Quiero que confíes en mí

3472 Words
Capítulo 16 — “Hola Maddy” — abrí mis ojos al máximo — “¿Cómo estás?” Negué con la cabeza, mi corazón comenzó a latir a toda velocidad, no quería hablarle. Era viernes en la noche y las cosas no pintaban nada bien la verdad ¿Por qué? Porque realmente me había afectado que Nate se riera cuando le preguntaron si estaba saliendo conmigo o si era mi novio. Para ese punto, él y yo ya nos habíamos besado varias veces, habíamos ido al cine una única vez y él me llevaba a mi casa después de la escuela, no tenía ni idea de si eso significaba que él y yo estábamos saliendo o si era mi novio ¡No tenía idea de nada! Jamás tuve un novio antes de todos esos acontecimientos, así que no podía saber si así era como debían de ser las cosas o si realmente no había nada. Y esa incógnita, sumado al hecho de la reacción de Nate, me había hecho sentir muy insegura. Y fue así que, en los últimos días desde aquel magnífico momento en la clase de Drama, había estado evitando a Nate, lo cual fue relativamente sencillo ya que el resto de la semana no teníamos clases juntos, salvo Biología en donde acordamos que la próxima semana empezaríamos el dichoso trabajo sobre la reproducción. También había estado adelantándome para que no tuviese que llevarme a casa y evitaba con todas mis fuerzas el no mirarle en la cafetería. Sé que es una actitud un poco inmadura, pero yo solo tenía quince años y me sentía lastimada por sus palabras. Por ello, no quería cruzármelo bajo ninguna circunstancia, no podía verle, no sintiéndome como me sentía. — “Bien…” Contesté, reteniendo el aire en mis pulmones. — “Ah… que bien…” — miré la pantalla de mi portátil, por más ridículo que sonase, no quería hablarle ni siquiera por Messenger — “Siento que no te he visto últimamente” Minimicé la ventana y abrí nuevamente mi tarea. No quería seguir pensando en Nathaniel Johns, menos si él solo me consideraba solo una amiga a la que él podía besar cuando se le diera la gana. Así que me dispuse a hacer las tareas en vez de hacerle caso al Messenger. En los últimos días había estado siendo un poco más “Rebelde” con respecto a la escuela y agradecía que mi madre no fuese tan mamá helicóptero, porque de esa forma pude evitar ir a los extracurriculares a los que no quería ir. Yo ya tenía suficientes créditos siendo tutora de Química, siendo la presidente del Club de Libro, llevando tantas clases de honor y avanzadas, incluso me ganaba créditos extra en las clases que realmente me gustaban. En esos momentos, la idea de solicitar mi salida de ciertas actividades para meterme en otras que sí quisiera hacer, estaba empezando a formarse en mi cabeza y eso se lo debía a Nate y a sus palabras de aquella vez, que tenía que dejar de hacer y aceptar cosas que no me gustasen solo para que las personas no se enojen conmigo, porque lo que yo quería era importante y lo que en serio quería era dejar de tener voluntariado, violín y ser tutora de matemáticas. — j***r… Me quejé, mi teléfono había comenzado a sonar… era Sabrina… — ¡Maddy! — ¿Qué sucede? Pregunté, levantándome de mi silla giratoria y lanzándome sobre mi cama. — Nathaniel Johns me está hablando por Messenger — abrí al máximo los ojos — Me está preguntando si estás enojada con él o algo por el estilo — ¿En serio? — ¡Sí! — cerré los ojos y me llevé una mano al rostro — Maddy, te dije que esto no estaba bien, te dije que ignorarlo no estaba bien — Lo sé… Solté un suspiro, rodando los ojos. — Ahora me está pidiendo tu número del móvil — ¿En serio…? Sentí una punzada en el pecho. — Sí Contestó Sabrina. — ¿Y se lo diste? — ¡Obvio no! — sonreí para mis adentros, Sabrina siempre sabía qué hacer — Le dije que no sabía si estabas enojada con él o algo por el estilo y también le dije que te preguntaría porque yo no doy los números de mis amigos así porque sí… — Gracias… — No me agradezcas nada, Maddy — cerré con fuerza los ojos, no quería que ella se enfadara conmigo — No está bien lo que haces — Lo sé, ya me lo has dicho — Entonces hazme caso — pidió — Deja de atormentar al pobre chico con tu irracional silencio — No es irracional… — me mordí el labio inferior, no quería hablar de ello — Sabes por qué lo hago — Y eso es lo que lo vuelve irracional — miré fijamente el techo, ahí íbamos de nuevo — Maddy, solo soltó una risita, no significa realmente nada — Jacob dijo que tal vez sí signifique algo — Puede que signifique algo así como puede que no signifique algo — ¿Entonces cómo quieres que esté tranquila si hay un cincuenta por ciento de probabilidades de que solo sea la chica a la que él besa porque tiene ganas de besar a alguien? — No lo creo, Maddy… — volví a morder mi labio — Se le nota en la cara lo mucho que le gustas, un chico que solo te quiere para eso, jugar contigo, no haría las cosas que Nate ha venido haciendo por ti, como recogerte a tu casa, llevarte a tu casa, preocuparse porque no te vio en una actividad a la que sabe que participas ¡Sabe las cosas que haces! — la punzada en mi pecho se hacía más dolorosa — Se nota que tiene un verdadero interés en ti… — ¿Entonces por qué se rio cuando le preguntaron? — Eso no lo sé y tú tampoco, la única forma en la que puedes saber es si le preguntas — j***r… — me palmeé la cara, no quería hacerlo — Supongo que tienes razón — Deja de tener miedo Maddy, toma las riendas de tu vida — Sí… — Bueno, entonces te dejo hablar tranquila con tu queridísimo chico popular — sonreí — Y Maddy… intenta ser feliz — Lo haré… Sabrina cortó la llamada, me quedé en mi cama viendo el techo por otro rato más. Es que en serio se me hacía difícil el preguntarle algo como eso, la idea de hacerlo hacía que el estómago se me revolviese. Tenía miedo, mucho miedo. Ya había superado el miedo a que todo esto fuese una apuesta, ahora debía de enfrentarme a la duda de qué éramos realmente y temía que la respuesta no me gustase. Sí, me daba cuenta de que Nate hacía cosas que me demostraban un verdadero interés en mí, pero no sabía si eso significaba que me veía como una novia o como una amiga con derecho a todo o qué se yo. Además, estaba el hecho de que a él le parecía guapas otras chicas, lo cual hacia que mi inseguridad se elevara hasta la estratósfera. No sabía qué pensar, él se había reído por una razón, quizá la idea de que las personas le consideren mi novio le daba gracia ¡¿Y por qué le causaría gracias?! Porque de seguro él mismo no me consideraba como una novia y yo solo me estaba armando películas en mi cabeza, una donde él y yo éramos pareja. Me levanté de mi cama y caminé hacia el escritorio, tomé el portátil y abrí la ventana del Messenger. — “¿No me vas a hablar?” — leí — “¿Te sucede algo? Siento que me has estado evitando estos dos últimos días y quisiera saber por qué” — mi corazón comenzó a latir a toda prisa — “¿Te hice algo? ¿Es por lo del beso en clase de Drama? Pensé que te había gustado, pensé que eso te ayudaría a que dejes de pensar que otras chicas me puedan gustar ¡Tú me gustas!” — parpadeé varias veces — “¿Sigues ahí? De seguro estás haciendo tus tareas, siempre haces tus tareas hasta tarde” — no pude evitar sonreír al leer eso — “¿No me vas a hablar? Agradecería que lo hicieras, no quiero que estemos mal” — seguido por una carita triste — “Bueno… te dejo entonces, sigue haciendo tus tareas” — Mierda… — susurré — “¿Hola?” — tecleé — “Lo siento, estaba dándome una ducha” — mentí — “No estoy enfadada contigo” — “¿Entonces por qué me has estado evitando?” — “No te estoy evitando” Volví a mentir. — “No soy idiota, Maddy, sé que me estás evitando” — “Eso no es cierto” Mi corazón comenzó a latir a toda velocidad. — “Mira, Maddy, sé que eres una persona sumamente insegura, pero en serio quiero que confíes en mí, pero ya llegamos a un punto en que no se me ocurre qué más hacer para que confíes en mí” — parpadeé varias veces y un vacío se me formó en el estómago — “Eso ya depende de ti, no puedo hacer nada más…” — “Perdón…” Me atreví a escribir, porque en serio lamentaba estar arruinando todo. — “No es que no confíe en ti, es que no confío en mí” — “¿A qué te refieres?” — “A que te veo, me veo a mí misma, y no puedo evitar compararme con las chicas que te rodean” — “¿Hablas en serio, Maddy?” Preguntó, junto con una carita enojada. — “Sí…” — solté un suspiro — “Ya sé que me lo has dicho miles de veces, que yo te gusto y que no te gusta otra chica, pero ponte en mis zapatos” — fruncí los labios con fuerza — “Toda mi vida siempre fui considerada como menos bonita que otras chicas, incluso mi propia madre me ha dicho que no soy tan bonita como otras chicas, que no tengo un cuerpo de infarto, lindo cabello, lindos ojos, sonrisa encantadora, entre otras cosas” — a medida que iba escribiendo empecé a sentirme más relajada, era liberador el poder decir todo eso tan abiertamente — “Así que en serio se me hace difícil el creer que te pueda gustar por encima de chicas como Lucy Fallon o cualquier otra porrista que te rodea” — “Ya veo…” — escribió — “¿Qué te hicieron como para creyeras algo como eso?” Fruncí el entrecejo, nunca antes alguien me había preguntado algo así. En ese momento, esa simple y profunda pregunta, acaba de poner mi mundo patas arriba. Sí, era verdad, mis padres me habían hecho mucho daño. Por culpa de mi madre, no podía creer que alguien pudiese sentirse medianamente atraído hacia mí, lo cual es horrible ¿Cuánto debí de haber soportado como para que realmente creyera eso? ¿Te haces una idea? Se supone que, a los quince, una chica está llena de ilusiones, las ilusiones de que el chico que te guste quizá también guste de ti, pero yo no. Sí tenía esa ilusión, pero estaba acompañado por dos monstruos que le triplicaban el tamaño y esos eran mi miedo y mi inseguridad. Todas las ilusiones que yo tenía con respecto de Nate, se veían eclipsadas por el miedo de que no fuese real y la inseguridad de no ser suficiente ¿Cuánto daño me había hecho mi madre como para que me sintiera de esa forma? — “No lo sé…” — contesté — “Supongo que… no tengo la mejor madre del mundo” — “Pienso que tu madre es excesiva e irracionalmente cruel contigo” — “Lo mismo piensan mis amigos” Solté un suspiro, era verdad. — “Maddy, no quiero que sigan pensando eso” — mordí mi labio inferior — “Maddy, me encantas, toda tú, me gusta y mucho” — sonreí al leer eso — “Tus ojos cafés, tu cabello n***o que siempre llevas atado en una coleta, hasta la forma de tu cuerpo” — “¿En serio?” — “En serio” Mi corazón latía a toda velocidad por la alegría y paz que sus palabras estaban causando en mí. — “Gracias” — “No tienes nada que agradecer” — volví a sonreír, incluso si sabía que él no me veía, no podía dejar de sonreír — “Pero no creo que sea esa la verdadera razón por la que me has estado evitando” — mierda — “¿Me lo vas a decir?” — ¡Madeleine! ¡Ven aquí! Esa era la voz de mi madre. — “Hablamos luego, mi mamá me llama” — “Mañana es el primer partido de la temporada, hablemos allá” — “De acuerdo” — “Mañana, cuatro de la tarde en el estadio de la escuela” — “De acuerdo” — ¡¿Ya vienes?! — ¡Un segundo! — pedí — “Ya me voy, cuídate” — “Tú también” — “Besitos, bye” — “ Miré su último mensaje, era un signo de “Menor” y un número tres, Nate me había enviado un corazón. — ¡Maddy! Cerré el portátil y me apresuré fuera de mi habitación. — ¿Qué sucede? Pregunté, bajando por las escaleras. — Ven… Sentí un escalofrío recorrer mi espina dorsal ¿Qué me querría decir? Comencé a hacer memoria a la velocidad de la luz; había hecho todos mis quehaceres, ya tenía la tarea hecha, así que no había ningún motivo por el cual mi madre quisiera hablar conmigo, menos con tanta premura y sonando tan enfadada. — ¿Qué pasó? Pregunté en un susurro, entrando en la cocina. — Tu papá llamó — eso era, yo estaba a punto de tener un síncope y su único problema era que mi padre la había llamado — Dice que mañana solo podrá venir a desayunar porque reprogramaron la audiencia de no sé qué caso y que debe de estar en no sé qué juzgado temprano — repito, papá solo llamaba cuando era algo del trabajo — Así que mañana no podrá venir — Oh… — Y yo tengo una reunión de trabajo, así que no hay quien cuide a tu hermano — Oh… Repetí, ya veía por donde iba el tiro. — ¿Puedes hacerte cargo de tu hermano? — preguntó — Sé que tienes voluntariado — no pretendía ir — Y sé que tendrás que llevarlo — me estaba sorprendiendo lo amable que estaba siendo — ¿Podrías hacerlo? — Sí… no hay problema… Sobre todo, porque no pretendía ir al voluntariado. — Gracias… Mamá suspiró. — ¿Estás bien? — Sí… — me miró — Estoy bien — ella mentía — Si puedes, llamas a tu papá — ¿Para qué? La miré confusión. — Para que venga a pasar la tarde con ustedes — Oh… pues… — me mordí el labio — ¿Por qué tengo que hacer eso? — Porque tu papá probablemente salga de ese juzgado con el bolsillo lleno de dinero y ganas de celebrar y no va a celebrar con sus hijos, va a celebrar con su zorra y eso no es justo — Oh… — quizá no era justo, pero repito, me daba igual, no iba a mortificar mi vida intentando ser relevante para mi padre — Es que… tengo planes… — ¿Planes? Me miró con una ceja alzada. — Sí… — contesté, sosteniéndole la mirada — Mañana comienza la temporada de soccer, el primer partido es en nuestra escuela y… quiero ir… — ¿Soccer? ¿Tú? — mamá soltó una carcajada — Es para ver a ese chico ¿Verdad? — Él quiere que vaya a verle… — Ay por Dios… — mamá siguió riendo — ¿No te dije que tuvieses cuidado con ese chico? — Sí, pero… — mamá me volvió a mirar con una ceja alzada — A él le gusto y él realmente me gusta… — ¿Te gusta? — volvió a reír — Él no te gusta, solo te gusta el hecho de que supuestamente le gustas — fruncí el entrecejo — Y ya te dije… ese tipo de chicos solo te quieren para una cosa — apreté los puños, estaba empezando a enfadarme — Apuesto que ni siquiera te ha pedido formalmente que salgan… — la miré — ¿Ves? Él no quiere salir contigo, quiere acostarse contigo y usarte para después botarte y hacer tu vida una miseria — Basta… — Sé detectar a ese tipo de chicos, tu padre era igual y me decepcionaría que te pasara lo mismo que a mí — apreté los puños con más fuerza — Me decepcionaría saber que mi hija fue lo suficientemente idiota como para caer de esa forma — Él no es como mi padre… Los ojos se me llenaron de lágrimas. — Sí como no… — Mamá… ¡Ya basta…! — ¡Solo te estoy cuidado! — mamá me miró con reproche — ¡Deberías de agradecérmelo, no enojarte conmigo! — ¡¿Cómo quieres que te agradezca algo así?! — grité — ¡¿Tanto te cuesta que un chico como Nate me elija a mí?! — la miré fijamente — ¿O es que te da envidia que a mí sí me puedan querer, no como a ti que te engañaron y abandonaron? — ¡¿Cómo te atreves?! — ¡Ah! Mamá me había abofeteado. — ¡¿Cómo te atreves?! — siguió dándome manotazos, cerré los ojos — ¡¿Cómo te atreves a hablarme de esa forma?! — volví a gritar, sintiendo sus uñas arañar mi rostro — ¡¿Cómo te atreves?! — mamá siguió golpeándome, grité una vez más — ¡¿Cómo te atreves a hablarle así a tu madre?! — ¡Ya basta! — la empujé, mamá me miró con los llenos de sorpresa — ¡No te atrevas a volver a tocarme! ¡¿Qué demonios te sucede?! — respiré hondo — Nate no es igual a mi padre ¡Nate no es mi padre! — mis ojos derramaban lágrimas — ¡Que te hayan sido infiel y te hayan abandonado no quiere decir que lo mismo me vaya a pasar a mí! ¡Ah! — mamá cogió una cuchara de madera e intentó golpearme — ¡Atrévete a golpearme una vez más, bruja desgraciada! — sostuve la cuchara con fuerza — Eso no cambiará nada… mi padre te dejó porque eres una maldita histérica — volví a empujar a mi madre — Yo no soy tú y Nate no es mi padre, así que deja de proyectarte en mí… — apreté los puños con fuerza — ¡Y deja de atormentarme! — ¡¿Cómo te atreves?! Mamá alzó la mano, la detuve. — ¡Me atrevo porque hago todo lo que me ordenas! ¡Hice todo lo que me ordenaste! ¡Siempre intenté ser lo que tú querías! ¡Incluso dejo que me manipules! ¡Y ya me harté! — volví a empujarla — ¿Qué más quieres de mí? — me limpié las lágrimas — ¡Tengo un colapso nervioso casi a diario por tu culpa! — lloré — No quiero terminar siendo una loca histérica como tú… — respiré hondo — Mañana cuidaré a mi hermano e iré con él al partido de soccer a ver al chico que me gusta, no pienso obedecerte más en las tonterías que quieres hacer… ¡Acepta de una buena vez que mi padre ahora tiene otra vida y consíguete una propia! Y diciendo esto me fui de la cocina, sintiéndome muy enojada, pero al mismo tiempo sintiéndome muy en paz conmigo misma. Me había enfrentado al mayor brabucón de mi vida, a la persona más abusiva que conocía y se había sentido tan bien. Debí de haber hecho eso hace tiempo, debí de haberlo hecho cuando tenía doce años y mi madre me obligaba a espiar a mi padre, pero no lo hice por miedo y ahora tenía una motivación algo banal, pero que me servía lo suficiente como para poder levantarme en contra de mi abusiva madre. Querer vivir en paz y ser feliz con Nate, Sabrina, Jacob y mi propia persona, era la motivación que necesitaba para por fin cambiar mi vida.
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