Capítulo 15
Te daré un resumen de lo que ocurrió ese sábado: Debido a que mi padre no estaba y mamá llegaría tarde, Nate y yo decidimos aprovechar el tiempo. Así que tomamos a mi hermano, junto con todo lo que necesitaba para su subsistencia, y partimos hacia la ciudad a comer hamburguesas, comer helados y pasear un poco. Descubrí algo muy curioso de Nate ¡Él odia la pizza! No le gusta ninguna, las odia. Y lo descubrí porque en el camino estuvimos dando ideas de a dónde ir a comer y él soltó esa información. Según él, la pizza es demasiado pesada debido a la masa y toda la grasa ¡Ja! Como si las hamburguesas no fueran grasosas ¡Y él ama el pollo Kentucky! A mí en lo particular no me gusta el pollo Kentucky, siempre termino indigestada cuando lo pruebo y, por otra parte, me alegró que no escogiéramos pizza para comer porque yo tengo una forma muy peculiar y vergonzosa de comerla ¡Pero no me importa lo que me digan! Porque me encantan las pizzas, son un enorme emparedado de queso derretido con demás cosas encima. Y eso fue todo lo que sucedió ese sábado, lamento no haberlo relatado más a detalle, pero es que esta primera parte me está saliendo demasiado larga y necesito meterle turbo al asunto si quiero cumplir con todo lo que planeo contarte. Al final mi madre no se enteró que regresé a las ocho de la noche, pero sí le tuve que decir que papá no había venido porque no encontró su baño arreglado ni el foco cambiado, así que mi día terminó escuchando a mi mamá discutir con papá por teléfono.
A veces sentía que yo era más madura que mi madre, porque después de dos años, muchas charlas, lágrimas y llanto, había aceptado todo lo que había sucedido, perdonado a mi padre y tratado de seguir con mi vida, lamentablemente ese hombre seguirá siendo mi padre hasta el día que se muera. Te lo voy a explicar. Durante los últimos días de mi padre en la casa, incluso después de que se fue, a veces nos tomábamos un tiempo padre e hija para charlar acerca de mis sentimientos. Creo que esta es la razón por la que a veces consideraba que me llevaba mejor con mi papá que con mi mamá. Él me daba espacios seguros en donde poder conversar y llorar, entonces él se disculpaba y lo hizo mil veces a lo largo de mi vida, se disculpaba por cosas de las que ya había pedido perdón pero que de una u otra forma, no podía evitar traer a colación. Eso realmente ayudó a reparar nuestra relación. No me malinterpreten, pese a todo, no podía, tampoco, confiar en él al cien por ciento, pues, tal como ya mencioné, él dejaba muy en claro que su prioridad era su amante y no nosotros, solo basta con recordar que el sábado nos dejó botados para irse a un fin de semana con Emily en los Cabos… sí, ahí había estado y obviamente estuvo incomunicado con nosotros todo el fin de semana. Sin embargo, con mamá jamás tuve ese cierre, ella siempre se justificaba, trataba de que yo “Entendiera” sus motivaciones y menos preciaba mis sentimientos. Mamá no lograba ni quería entender que todo lo que hizo me causó una verdadera afectación psicológica. Muchos de los rasgos de carácter que tengo en mi adultez son por culpa de ella. Me enfado rápido, a veces no puedo evitar gritar y vociferar, no tengo mucha paciencia y cuando estoy estresada me irrito. Estoy trabajando en ello, el camino es largo cuando se trata de sanar heridas que no dejan marcas y lo es aún más largo cuando esas heridas te las causan los dos seres humanos que más deberían de amarte. Como iba diciendo, a veces sentía que yo era más madura que mi madre, porque yo sí lograba entender que ahora existía dos mundos para mi padre: Uno donde era mi padre y otro donde era un hombre. Ambos mundos coexistían en la misma persona, pero no podían ni debían chocar entre sí. En palabras más simples, debía dejar que mi papá haga su vida como se le pegue en gana, con su amante, y no mortificarme por ello. Yo siempre le decía, y le sigo diciendo, a mi padre, que lo que él haga con su vida es su asunto, pues siempre será mi padre hasta que uno de los dos muera ¡PERO! El único momento en donde realmente me importaría lo que él haga con su otra vida, y se lo haría saber, al día de hoy se lo he hecho saber de muchas maneras, es cuando su otra vida afecta a la mía ¡Y ha habido muchos casos! Como cuando Emily rayó mi auto porque papá se fue a la playa conmigo y Eddy o como cuando Emily le pidió a mi padre que elimine una foto de mi hermano en su cumpleaños alegando que “Se vería mal que él tenga en su f*******: una fotografía de su hijo, en su cumpleaños, sonriendo como una familia, cuando él, mi padre, tiene su pareja, Emily”, si no entendiste nada de esto último, déjame decirte que estás en todo lo correcto, no tiene ni un sentido, pero mi padre fue lo suficientemente imbécil de aceptar a algo tan absurdo y horrible. En pocas palabras, según Emily, mi padre no podía tomarse fotos familiares porque estar en una relación con ella significaba que él se debía de olvidar de nuestra familia, y lo peor es que él obedecía ¡Pero bueno! Que me voy por la tangente al recordar, el punto es que, a pesar de que habían pasado ya dos años, mi mamá quería seguir involucrando a la fuerza a papá en asuntos de la casa, como lo de llamar al fontanero o llamar a alguien para que cambie el foco de su habitación. Esas eran cosas ella fácilmente podía solucionar tomando el teléfono y llamando al único fontanero que conocemos o al único electricista que conocemos, pero no lo hacía, porque ella quería que mi padre lo hiciera, ella quería que a mi padre le naciera hacerlo ¡Ella no lograba entender que todos nosotros habíamos pasado a segundo plano! Ella a la fuerza quería seguir siendo el plato principal para mi padre, no el plato de segunda mesa al que irás en caso de que no te guste el principal. Sé lo que me dirás ¿Cómo puedo pensar eso? ¿Por qué no peleo por ser el plato principal? Pues te diré que aprecio mucho mi integridad física y mental como para querer pelear por una causa perdida ¡Solo mírame! Soy una escritora famosa, con varios best seller, a la altura de la mismísima Mily Wu, harán una serie en Netflix de una de mis novelas y aun así no soy el plato principal para mi padre. Haga lo que haga, jamás volveré a ser el plato principal, así que por qué debería de pelear por alguien que jamás me querrá tanto como a su amante. Y mamá prefería atormentarse día y noche porque no podía lograr que volviésemos a ser el platillo principal. Vivir de esa forma causó estragos en ella y yo no quiero terminar de la misma forma… aunque a veces es inevitable el aferrarte a las personas que te muestran afecto…
En fin… dejado todo eso claro, la semana comenzó bien para mí, sobre todo porque tenía literatura y era una clase que llevaba con Nate. Por primera vez desde el día en que nos conocimos, él se sentó a mi lado a mi lado. Ya sé que en otras ocasiones también se ha sentado a mi lado, pero fueron esporádicas, porque después se sentaba lejos y apenas y me hablaba, solo me miraba con un acosador. Pero supongo que después de tres besos y tantas cosas que habían pasado entre ambos, era normal que ahora quisiera sentarse a mi lado ¡Y los lunes teníamos tres clases juntos! Lo cual me encantaba, pude estar a su lado todo el tiempo sintiendo el roce de su mano con la mía. El martes solo lo vi en literatura y sucedió lo mismo: Nos sentamos juntos, rozándonos las manos, sonriéndonos ¡Y amaba ver la cara de Lucy Fallon y Ariadna Wagner! Era toda una obra de arte, la sorpresa y el enojo coexistiendo en un solo rostro. A mis quince años me sentía como una triunfadora, yo era la chica con la que Nate quería sentarse y rozar su mano ¡No ellas! Eso me encantaba. Sin embargo, había algo que no me dejaba en paz, pero que me daba vergüenza preguntar. No sabía qué éramos; es decir, apenas y había pasado un poco más de un mes desde que toda esta locura comenzó, no sabía en qué términos estábamos él y yo ¡Sobre todo porque yo no tenía ni una pizca de experiencia en el tema pese a que los cuentos que escribía eran de romance! Y realmente me estaba empezando a quemar la curiosidad. No sabía si en tan poco tiempo dos personas podían volverse “Novios”. La verdad es que temía que él no quisiera ser algo más y que solo me considerara su amiga a la que abrazaba y besaba. No quería ser su amiga a la que abrazaba y besaba, quería ser ese algo más, pero, de nuevo, me daba mucha vergüenza el decírselo, la sola idea ya me daba vergüenza.
Ese día, miércoles, teníamos Drama a primera hora y en mi último periodo iba a tener dos maravillosas horas de Escritura Creativa, lo cual me encantaba, los miércoles eran un día súper relajado para mí. Ese día llegué temprano como de costumbre, abrazando mi libro de “Harry Potter y las Reliquias de la Muerte”. Otra cosa que hacía maravilloso mi miércoles, era el club de libro. Estábamos en la recta final de la mejor saga de libros escrita en el último siglo y eso me tenía muy emocionada. Nate no había ido a recogerme porque en serio me incomodaba que él tuviese que levantarse tan temprano en la mañana, así que habíamos quedado en vernos en la clase. Entré en mi aula y me senté a esperar, a los pocos minutos aparecieron los demás alumnos y entonces… Nate entró al aula junto a Lucy Fallon.
No lo pude evitar, quedarme viéndolos, y es que ambos parecían sacados de una portada de revista. El uniforme les quedaba tan bien a ambos, se veían tan bien juntos, sonriéndose y hablando de quién sabe qué. No pude evitar sentirme enojada, inexplicablemente enojada, no quería sentirme así, pero era inevitable. Ellos se veían tan bien juntos, en cambio él y yo nos veíamos como un guapo chico de cuerpo atlético y popular, y una nerd con la falda por debajo de las rodillas, el cabello amarrado en una cola de caballo y enormes gafas. Momentos como esos no podía evitar pensar en las palabras de mi madre. Nate era el chico popular y atlético y yo solo una vaca con talla seis. Dejé de verlos y rápidamente dirigí la mirada a mi libro de Harry Potter.
— Hola…
Saludó el chico.
— Hola…
Susurré, apenas viéndole. No quería que se diera cuenta de lo enfadada que me sentía, tenía miedo de que si lo notase se enfadase conmigo por enfadarme con él, sobre todo porque, según yo, en ese momento, yo no tenía ningún derecho de reclamarle nada. Él ya me había dicho que no sucedía nada con Lucy, que yo le parecía más bonita y blablablá, pero eso no hacía que me sintiera menos segura. Ya lo dije la anterior vez, no era tonta y me daba cuenta de que, al menos una parte de él, sí la consideraba guapa y eso me hacía sentir extremadamente insegura.
— ¿Estás bien?
Preguntó.
— Sí…
Asentí con la cabeza. Era mentira, era una total mentira y él no me había creído para nada. Jamás en mi vida me había sentido tan insegura, nunca había tenido motivos por los cuales sentirme tan insegura. Mi madre siempre me criticaba, siempre hablaba de mi cuerpo, de mi peso, de mi apariencia, había hecho que mi autoestima esté por los suelos, sin embargo, llegué a un punto en que me había acostumbrado a eso, que ya no me afectaba tanto, no hasta que ella volviese a darme uno de sus discursos de mierda, pero era algo soportable. Todo cambió cuando la nación del fuego atacó y esa llamarada se llamaba Nathaniel Johns. Nunca me había preocupado tanto mi apariencia o lo que los demás pensaran de mí, hasta que Nate apareció en mi vida. Así que, a mis quince años, ahora no solo tenía que lidiar con mi histérica madre y la baja autoestima, sino con una nueva clase de inseguridad, esa en la que no quieres perder a esa persona que te da atención y cariño. Me sentía celosa, muy celosa, y tenía miedo de que Nate decidiese que ya no le gustaba y entonces me dejase. Parecerá tonto, pero a los quince años, esa es una preocupación real, lo sentimos real y es importante, así que si algún día ves a un adolescente sufrir por culpa de la inseguridad, no lo minimices.
— ¿Qué esto?
Preguntó, tomando mi carpeta rosada.
— ¡No lo toques! — le arrebaté el objeto — Lo siento…
— No, discúlpame tú a mí… — nos miramos fijamente — No debí de tomarlo…
— Ok…
Fue lo único que se me ocurrió decir.
— ¿Hay algún motivo para que lo debas de esconder? — preguntó de pronto, sonriendo traviesamente — ¿Son acaso poemas de amor para mí?
— No… — solté una risita, él también — Es mi tarea de Escritura Creativa
— Ah… ya veo…
— Sí…
De repente empecé a sentir cómo mi rostro se calentaba, me estaba empezando a poner nerviosa.
— ¿Me dejas leerlo?
— No… — abrí al máximo los ojos, el corazón comenzó a latirme a toda velocidad — No, solo Sabrina y Jacob leen mis cuentos…
— Oh… pues…
— Lo siento
— No descuida… — miró hacia adelante y jugueteó con las llaves de su auto — ¿Aún no rompes la barrera del nerviosismo?
— ¿Qué…?
— Pensé que ya tenías superado tu nerviosismo hacia mi persona — contesta — Pero veo que no es así, aún no confías en mí
— Nate…
Pero no pude decir mucho más, el profesor Hoffman entró en el aula.
— Buenos días mis queridos pupilos
— Buenos días profesor Hoffman
Saludamos todos, tomando nuevamente nuestros asientos.
— Continuando con Romeo y Julieta… — el profesor se sentó en su escritorio, todos sacamos nuestros libros — Creo que haré una última evaluación y luego exhibiré la lista de los elegidos en el tablón de anuncios — soltó un suspiro — Así que… Johns y Tucker — abrí al máximo mis ojos — Al frente…
— Vamos…
Me susurró Nate, asentí con la cabeza, caminando al centro del salón a la vista de todos en el aula.
— Página ciento setenta
Nos indicó el profesor, pasé las páginas con las manos temblorosas.
— ¿Lista?
Miré a esos ojos verdes que tanto me gustaban, mi corazón comenzó a latir a toda velocidad. Miré de reojo a Lucy Fallon, ella me miraba fijamente con una ceja alzada y una sonrisa petulante en el rostro.
— ¿Preparados?
Preguntó el profesor, Nate siguió mi mirada y entonces, delante de todos acarició mi cabeza como si fuese un perrito y me sonrió, eso me ayudó bastante.
— Maddy… — volví a mirar — Confía en mí…
Asentí con la cabeza.
— ¡Luces! ¡Cámara! — sostuve con fuerza mi libro — ¡Acción!
— “Querida Julieta” — Nate comenzó a leer — “¿Cómo sigues tan hermosa? ¿He de creer que la muerte se ha enamorado de ti?” — nos miramos fijamente — “Pues lo temo, porque contigo he de quedarme” — sus ojos verdes brillaban mientras leía — “Aquí me quedaré, aquí me entregaré a la eternidad…” — mi corazón comenzó a latir a toda velocidad, él siempre cambiaba el diálogo y lo leía de una forma tan pausada que provocaba temblores en mí — “Ojos… mirad por última vez…” — se acercó a mí — “Brazos…” — tomó mi rostro con su mano, abrí los ojos al máximo — “Dad vuestro último abrazo…” — mi corazón comenzó a latir a toda velocidad, sabía lo que venía — “Y labios… puertas del aliento… sellad con un beso”
Y entonces, delante de toda el aula, del profesor, de Lucy Fallon, delante de todo el mundo, Nate me besó. Cerré mis ojos, sintiendo la sensación de sus labios sobre los míos, el calor de su cuerpo y su mano acariciando mi mejilla. El momento se sintió mágico, con todo dando vueltas en mi interior ¡Nathaniel Johns me estaba besando delante de toda el aula de Drama! Me alegra que no haya sido un sueño ni una fantasía, realmente lo viví y es de los momentos más lindos que he vivido en mi adolescencia.
— Bueno… bravo… — lentamente nos separamos, el profesor Hoffman lucía nervioso — Eso fue… — Nate dejó caer su mano, rozando la mía, mi cuerpo seguía temblando, pero ahora temblaba de alegría — Inesperado… pero… — soltó una risita, mi cuerpo no me respondía, solo temblaba — Pueden volver a sus asientos
— Vamos… — entonces Nate lo hizo, tomó mi mano y me guio hacia mi asiento, delante de todo el mundo — ¿Confías en mí?
— Eso creo…
Contesté en un susurro, el profesor comenzó a hablar de no sé qué, la verdad es que mi cerebro se rehusaba a escuchar cualquier cosa que no fuese la voz de Nate.
— ¿Me mostrarás lo que hay en tu carpeta rosada?
— Sí… — solté sin pensar — Tal vez… — me mordí el labio inferior — Me da vergüenza…
— No quiero que sientas vergüenza… — acarició el dorso de mi mano con su dedo pulgar — No quiero presionarte, muéstrame tu trabajo cuando te sientas segura…
— De acuerdo…
— Bien…
Ambos nos miramos fijamente y una sonrisa tierna se formó en su rostro. También sonreí, me sentía feliz, no sabía que podía llegar a sentirme así de feliz y menos por algo como lo que acaba de suceder. En otra época de mi vida, definitivamente hubiese muerto de la vergüenza y quizá del miedo a que mi madre se enterase, pero en ese momento, lo único en lo que podía pensar era en la mano de Nate sobre la mía y el recuerdo de ese beso delante de todo el mundo.
— ¿Entonces…?
Comenzó decir Maggy, quien se había sentado a mi lado, ambos la miramos.
— ¿Qué sucede?
Pregunté, ella solo me sonreía de forma traviesa.
— ¿Están saliendo? ¿Son novios?
— Ah… pues…
Miré a Nate, este solo soltó una risita… ouch…