista en la mesa. — Buenos días mis jóvenes pupilos El profesor Mike siempre me agradó, tenía una actitud muy jovial, el único problema era su edad, demasiado joven como para que una bola de adolescentes lo tomemos en serio. — Buenos días profesor Hoffman No sé si sucedía en las demás escuelas, pero en la mía debíamos de levantarnos y saludar al profesor, esta era una de las tantas cosas que detestaba de la escuela. — Jóvenes, lo logré — sonreí para mis adentros, sabía a lo que se refería y era algo que me tenía muy entusiasmada — Convencí a la señorita Rose y… — rebuscó algo en su portafolio — La obra que la escuela Golden Hill presentará este semestre, será… — sacó un libro — Romeo y Julieta En ese momento sentí emoción, una emoción tan grande que creí que explotaría. Una de las obras más importantes de la historia iba a ser presentada en nuestra escuela, actuada por los estudiantes del curso de Drama ¡Me emocionaba! Sabía que el profesor Mike me daría un papel, siempre lo hacía, era ese extra con una línea de diálogo ¡Pero yo quería más! Quería mucho más, quería interpretar al papel principal, quería pararme en el escenario y decir más de una línea ¡Quería decir todo un monólogo! Y recibir una ovación de pie mientras sostenía rosas y sonreía al público. No obstante, la idea de tener que competir contra otras chicas por el papel principal hacía que mis esperanzas cayeran en picada ¿Cómo podía competir contra Ariadna Wagner? ¡O incluso la misma Danielle! Las dos eran las usuales protagonistas de las pequeñas obras que este curso nos obligaba a montar. Así que mis esperanzas de conseguir un papel eran totalmente nulas. Solo esperaba ese típico golpe de suerte que me hacía salir victoriosa en todos lados, era lo único que me quedaba. — ¿Esta vez sí le pedirás al profesor Mike que te dé un papel? — Quizá… Contesté en un susurro. — Muy bien, jóvenes pupilos, tomen sus libros y… — Disculpe… — el chico nuevo de pronto había alzado la mano — Soy nuevo y no tuve tiempo de comprar los libros y… — Oh, sí, el chico nuevo — el profesor hizo un ademán con la mano — Nuestra nueva estrella de soccer — sonrió de forma aterradora, el profesor Mike odiaba los deportes — Bien, para su buena estrella — el profesor caminó hacia su portafolio — Siempre traigo libros extra y… — le entregó el libro al chico nuevo — Usted será Romeo, espero que actúe tan bien como juega a la pelota Recuerdo la expresión de Nate en ese momento, una sarcástica y agria sonrisa que me causó mucha gracia. Era obvio que le iba a molestar lo que el profesor Mike acaba de decirle, a cualquiera le hubiera molestado, pero su notoria cara de fastidio me pareció algo inusual en mi escuela. Lo normal era que los alumnos acataran sin chistar, incluso si los profesores hacían comentarios tan desatinados como ese, o por lo menos yo hacía eso, era mi forma de sobrevivir a la escuela… quizá sí era un poco lame culos… de nuevo. — Alza la mano para que seas Julieta, ni Ariadna ni Danielle están aquí Susurró Maggy en mi oído. — ¿Por qué Ariadna no está aquí? — Las malas lenguas dicen que está en el estacionamiento con Miles — Que escándalo No tenía ningún problema con el hecho de que Ariadna tuviese una supuesta vida s****l activa, mi problema radicaba en que apenas y teníamos quince años. Mamá siempre me decía que las mujeres debíamos de iniciar la vida s****l cuando tuviésemos una edad prudente y un mínimo de madures. Es decir, hasta que fuese un poco más mayor, no podía explorar si quiera, porque no era “Correcto”, mamá siempre usaba esa palabra. Mis amigas, a lo mucho, habían llegado a segunda base, un poco más allá de besos, algo de acción de mano sobre la ropa, para mi mamá eso no era correcto, no debía de hacerse y ellas no debían de permitirlo ¡Y pobre de ti que la humanidad se enterara de que estás teniendo sexo! Según mi madre, no era de señoritas el que la gente supiera que has tenido sexo, bajo ninguna circunstancia, que sería indecoroso y escandaloso que te sorprendan comprando píldoras o condones, una señorita jamás debe ser vista comprando condones, pero sí los debe de llevar en el bolso. Según mi madre, no interesaba si era tu pareja de hace muchos años, a menos que estés casada, la gente no tendría por qué suponer que estás teniendo sexo, de lo contrario tu imagen como mujer podía quedar manchada de por vida… Quien hubiese dicho que llegaría un punto en que ese tipo de cosas me iban a dar igual… — ¿Dónde está mi fiel asistente? — el profesor Mike paseó la mirada por el aula — Madeleine… — me miró — Lee con el señor Johns, página cincuenta y uno — asentí con la cabeza, mirando en dirección del chico nuevo quien tenía la vista fija en su libro — ¿De acuerdo? — Eh… sí… — Solo será por hoy, ya saben que los estoy evaluando para ver quiénes interpretarán finalmente los roles principales, pero de todas formas se ganan un par de puntos por participar Nos recordó el profesor. No era primera vez que el profesor Mike me utilizaba para que lea los diálogos en clases, leo bien, tengo buena entonación, me gustaba actuar mientras leía, aunque al final jamás obtenía el rol principal. Siempre creí que algo malo debía de haber en mí como para que el profesor nunca me diese la oportunidad ¡Había sido Blanca Nieves en la secundaria! ¿Por qué no podía ser Julieta en preparatoria! Supongo que Danielle Parker y Ariadna Wagner tenían más carisma que yo… o eso siempre creí. — Lame Culos Tucker Escuché susurrar a una chica, eso definitivamente hizo que me llenara de ira por dentro ¡No era una lame culos! Los profesores siempre asumían que yo era “Esa” alumna dispuesta a todo. No era mi culpa… o tal vez sí… es que los puntos extras eran muy tentadores… repito, quizá sí era un poco lame culos. — Bien… Johns, Maddy, al frente — nos pidió el profesor Mike, señalando el centro del círculo — Deléitenos Me levanté de mi asiento y caminé hacia el centro del círculo. Nate me dedicó una mirada inexpresiva y acto seguido, se puso de pie y caminó hacia mí. Quedamos frente a frente, mirándonos a los rostros, sosteniendo nuestros libros. Su piel estaba bronceada, muy bronceada, un bronceado natural muy oscuro, quizá pasar tantas horas jugando soccer bajo el sol le hizo oscurecer la piel. Algo me llamó mucho la atención, una cicatriz en su cuello, como un arañazo, aunque más marcado y sus manos con dedos muy delgados, mi papá suele llamarle “Manos de dibujante” a ese tipo de manos, él siempre dice que los que dibujan tienen manos delgadas y largas. El chico me dedicó una pequeña sonrisa y el estómago nuevamente se me revolvió. — “Se ríe de las heridas quien no las ha sufrido” — comenzó a leer — Pero… alto — nos volvimos a mirar — ¿Qué luz alumbra la ventana? — mi corazón comenzó a martillear en ese momento — Es el oriente y Julieta es el sol — todos le miraban con atención y no era para menos, él lo estaba haciendo realmente bien — Sal… bello sol — volví a mirarle, él me miraba fijamente — Y mata la luna envidiosa, que está enferma y pálida de pena — incluso el profesor Mike le miraba con sorpresa — Porque tú… que le sirves, eres más hermosa… — regresé la vista al libro, no podía sostenerle la mirada por mucho tiempo, él realmente me ponía nerviosa — Si es tan envidiosa, no seas su sirviente — su voz retumbaba en mis oídos y hacía que me sintiera extraña, con un horrible cosquilleo en el estómago, luego comprendí qué era eso — Su ropa de vestal es de un verde apagado que solo lo llevan los bobos… Tírala… — Julieta entra en el balcón Intervino el profesor. — Es mi dama… — nos volvimos a mirar, no le estaba dando esa entonación teatral exagerada — Mi amor… — estaba hablando en tonos bajos y en lugar de sonar como un personaje de Shakespeare — Mueve los labios, mas no hable… no importa… hablan sus ojos… y voy a responderles… — sonaba como un chico intentando seducir a una chica — Que presuntuosos no me hablan a mí… dos de las estrellas más hermosas del cielo — su mirada seguía fija en mí y eso hacía que el estómago se me revolviera cada vez más — Tenían que ausentarse y han rogado a sus ojos que brillen en su puesto hasta que vuelvan — es que, sentía que me miraba a mí, no ha Julieta, sino a mí — ¿Y si ojos se cambiasen por estrellas? El fulgor de su mejilla les haría avergonzarse, como la luz del día a una lámpara; y sus ojos lucirían en el cielo tan brillantes que, al no haber noche, cantarían las aves — no pude evitar sonreír, en verdad me estaba gustando como lo estaba haciendo — Ved como apoya la mejilla en la mano… como quisiera ser el guante de esa mano, para poder tocarle la mejilla… — Ay de mí… Pronuncié. — Me has hablado… — estaba cambiando algunas palabras del diálogo para hacerlo más fluido — Sigue hablando ángel radiante… — nuevamente nos miramos — Pues… en tu altura, a la noche le das tanto esplendor como el alado mensajero de los cielos ante los ojos en blanco y extasiados de mortales que alzan la mirada… — el chico dio un paso hacia mí — Cuando cabalga sobre nube perezosa y surca el seno de los aires… — Romeo… — hablé, intentando mantener ese mismo tono bajo con el que él actuaba — ¿Por qué eres Romeo? — nos miramos fijamente, no necesitaba leer el libro, me sabía el diálogo de memoria — Niega a tu padre y rechaza tu nombre… — el chico no apartaba la mirada — O si no… — bajé la mirada, la suya era demasiado intensa — Júrame tu amor y ya nunca seré una Capuleto… — volví a mirarle, el corazón me latía tan rápido que esperaba que nadie más que yo pudiese oírlo — Mi único enemigo es tu nombre… pero tú eres tú, aunque seas un Montesco… — respiré hondo — ¿Qué es Montesco? Ni manos ni pies ni ninguna parte del cuerpo… así que ponte otro nombre — miré con detenimiento su rostro, delgado, con los labios ligeramente gruesos y esos hipnóticos ojos verdes — Pues lo que llamamos rosa seguiría igual de fragante si le llamásemos de otra forma, así que si te llamaras de otra forma… seguirías siendo Romeo — el chico nuevo me miraba con cierta sorpresa, como si estuviese analizándome, creo que eso era lo que hacía — Así que… quítate el nombre… — di un paso hacia él — Y… a cambio de él… tómame entera… — ¡Eso fue hermoso! — el profesor Mike comenzó a aplaudir, limpiándose las lágrimas y levantándose de su asiento — Increíble… — miré de nuevo a Nate, este también me miraba — Pueden volver a sus asientos Aparté la mirada y corrí hacia mi pupitre. El corazón seguía latiéndome como una metralleta, eso había sido… intenso. Nunca me había sentido tan metida en una escena como en ese momento ¡Fue asombroso! Se sintió muy bien la verdad, por un momento no me sentí como yo, sino como Julieta, enamorada a primera vista de un sujeto al que acaba de conocer, enamorada con tanta intensidad que estaría dispuesta a hacer cualquier cosa por estar con él en todos los sentidos posibles. Le dediqué una última mirada a Nate y él me la devolvió al instante, nuevamente mi corazón latió a toda velocidad, pero él… se giró a conversar con Lucy Fallon. Las clases terminaron, tomé mis cosas, mi libro de Harry Potter de mi casillero y caminé por los pasillos hacia el aula trescientos dos, en el edificio cerca del campo de soccer y las piscinas de entrenamiento. Los miércoles tenía club de libro, yo era la presidenta junto a mi mejor amiga Sabrina, y después de insistir hasta el cansancio al profesor Wheeler, pude meter a Harry Potter y otros libros modernos a la lista de literatura permitida. Me costó varios pastelitos, un perfume de Carolina Herrera para su esposa y unos zapatos Louis Vuitton ¡Pero mereció la pena! Tenía mis créditos extras por ser presidenta y m*****o del club y podía leer libros que realmente quisiera leer… j***r… realmente era una lame culos… — ¿Todos llegamos al mismo capítulo? Pregunté, parándome en la pizarra y tomando un plumón. — Lo amé, me encantó, me fascinó Empezó a decir Jacob Higgins, uno de los miembros del club. — Me gustó la parte que decía que Harry esperaba un golpe de suerte que hiciera que Ron comprendiera que se había enamorado de Ginny y que le encantaría que los deje solos… — Esa parte fue chistosa Rio Sabrina, abriendo su libro. — Es que es tan bonito como él se va enamorando de ella — sigo hablando, anotando las cosas que nos gustó del libro — Es decir, hasta el anterior libro, ella era solo la hermana de Ron y ahora es su alma gemela — Anota en letras bien grandes: “Ginny” — pidió Jacob — Desde la Orden del Fénix se estaba convirtiendo en mi personaje favorito, pero ahora se consolidó como MI personaje favorito — También es el mío Sonrío, anotando en letras bien grandes el nombre de la pelirroja. — Me gusta su evolución como personaje, de una tímida chica a una mujer todo poderosa Intervino otra chica, no recuerdo su nombre y es irrelevante para la historia. — Sí, incluso más fuerte que Harry Potter — secundó Sabrina — Él no sería nada si no fuese porque el alma de Voldemort habita dentro de él — ¡Sin spoiler! Le gritamos toda el aula, lanzándole bolas de papel, era tradición del club el lanzarte bolas de papel si hacías spoiler. — ¡Pero es verdad! Se quejó mi amiga. — Lo es, pero aún no llegamos a esa parte — le recuerdo, anotando más cosas en el pizarrón — Entonces, todos coincidimos en que Ginny es el mejor personaje hasta el momento — ¡Sí! — ¡Yo amo a Draco! — Me gusta más Hermione — Yo quería que ella se quedara con Harry — ¿Si entienden que no es un libro de romance? ¿Verdad? Reí, dejando el plumón a un lado. — Admite que a ti te encantó todo el romance del libro Sabrina me dio un golpecito en las costillas, volví a reír. — De acuerdo, lo admito Y era verdad, debí de haber rayado y resaltado cada bendita página donde Harry mostraba cómo se iba enamorando de Ginny, fueron mis partes favoritas del libro. Las novelas de romance siempre fueron mis favoritas, me gustaban los finales felices en donde todos terminaban juntos y amándose por la eternidad. Lamentablemente la vida no es una novela y los finales románticos y felices no existen, mis padres y su muy violenta separación eran la prueba de ello. Supongo que esa es la razón por la que, a los quince años, el tener un novio o si quiera intentar relacionarme con el sexo opuesto, no estaba entre mis prioridades. Además, tenía muchas cosas que hacer como para que esa sea una prioridad en mi vida. — Hasta el próximo miércoles Se despiden todos, la hora sí que había volado, la hora sí que volaba cuando hablábamos de libros. — ¿Vamos el viernes al cine? Preguntó Sabrina, ayudándome a acomodar las sillas. — Tengo clases de violín Le recordé. — Maddy, odias el violín desde que te conozco — Sí, pero soy buena con él — ¿Y eso qué? — terminamos de acomodar los pupitres — ¿Por qué haces algo que realmente no te gusta? — Ya te dije, soy buena en ello, además mi mamá siempre dice que es bueno que sepa tocar un instrumento clásico, uno nunca sabe cuándo necesites demostrar tus dones artísticos — Tu mamá solo vive de las apariencias — Vivimos en Calabazas, California… — ambas nos miramos — Todos aquí vivimos de las apariencias… — Algunos más que otros — ¿Y por qué no impresionas a con tus dones artísticos con algo que realmente te guste? — salimos del aula — Como… no sé… quizá interpretar una escena de esa obra que tanto te gusta… Heather — Sí claro… — reí — ¿Pretendes que cante “Dead girl walking” frente a mi madre? — volví a reír — Será para que se infarte y me expulsen — ¿Por qué habrían de expulsarte? — Porque la directora estaría en mi casa jugando bingo con mi abuela o haciendo sweaters para perros — Ay por dios… Comenzamos a reír, con ella siempre se me hizo fácil reír. — Mejor me apresuro, mamá debe de estar desesperada por mi llegada — Ella sabe que los miércoles es el día del club — Sabrina se colgó la mochila al hombro y juntas caminamos fuera del aula — Además, tiene un GPS en tu teléfono, sabe que no te has desviado a ningún lado — Ni me lo recuerdes, debo de usar esta cosa desde el día que me quedé chismeando con Flora en la puerta de su casa — Estuviste hablando por dos horas con ella a tan solo unas cuadras de tu casa y tu madre casi llama al Ejército — Se preocupó por mí — No ves lo evidente ¿Cierto? En realidad, sí lo hacía, sí podía ver lo evidente, pero era más fácil no hacer nada y vivir tranquila a tener que pelear. — Pero el sábado podríamos salir, me gané el sábado libre Miré a mi mejor amiga, esta solo rodó los ojos con fastidio y eso me hizo sentir mal conmigo misma. — De acuerdo, iremos a “Under 18” La miré con una sonrisa en el rostro. Todos los alumnos de Golden Hills conocíamos ese mítico lugar. Estaba ubicado en la azotea del edificio Clark en el centro de Los Ángeles. El hijo de esa familia, Richie, un chico de cabellos largos que ama tocar la guitarra, lo fundó para hacer fiestas todos los fines de semana sin que la policía moleste, pues es en una azotea en un edificio muy alto que es propiedad de sus padres ¡La perfecta combinación! Era el mejor sitio para pasarla bien cuando no tenías la edad suficiente como para ir a un Club. Siempre había querido ir allá, pero nunca tuve el valor… jamás creí que llegaría a tenerlo… — Sabrina… — Le diremos a tu mamá que haremos una pijamada en mi casa, no tiene por qué enterarse — Pero… — Maddy… — se detuvo en seco, mirándome con cierto enojo y desespero en el rostro — Tienes quince… ¿Cuándo vas a empezar a vivir? ¿A los treinta? — Estoy viviendo acorde a mi edad Contesté, abrazando mi libro de Harry Potter y retomando el camino hacia la entrada oeste de la escuela. — No, tu vives reprimida Rodé los ojos, no era la primera vez que tenía este tipo de conversaciones con Sabrina. — Eso no es cierto Sabía que era mentira, incluso en ese momento sabía que era mentira y ella lo sabía. — En fin… ¿Sabes lo que sí es cierto? — mi amiga se detuvo en la valla del campo de soccer, para llegar a la entrada oeste debíamos de pasar por ahí, era algo que a Sabrina le encantaba, y también a mí — El trasero de Riker… Riker Mallow, el capitán del equipo de soccer, un alto chico de ojos café y cabellos dorados, el objeto de deseo de muchas chicas. Lleno de sudor se veía mucho más atractivo de lo normal, es algo que nunca iba a confesar en voz alta, pero era cierto. Realmente no había chico más guapo en toda la escuela que Riker Mallow… — ¡Nathaniel! Abrí mis ojos al máximo. Riker acababa de hacerle un pase al chico nuevo, quien lo había atajado con el pecho y en un rápido movimiento ya tenía dominada la pelota para luego patearla con fuerza hacia el arco. Los chicos de su equipo comenzaron a celebrar, el chico nuevo solo siguió corriendo con los brazos estirados, disfrutando del momento, disfrutando de haber metido un gol y quizá haber tenido un excelente primer día de entrenamientos. No pude evitarlo, sonreí, me provocó hacerlo, verle feliz me hizo inesperadamente feliz. El chico hizo un gracioso salto, terminando su celebración personal y siendo tacleado por Riker y el resto de su equipo. Solté una risita, supongo que es típico de hombres hacer ese tipo de cosas mientras celebran un gol. El equipo comenzó a caminar hacia los vestidores, no podía dejar de mirarlos, había algo distinto en ellos en ese momento. Es decir, siempre me habían parecido guapos, pero no al punto de querer seguir viéndolos en su marcha a los vestidores. Pero ahí estaba, ese cosquilleo en el estómago, esa sensación extraña que había sentido en la clase de Drama. Abracé con fuerza mi libro y miré de nuevo al grupo de chicos que reía y gritaba… hasta que… de pronto… como si hubiese estado llamándole inconscientemente con el pensamiento… un par de ojos verdes miraron en mi dirección…
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