Día de Voluntariado

4452 Words
Capítulo 3 — ¡Eddy! ¡No! Regañé a mi pequeño hermano. — ¡Pero yo quiero jugar! — Ya sabes que mamá no le gusta que juegues afuera — ¿Entonces por qué tenemos un enorme jardín si nunca podemos jugar con él? Me quedé callada, no sabía qué contestarle ¿Cómo le podías hacer entender a un niño enfermo que no debe de salir a jugar al jardín de su propia casa? — Maddy, la cánula de tu hermano El cuerpo se me escarapeló en ese momento. — Sí mamá… Corrí hacia mi hermano y le acomodé la cánula. — ¿A qué hora llegará papá? Preguntó mi hermano, mi mamá miraba con impaciencia su teléfono. — No lo sé, ya van a ser las diez y ese hombre ni se aparece — mi madre me miró — De seguro está haciendo ya sabes qué con su puta y por eso no viene, esa mujer necesita que se lo estén moviendo hasta en la mañana y tu padre es el idiota que no puede decirle que “No”, ni siquiera por sus hijos — miré a mi hermano, él jugaba en el sofá con su carrito de juguete, me alegraba que él no entendiera lo que mi mamá decía — En fin… — mamá estaba notoriamente molesta — Siempre le digo que al menos tenga la decencia de avisar que no vendrá… ¡¿Ahora qué se supone que haga?! — Calma… — le pedí — Solo ve a trabajar, yo me quedo con Eddy — Es que no es el punto, él debería de estar aquí, la enfermera no viene los fines de semana ¡Tu padre debería de estar aquí con sus hijos en lugar de con su…! — ¡Mamá! — la detuve antes de que pudiera decir otra palabrota delante de mi hermano — Tranquilízate… — Se me va hacer tarde… — comenzó a mirar a todas partes — ¡¿Dónde está mis llaves?! — En el mueble de la entrada — Ay… — mamá siempre se atolondraba en las mañanas — Por favor, quiero ver la casa limpia cuando regrese, no te olvides de darle la medicina a tu hermano, ya sabes que debe de tomar una dosis al medio día, otra después del almuerzo y a las seis le das sus vitaminas y… — Mamá… — respiré hondo, a veces mi madre podía sacarme de quicio y estaba a punto de lograrlo — No es primera vez que lo cuido sin la enfermera… — Lo mismo dijiste la última vez y terminamos en la sala de emergencia — Terminamos en la sala de emergencia porque me quedé dormida a la media noche — le recordé, presionando con fuerza los puños — Y tú estabas en una reunión con tus amigas — Y no escuchaste el aparato de tu hermano — Mamá… Ambas nos miramos. — Cocinas algo, por favor Pidió, calmada. — Tengo mucha tarea, sería mejor si pido pizza o Kentucky — No, nada de esa basura — me acomodó el cabello — Engordarás y nadie te va a querer — mamá no es precisamente delgada y su esposo la había abandonado por una compañera de trabajo — Y péinate, pareces un estropajo — Estoy peinada — No parece — mamá volvió a acomodarme el cabello — Eres muy bonita hija, pero nadie te va a tomar en serio si andas despeinada y mal vestida — No estoy mal vestida… — Esos shorts no te quedan bien, no sé por qué te los compraste — ¿Qué tienen de malo? ¿Se me ve mal? — No es que se te vean mal, es solo que… — mi madre me miró de arriba abajo — No se te ve bien… pareces ramera… — Oh… — Ya me tengo que ir… — mamá caminó hacia mi hermano y lo envolvió en sus brazos con suma delicadeza — Nos vemos mi bebé precioso… — llenó su rostro de besos — Te portas bien… — Sí mami — Nos vemos hija Me dio un corto abrazo y un beso en la frente. — Espera… ¡Mamá! — ¿Qué? Se giró a verme. — En la tarde iré donde Sabrina, haremos una pijamada — ¿Y a quién le pediste permiso? — Ah… yo… — tragué duro — Te lo estoy pidiendo — No me parece — Pero… — ¿Qué es eso de quedarse a dormir en la casa de otra persona? ¿Para qué? — me miró con una ceja alzada — Tú tienes tu propia cama — Jamás he ido a una pijamada… — Y no irás, no conozco a la familia de Sabrina — Claro que sí Presioné con más fuerza mis puños. — ¡No me discutas Madeleine! — mi madre me miró con severidad — ¿Sabes las cosas que te pueden pasar? — ¡Pero es mi amiga desde la primaria! — ¡¿Y eso acaso te libra de algo?! — negó con la cabeza — ¡No! ¡No irás y no me sigas discutiendo! — ¡Pero mamá! — ¡He dicho que no! ¡¿No entiendes?! — ¡No es justo! — los ojos se me llenaron de lágrimas, siempre lloro cuando me enojo — ¡Hice todo lo que me pediste! ¡Llegué a la hora! ¡Me gané mi derecho de salir el sábado! — ¡Sal si quieres! ¡Pero no irás a quedarte a dormir a su casa! Y diciendo esto, ella se dio media vuelta y salió de la casa. Maldije para mis adentros ¡No era justo! Me merecía poder ir a una pijamada ¡Tenía quince! ¡Las pijamadas eran comunes a mi edad! Pero mi madre no me lo permitía porque según ella podía pasarme de todo. En parte tenía razón, uno nunca sabe los riesgos a los que puede estar expuesta y con solo quince años, uno es menos consciente de ello. Sin embargo, mi madre conocía al padre de Sabrina, era un hombre que andaba fuera de casa la mayor parte del tiempo, él y su esposa tenían uno de los salones de belleza más exclusivos de Los Ángeles ¡Trabajaban juntos! Según yo no había nada de qué temer, así que la actitud de mi madre me parecía poco razonable, sobre todo porque cualquier persona podría ser un peligro, incluyendo la enfermera de mi hermano y yo no andaba temiendo de ella. — Ustedes gritan mucho… Susurró mi hermano, jugueteando con su cánula. — No te la quites — Pero es divertido jugar con esto — Sí, también es divertido que te pongas azul y terminemos en la sala de emergencia Solté con enojo, cruzándome de brazos, mi pequeño hermano solo me miró con confusión. — ¿Jugamos con el Wii? — Está bien — terminé aceptando — Pero cualquier cosa que no sea “Just Dance”, a mamá no le gusta que lo juegues — Pero es mi favorito Me recordó, tomando su mochila amarilla con su tanque de oxígeno y siguiéndome escaleras arriba. La vida de mi hermano era un tanto triste, solo tenía siete años y lo único que quería era jugar como cualquier otro niño. Mis padres solían pelear mucho por ello. Mamá lo sobreprotegía, no le dejaba hacer absolutamente nada, ni siquiera tender su cama; papá por su parte, él aprovechaba las ausencias de mamá para jugar baloncesto con Eddy, bailar, lanzarse por el tobogán de la piscina, saltar en mi trampolín, jugar a las luchas… papá quería que Eddy fuese un niño… — Pero no le digas a mamá — Nunca le digo Sonrió con picardía, abrazando su mochila amarilla. — Está bien… — abrí la puerta de la sala de juegos — “Just Dance” será… Encendí el televisor, prendí el Wii, coloqué el juego y me senté en el sofá. Tomé mi teléfono y comencé a mandarle mensajes a Sabrina, informándole que no iba a poder quedarme a dormir y que debían de cancelarse los planes. Sabía que eso la molestaría, según ella yo no tenía una vida de adolescente común y por más que lo negara, había veces en que le daba la razón. Nunca salía con mis amigas, siempre tenía algo que hacer. Estaba metida en varias clases de honor y avanzadas; los lunes tenía tutoría de química y no porque lo necesitase, sino porque me daban créditos por ayudar a los alumnos menos avanzados; los martes tenía tutoría, daba clases de matemáticas a quien lo necesitase, también lo hacía por los créditos; los miércoles era el único día que realmente me gustaba, porque tenía el club del libro; los jueves no tenía ninguna actividad y ese día debía de regresar a casa a toda velocidad a cuidar a Edward y cocinar algo para la cena; los viernes tenía violín, dos horas tortuosas de hacerme daño a la punta de los dedos; y los sábados tenía voluntariado en la escuela, limpiábamos y decorábamos la escuela, también por los créditos. Además, todos los días debía de volver a casa finalizando mis actividades, cuidar de Edward, cocinar, hacer mis deberes, estudiar, dejarle la ropa planchada a mamá y limpiar un poco. Desde que mis padres se separaron, el servicio de limpieza de la casa fue suspendido, así que mamá y yo nos encargábamos de la limpieza de la enorme casa en la que vivíamos. El punto es que mi día estaba copado de cosas que debía de hacer y no tenía tiempo para amigos u otras cosas. — ¡Mira Maddy, soy un panda! Miré la pantalla, mi hermano acaba de escoger un panda como personaje. — j***r… Susurré, el nombre de Sabrina apareció en la pantalla de mi teléfono. — ¡Maddy! ¡¿Qué carajos?! — No grites, estoy con mi hermano — ¡Es sábado! — ¡Ya lo sé! Me levanté del sofá y salí de la habitación, no quería que Eddy me escuchara discutir con mi amiga. — ¡¿Entonces?! — me deslicé hacia el suelo y cerré los ojos, no quería ser regañada por Sabrina — ¡Se supone que tienes permiso para salir los sábados! — Sí puedo salir… solo que no me dieron permiso para quedarme en tu casa — ¡¿Por qué no?! — comencé a retorcer mis dedos, no sabía qué contestarle — Yo me he quedado en tu casa cientos de veces — Lo sé, pero… — Maddy… ¿Hasta cuándo vas a permitir que tu madre te controle? — Es mi mamá y yo no me mando sola, tengo que pedirle permiso — Sí, pero apuesto a que no le dijiste nada cuando te dio la negativa — ¡Sí lo hice! ¡Le dije que era injusto! — Le hubieras dicho que ya eres lo suficientemente mayor como para hacer algo como una pijamada, que ya eres lo suficientemente mayor como para que te de la confianza de hacer ciertas cosas… como salir con tus amigos — Sabs… — Tu mamá debe de entender que ya eres una adolescente, hace mucho que eres una adolescente y es tiempo de que tú también lo entienda y… — Espera… — el teléfono de mi casa comenzó a sonar — Dame un segundo… — contesté el teléfono — ¿Hola? — ¿Maddy? — Papá… — rodé los ojos — ¿A qué hora llegas? — miré mi reloj — Ya van a ser las once y al medio día tengo que ir a la escuela — Lo sé, se me hizo tarde, es que… — Se suponía que desayunarías con nosotros — ¿Es papá? — preguntó Eddy — ¿Ya no va a venir a jugar? — Dile a tu hermano que sí iré — me pidió mi padre — Lo lamento hija, es que… — ¿Es que…? No necesitaba que me contestara, sabía por qué no había llegado a tiempo. Su novia, Emily, no era la mujer más linda del mundo y mi padre tenía tan poca vergüenza al momento de justificar su actuar. Una vez me intentó explicar que, como Emily había preparado panqueques, sabiendo de ante mano que los sábados era nuestro día, él tuvo que quedarse a desayunar con ella, olvidando llamar para cancelarnos el desayuno. Emily lo hacía a propósito, eso era obvio, ella solía hacer ese tipo cosas, como cuando le ordenó a mi padre que elimine la foto del cumpleaños de mi hermano donde aparecía con mis dos padres, uno a cada lado; o como en dos ocasiones, en mi cumpleaños, hizo planes y técnicamente le obligó a mi padre a dejarme plantada, a mí, su hija, en su cumpleaños, dos veces. Y papá se enojaba si le reclamábamos, su prioridad era su nueva novia, no nosotros y en ese entonces… ya me estaba cansando de pelear por la atención de mi padre, así que solo le dejaba ser. — Iré para la hora del almuerzo — Papá, tengo voluntariado, no puedo dejar a Eddy solo — Llévalo contigo, no creo que haya problema — ¡Papá! — protesté — ¡Claro que hay problema! ¡Se supone que deberías de estar aquí! — ¡Bueno! ¡No pude llegar a tiempo! ¡No hagas tanto problema! — la situación era tan fastidiosa — Iré más tarde — ¡¿Y por qué no vienes ahora?! — ¡Porque vine a la oficina a resolver un pendiente! — ¡Debiste venir primero y ser tú quien se lleve a Eddy! — ¡No me grites! — me quedé callada al instante — ¡No seas maleducada! ¡Ya te dije que iré más tarde! ¡Llévate a tu hermano! ¡Yo los recojo! — El voluntariado termina a la una… — Bien, estaré ahí a esa hora, si no llego a tiempo me esperas, no hay que hacer que tu hermano camine tanto — Está bien… Acepté con resignación, siempre terminaba resignada. — De acuerdo, nos vemos Princesa, te quiero — Yo también, papi… — ¡Y yo también! — gritó Eddy, pero la llamada ya había sido colgada — Tú peleas mucho con mamá y papá — Cuando tengas mi edad comprenderás por qué peleo tanto con ellos — ¿Algún día tendré quince años? Miré a mi hermano, le abracé con fuerza. No sabía si algún día él llegaría a los quince o si quiera a los diez años. Todos, incluyendo papá, esperábamos que sí, esperábamos poder tenerlo con nosotros por un largo tiempo, pero con enfermedades como la suya… la esperanza era lo único que se tenía, lo único que no podía perder… — ¿Sabs? — tomé mi móvil — ¿Sigues ahí? — Sí… — escuché la cansada voz de mi amiga — Dile al idiota de tu padre que algún día le partiré el culo — Okey… Solté una risita, los comentarios de Sabrina siempre me hacían sentir mejor. — Será mejor que te alistes para ir al voluntariado — Sí… — Suerte Maddy… — Gracias… — Te quiero mucho — Yo también… Sonreí, realmente Sabrina es la mejor amiga que una persona puede tener, le debo mucho. — Peque… — miré a mi hermano — Vamos a tener que salir — ¿A la calle? Eddy me miró con los ojos llenos de emoción. — Sí, a la calle — le tomé de la mano — Vamos, debemos de alistar las cosas para salir — ¡Sí! — gritó — ¡Saldremos de casa! ¡Sí! ¡Al fin! Llevé a mi hermano de la mano hacia la habitación de mamá, ella tenía una libreta donde había escrito una lista de las cosas que Eddy necesitaba en caso de que fuésemos a dar un paseo fuera de casa, también tenía anotados sus horarios de medicinas y nebulización… y un montón de notas sobre qué hacer en caso de que él entre en crisis. Tomé la libreta y llevé a mi hermano a su habitación, él tenía la habitación más grande de la casa, con baño propio para mayor sanidad y unas amplias ventanas que llenaban la habitación de aire fresco y luz solar. Las paredes estaban tapizadas con imágenes de dinosaurios, mi padre le había mandado a construir una litera con la forma de un T-Rex ¡Hasta tenía un escritorio con forma de dinosaurio! El sueño de Eddy era ser paleontólogo y escarbar todo el día en busca de fósiles, era algo triste escucharlo si tenías en cuenta de que él no podía acercarse al polvo. — Veamos… Me acerqué a su estante, abrí la mochila amarilla de mi hermano y guardé todos los frascos de medicina que necesitaba, su nebulizador, alcohol antibacterial, pañitos húmedos, un reemplazo de su cánula solo por si las dudas, su toalla amarilla, un cambio de ropa por si sudaba y su botellón de agua con forma de dinosaurio. Tomé su sombrero de “Parque Jurásico”, le embadurné el rostro y los brazos con protector solar y le coloqué su barbijo con estampado de dinosaurio. — ¿Parezco un explorador? — Eres el más lindo de los exploradores Contesté, amarrándome el cabello y caminando hacia mi habitación. Abrí mi closet y saqué mi uniforme de educación física, al voluntariado debía de ir con uniforme. Podía imaginar lo difícil que se me iba a hacer el día, tenía que plantar flores en la entrada de uno de los edificios de la escuela junto con mis compañeros ¿Cómo lograría que un hiperactivo niño de siete años se quede quieto mientras yo plantaba flores? ¡No lo iba a poder lograr! Se me iba a escapar, de eso podía estar segura. Maldije a mis dos padres para mis adentros, a papá por no venir y no contratar una enfermera para los fines de semana o una que pudiese venir todos los días, y a mamá por no querer gastar su dinero en una enfermera nueva pese a que Eddy lo necesitaba, porque ella quería que fuese mi padre quien gaste su dinero. A veces mis padres podían ser bien idiota, entonces las palabras de Sabrina cobraban sentido en mi cabeza y me hacía ver que, si mis padres iban a comportarse como imbéciles ¿Por qué habría de hacerles caso? — Sujétate con fuerza Le pedí a Eddy y entonces comencé a pedalear. De mi casa a la escuela eran cinco minutos en bicicleta, media hora caminando y dos minutos en auto. Normalmente iba caminando, me gustaba caminar esa media hora, a veces podía regresar a casa con Maggy, a veces sola, jamás imaginé que llegaría un día en que haría ese trayecto de la mano de alguien… ni en mis más locos sueños de adolescente me pude imaginar que algo así sucedería. Ese día iba a ser imposible para mí el caminar esa media hora con mi hermano a menos que quisiera asesinarlo, no obstante, la bicicleta no era tan cómoda, mi hermano era delgado, pero yo no era la persona más diestra del mundo, ya te lo dije, era propensa a las caídas, lo cual me ponía nerviosa y estar con mi hermano me ponía el triple de nerviosa. Llegué a la escuela, estacioné mi bicicleta, la encadené, le eché alcohol antibacterial a mi hermano en las manos y juntos caminamos hacia el punto de reunión de los voluntarios donde varios pares de ojos se posaron en nosotros. Sabía que la apariencia de mi hermano podía resultar curiosa para los demás, un niño con una enorme mochila amarillo patito, con tubos saliendo de ella y que se conectan a su rostro ¡Hasta yo me le quedaría viendo! Pero a veces era incómodo, me alegraba que Eddy nunca se diera cuenta de ello… o por lo menos nunca lo dijo. El profesor Clearwater dio las indicaciones, nos entregó palas a todos y comenzamos con el trabajo. Hortensias de todos los colores afuera del edificio de primaria, iba a ser una hora llena de tierra en mis manos y uñas… — Bueno, jóvenes, ya son la una — nos detuvimos, uno de los chicos comenzó a recoger las palas — Démonos un fuerte aplauso, hemos logrado nuestra meta Todos aplaudimos, tomando nuestras cosas y despidiéndonos. Tomé a mi hermano de la mano y nos dirigimos a los estacionamientos, lo mejor sería que regrese a casa en bicicleta a tener que esperar a mi padre, conociéndole, no llegaría a tiempo y no estaba dispuesta a estar un segundo más en la escuela. Rebusqué en mis bolsillos, fruncí el entrecejo, no encontraba la llave de la cadena de la bicicleta. Busqué en la mochila de mi hermano, tampoco estaba ahí… oh no… — Maldición… — susurré, tomando mi teléfono — Olvidé la llave, será mejor que llame a papá para que nos recoja… — marqué su número — Maldita sea… — papá, como siempre, no contestaba — ¡Maldita sea! — desistí con el teléfono — Eddy, será mejor que… ¿Eddy? — mi hermano no estaba — ¡Eddy! — comencé a correr — ¡Eddy! ¡¿Dónde estás?! ¡Eddy! — ¡Pásala! — ¡Tira! — ¡Dale! — ¡Eddy! Mi hermano estaba dentro del campo de soccer, corriendo, con un balón entre las piernas seguido por Riker Mallow y el chico nuevo. — ¡Gol! Mi hermano pateó la pelota, entrando de lleno al arco frente a la muy mala actuación del arquero. — ¡Gol! Los chicos lo alzaron en brazos, el corazón se me detuvo. — ¡Eres un c***k! El chico nuevo le despeinó los cabellos. — ¡Eddy! Corrí hacia mi hermano, empujando a Nate en el proceso ¡Estaba sudoroso! ¡Sucio! ¡No podía tocar a mi hermano con esas manos! — ¡¿Viste Maddy?! — Eddy me sonreía — ¡Anoté un gol! ¡Le anoté un gol a los de preparatoria! — ¿Es tu hermano? — preguntó Riker, me giré a verle — Wow… viejo, sí que has crecido — chocaron puños — No te veía desde que tenías tres, no te reconocí con esos… esos… — Eddy, será mejor que nos vayamos… — tomé a mi hermano por los hombros — Gracias por jugar con él… — miré al chico nuevo, este solo me miraba con extrañeza — Pero, eviten hacerle correr… — Él quería jugar con nosotros Contestó el chico nuevo. — Lo sé, gracias, pero… — Descuida Maddy, entendemos… Riker me sonrió, luego despeinó a mi hermano. — Bien… — miro a mi hermano — Tendremos que caminar a casa, no traje la llave de la cadena de la bicicleta… — Para ser la mejor alumna, a veces eres muy boba Mi hermano negó con la cabeza, arrancando risitas de los dos chicos. — Adiós… No dije nada más, comencé a caminar hacia la puerta de salida. De pronto Eddy tiró de mi brazo, se veía notoriamente cansado así que me detuve. Él no iba a resistir caminar la media hora hacia casa, lo más probable era que terminaría desmayándose o algo peor. — Maddy… Pronunció mi hermano. Tomé el botellón de agua y se lo di, luego miré a todos lados sin saber qué hacer ¿Cómo iba a regresar a casa con mi hermano en ese estado? Miré hacia el campo de soccer, los chicos del equipo ya se estaban yendo, excepto uno… el chico nuevo estaba caminando hacia el estacionamiento… el chico nuevo tenía auto… un muy antiguo Rambler color verde… debía de pensar rápido… el corazón comenzó a latirme a toda velocidad… — ¡Nate! El chico nuevo comenzó a caminar hacia mí. — ¿Pasó algo? — ¿Puedes llevarme a mi casa? — pregunté, sosteniendo a mi hermano quien estaba recuperando el color — Por favor… — Claro, por supuesto… — miró a mi hermano y de nuevo a mí — Yo te llevo — Gracias… Nate me hizo una seña con la cabeza y juntos caminamos hacia su auto. Mi corazón volvió a martillar con fuerza, no habíamos hablado o estado así de cerca desde el miércoles, el día que lo conocí, y ahora estaba haciéndome un mega favor. Debes de entender que la situación no era nada cómoda para mí, no conocía de nada a este sujeto y ahora estaba entrando a su auto, un muy antiguo pero bonito auto…Quién diría que ese auto me llevaría a tener las mejores experiencias de mi juventud… — Solo debes de seguir por esta calle y doblar en la puerta que hay en Mountain Park — De acuerdo… — Nate puso el auto en marcha y rápidamente nos alejamos de la escuela, nos esperaba un viaje de dos minutos — Por aquí abundan las comunidades cerradas… — Sí… — contesté, jugueteando con mis dedos — ¿Dónde vives tú? — En el Sur de Los Ángeles Me dedicó una rápida mirada y nuevamente miró hacia adelante. — Wow… eso está lejos — Como cuarenta minutos en auto — Wow… El chico nuevo sonrió de lado. — Nunca irías allá ¿Cierto? — Quizá… — contesté en un susurro — Quizá lo haga para devolverte el favor… — nos volvimos a mirar — En serio, gracias… — De nada, si quieres puedo llevarte a tu casa cuando lo necesites — ¿En serio? — Claro — ¿Por qué lo harías? No pude evitar preguntarlo, es que… ¡No éramos amigos! ¡¿Por qué rayos lo haría?! — Porque al parecer, aquí nadie te ofrece ayuda a pesar de que te ven con tu hermano… — asentí con la cabeza, era cierto, nadie me había ofrecido ayuda y conozco a la mayoría del equipo de soccer desde la secundaria — ¿Siempre debe de cargar eso? — Sí… — contesto, nos acercamos a la puerta — Pero él no va a la escuela así que… — Oh… okey… Nos detuvimos en la caseta de la entrada, entregué mis datos y nos dejaron entrar. — Sigue por Oak Ridge — Claro… — Es aquí… — señalo la casa — De nuevo… gracias, me has salvado — De nada… — me sonrió, el chico nuevo me sonrió otra vez — Puedo salvarte las veces que quieras — Gracias… — contesté, temblando, este chico sí que lograba ponerme nerviosa — Eddy… — Gracias por el paseo Agradeció mi hermano, extendiéndole el puño a Nate. — De nada, viejo Ambos chocaron puños. — Gracias… — vuelvo a decir, acomodándome las gafas — Nos vemos el lunes — Nos vemos, Maddy… Y diciendo esto, se fue, dejándome con un único pensamiento: Quiero que ya sea lunes…
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