Capítulo 14
El día siguiente llegó y pese a todo lo que había ocurrido el día anterior y las horribles cosas que me dijo mi madre, ese día desperté con una gran sonrisa ¿Por qué? ¡Porque iría al cine con Nathaniel Johns! Lucy Fallon podía decirme lo que quiera, todo el mundo podía decir lo que quisiera, porque yo era la chica a la él había invitado a salir ¡Y eso me emocionaba! Cuando eres adolescente, una muy insegura adolescente, este tipo de cosas te emocionan. El día anterior había terminado de hacer todos mis quehaceres, había terminado de lavar los dichosos baños, la casa, mi habitación ¡Hasta la piscina! Y es que realmente no quería darle ningún motivo a mi madre por el cual enfadarse y por lo tanto no darme permiso para ir al cine con Nate. Aquí te voy a tener que confesar algo, realmente no planeaba decirle a mi mamá que iba a salir con él, principalmente porque no quería que me lo prohibiera y segundo porque no quería volver a escuchar su mismo discurso de mierda. Mamá había acusado a Nate de “Enseñarme” a responderle a mamá, pero si algo me había aprendido de él en esas semanas, era que no debía de seguir aceptando algo que no me gustase y, en serio, odiaba la forma en la que mi madre me trataba. No obstante, no voy a decir que mi comportamiento era correcto, responder a los gritos a tu madre nunca es la solución, sin embargo, y no quiero justificarme, a veces era inevitable el tener que irme a los gritos con mi madre para hacer que entendiera, aunque aún no llegamos a esa parte de la historia. Como iba diciendo, no planeaba decirle nada a mi mamá. Toda la tarde, mientras limpiaba la casa, estuve pensando en qué excusa le iba a dar a mi mamá para poder salir con Nate. Se me ocurrió que la mejor opción, la más creíble al menos, era decirle a mi madre que saldría con Sabrina y Jacob al cine y que quizá demoraría un poco más porque iría a comer helados. El plan me sonaba totalmente perfecto, porque a mi madre les agradaba Sabrina y Jacob, así que estaba segura de que me creería al instante, así que, en la noche, al irme a dormir, decidí que eso sería lo que haría. Tengo que detenerme aquí y decirte que, en mi adultez, entiendo que hacer eso, mentirle a mi madre para salir con un chico, o cualquier persona, está horriblemente mal, pero he aquí el detalle, no le tenía ni un gramo de confianza a mi madre, no me sentía segura de decirle lo que quería hacer y con quién lo quería hacer, así que a mis quince años, se me hacía imposible e inimaginable, el hablar de ciertos temas con mi madre y las salidas con chicos a comer helado estaba dentro de ese bloque. De nuevo, no me quiero justificar, pero es que realmente considero que este es un problema serio de comunicación que ocurre en muchas relaciones padres e hijos, y lamentablemente, que exista esa confianza y comunicación debe de ser responsabilidad del padre o madre, no del hijo. Todo el tormento al que me sometía mi madre había hecho que fuese casi nula la comunicación entre las dos. Por favor, procura mantener una comunicación efectiva con tus hijos.
— ¡Maddy! ¡Ayúdame!
Salté de mi cama y corrí fuera de mi habitación. Mamá estaba en la habitación de mi hermano, nebulizándolo con una mano y tratando de levantar el enorme tanque de oxígeno con la otra. Me apresuré a ella, este tipo de cosas eran muy frecuentes en esta casa, que el enorme tanque se caiga al suelo y obstruya el flujo de oxígeno de Eddy.
— ¡Ay!
Exclamó Eddy, accidentalmente había tirado del tubo de mi hermano y este se había desprendido de su rostro.
— ¡Cuidado! — mamá me dio un manazo en el brazo — ¡¿Por qué nunca puedes hacer las cosas bien?!
— Lo siento… — susurré, colocándole la cánula a mi hermano — Perdón Eddy…
— No fue tu culpa… — mi hermano me sonrió — Fue culpa del tanque — mamá se alejó de nosotros y comenzó a buscar ropa para Eddy — No te pongas triste, yo te quiero
— Hazte a un lado —me ordenó mamá, obedecí al instante — Ya me tengo que ir al trabajo, le dices a tu padre que limpie el filtro de la piscina
— Sí…
— ¿A qué hora es tu voluntariado?
— Siempre es al medio día
Le recordé.
— Bien… — mamá ayudó a Eddy a bajar de la cama, mi hermano solo puso mala cara — Le dices a tu papá que llame al fontanero por el baño de mi habitación y que por favor cambie el foco de la sala de entretenimiento — asentí con la cabeza — Y le dices que haga las compras de la semana, le dejé una lista en el refrigerador — volví a asentir — Y que deje preparado el almuerzo
— Sí…
— Entonces me voy…
— ¡Espera! — la detuve, mamá me miró fijamente — Terminé de hacer todos mis deberes del día y… — apreté con fuerza los puños — Quiero salir…
— ¿A dónde vas a ir?
— Al cine — me apresuré a contestar — Con Sabrina y Jacob
— ¿A qué hora regresas?
— Pues… no sé…
— Regresa a las cuatro, necesito que cuides a tu hermano
— Pero… — sentí como si un aguijón se me clavara en el pecho, ella lo estaba haciendo de nuevo — Es sábado y me lo gané
— Y saldrás, pero necesito que estés en casa a las cuatro
— Pero… — mamá me miró fijamente — No quiero hacerlo…
— Entonces no sales
— ¡Pero mamá!
— ¡No me alces la voz! — comencé a temblar, no quería ponerme a gritar como la anterior vez — Mira, si no cuidas a tu hermano, no sales, te necesito aquí
— Pero mamá… — la seguí fuera de la habitación — Papá se va a esa hora
— Y por eso te necesito aquí
— ¿Y a dónde irás?
— Eso no es de tu incumbencia, Madeleine
— ¡Pero mamá!
— ¡Deja de alzarme la voz!
— ¡Es que no es justo que me hagas esto! ¡Hice todo lo que me ordenaste! ¡Déjame disfrutar de mi sábado!
— ¡Me estás haciendo enfadar, Madeleine!
— ¡Tú me estás haciendo enfadar! ¡Estás siendo injusta conmigo! ¡Estás siendo mala conmigo! — lo comencé a ver todo rojo, me sentía muy enojada — ¡Eres una pésima madre! ¡Ah!
No pude decir ni una sola palabra más, mamá me había abofeteado y con la fuerza del golpe terminé cayendo al suelo. Mis ojos se llenaron de lágrimas, pero no era tristeza ni miedo, era rabia. Había hecho todo lo que ella me había ordenado, había hecho todo para que ella me diera la posibilidad de ser libre un solo día, de poder hacer algo que no sea estudiar o tratar de ser la hija que ella quería ¡Y aún así ella me defraudaba! Me sentía estafa, vulnerada, irrespetada… mamá era una mala madre…
— No te atrevas a decirme que soy una mala madre — mamá me miraba con enojo, me levanté lentamente del suelo — Y despídete de tu sábado, porque no saldrás
— Eso no es justo…
La garganta me dolía, mis ojos derramaban lágrimas y mi pecho me dolía.
— ¿Qué dijiste?
— Dije que eso no es justo… — apreté los puños con fuerza, podía sentir mis uñas clavarse en las palmas de mi mano — ¡Hice todo lo que me pediste hacer! ¡Yo cumplí! ¡Cumple con tu parte!
— ¿Por qué gritan?
Preguntó mi hermano, arrastrando su mochila con su tanque de oxígeno.
— Por culpa de tu madre — contesté, mirando a mi madre — Voy a salir y no voy a regresar a las seis…
— ¡¿Cómo te atreves?! — me di media vuelta y comencé a caminar hacia mi habitación — ¡Madeleine! ¡Ven aquí! ¡¿Cómo te atreves?!
No le hice caso, no quería hacerle más caso. Entré en mi habitación y cerré la puerta con llave. Me dejé caer en el suelo, abrazándome las rodillas. Me sentía muy enojada, no era para nada justo, no debería de ser castigada solo porque mi madre quería ir a hacer quién sabe qué a quién sabe dónde ¡No era para nada justo! Respiré hondo, intentando relajarme, pero no lo lograba, no podía tranquilizarme, no podía lograrlo. Me llevé las manos a la cabeza, tiré de mis cabellos, derramé más lágrimas y pataleé. Era horrible, una sensación horrible, sentirme a ese extremo enojada, mi pecho subía y bajaba con violencia, quería golpear algo con fuerza, lanzar al suelo mis cosas y gritar. Jamás me había sentido así de enojada en mi vida, era un enojo tan grande que me dolía físicamente. Me levanté del suelo y me dejé caer en mi cama, tomé la frazada y me enrollé en ella, cerrando los ojos, imaginándome a Nate abrazándome para calmar mi sistema nervioso simpático…
— Maddy… — abrí los ojos, eran golpes lo que escuchaba — Maddy… — era mi hermano golpeando la puerta — Maddy…
— ¿Qué sucede?
Pregunté, desenrollándome.
— Estoy solito…
Fue lo único que dijo.
— ¿Qué…? — pregunté, abriendo la puerta — ¿Cómo que estás solito…?
— Sí… — me miró — Y tengo hambre
— ¿No has desayunado? — tomé mi teléfono — Son las once y media… ¡Mierda! — miré a mi hermano — Tengo que ir a mi voluntariado
— Tengo hambre…
Volvió a decir mi hermano, acomodándose los tubos detrás de las orejas.
— ¿Y papá? — pregunté, colocándome el uniforme de gimnasia — ¿No vino?
— Si vino — contestó mi hermano — Pero dijo que tenía mucho que hacer, dejó dinero para que compres el desayuno y el almuerzo y luego se fue
— ¡¿Qué?!
— También trajo una caja — salimos de mi habitación y caminamos hacia las escaleras — Dijo que era una máquina de poder para mí
— Un concentrador de oxígeno…
Tomé a mi hermano en brazos y empecé a bajar las escaleras con cuidado.
— ¿Para qué sirve?
— Para que ya no tengamos que preocuparnos tanto por la capacidad de tus tanques de poder
— ¿Ya no tendré que usarlo?
Mi hermano me miró con una expresión llena de ilusión y alegría.
— Esa caja reemplazará tus tanques…
Nos miramos, Eddy cambió su expresión a una de desilusión, ver a un niño de siete años perder la ilusión es lo más duro que podrás ver en tu vida.
— Oh…
Es lo único que dijo.
— Lo siento…
Lo deposité en el piso y juntos caminamos hacia la cocina. Efectivamente, mi padre no estaba ahí y encima de la isla había una especie de lonchera negra. Solté un suspiro, mis dos padres acababan de arruinarme el sábado. Caminé hacia el refrigerador y tomé el recipiente de huevos, no iba a perder mi tiempo tratando de averiguar dónde se había metido mi padre, así que lo mejor era yo misma hacer el desayuno e irme con mi hermano a mi escuela. En momentos como esos deseaba ya tener dieciséis y tener auto, porque llevar a mi hermano en la bicicleta no era algo que me gustase, me ponía muy nerviosa. Solté un suspiro, dejando delante de mi hermano un plato de huevos revueltos a medio hacer y pan tostado a medio tostar. Eddy me miró con cara de confusión y luego tomó un tenedor.
— Está rico
Sé que mentía, pero bueno, se lo agradecí con una caricia en la cabeza.
— Lo siento, es que no tenemos mucho tiempo para comer…
Miré mi reloj, ya estaba tarde.
— ¿Y si mejor te quedas conmigo?
Preguntó mi hermanito.
— Tengo que ir al voluntariado, no importa si llego media hora tarde…
— Pero no te gusta el voluntariado — mi hermano me miró con sus enormes ojos cafés — Ambos sabemos que preferirías quedarte a ver Bob Esponja conmigo que ir a plantar flores a tu escuela
— Pues…
La verdad, era cierto, prefería mil veces quedarme en pijama todo el día viendo televisión o leyendo o escribiendo o jugando Sims en la computadora. Definitivamente, mi idea de “Disfrutar de mi sábado” no incluía tener que ir a la escuela a hacer voluntariado ¡Me parecía lo más aburrido del mundo! Sin embargo, en ese momento, estaba teniendo un conflicto interno. Por un lado, quería hacerle caso a mi hermano y quedarme en casa a ver Bob Esponja, por otro lado, ya había faltado a mi clase de violín del día anterior, no quería faltar a más de mis responsabilidades ¡Pero es que en serio no me gustaba tener tanta responsabilidad! Lo cierto era que, de todas las actividades extracurriculares a las que me había inscrito, el Club de Libro de los miércoles era la única que de verdad me gustaba.
— Vamos… — pidió mi hermano, dándole una mordida al pan a medio tostar — Y así podemos jugar con la caja esa
— No es un juguete… — tomé la lonchera esa y la abrí, parecía una máquina del tiempo o algo por el estilo — Esto es lo que te mantendrá vivo hasta que…
— ¿Hasta que…?
Hasta que su pulmón nuevo llegase o hasta que ambos pulmones terminaran de arruinarse por completo.
— Hasta que te conviertas en un angelito y nos cuides a todos
— ¿Cómo un súper héroe?
Mi hermano sonrió a más no poder.
— Sí…
— ¡Que genial! — celebro mi hermano, seguido de una tos — ¿Podemos usarlo?
— Eh… — busqué el instructivo, no había — Supongo que aquí se debe de conectar tu tubo y… — presioné un botón — Así es como se enciende… — miro a mi hermano — No sé cómo usarlo y lo mejor será no tocarlo
— Oh… — mi hermano esbozó un puchero — Yo quería usarlo…
— No te preocupes peque, cuando mamá llegue lo usarás…
— De acuerdo… — Eddy volvió a sonreír — ¿Y a dónde ibas a ir?
— ¿Qué…?
— Mamá y tú estaban discutiendo porque querías salir y ella dijo que debías de regresar súper temprano
— Ah… iba a ir al cine
— ¿A ver qué?
— No lo sé… — me encogí de hombros — La verdad es que no sé — sonrío — Más que la película, quería ir por la persona…
— ¿Sabrina y Jacob?
— Sí… — reí — Ellos… — mentí — Sabes qué Peque… — miré a mi hermano y lo abracé — Me quedaré aquí a ver Bob Esponja contigo
— ¡¿En serio?!
Eddy sonrió de oreja a oreja.
— Sí
— ¡Sí!
Celebró mi hermano, abrazándome.
— ¿Qué te parece si buscas la película de Bob Esponja y la vemos en el televisor de la sala?
— ¿La del cacahuate?
— Esa misma
— ¡Sí!
Mi hermano podía ser muy tierno cuando se lo proponía y en ese momento estaba derritiendo mi corazón. No me importaba si me perdía el voluntariado, tenía que cuidar a mi hermano y realmente quería hacerlo. Tal como te dije la anterior vez, la enfermedad de Eddy, además de no tener cura, era impredecible. Ninguno sabía cuánto tiempo nos quedaba a su lado, así que lo mejor era aprovechar hasta el más mínimo segundo, prefería mil veces ver a la tonta esponja esa con mi hermano a tener que ir a hacer algo que realmente no quería hacer.
— ¿Eh?
El teléfono de la casa comenzó a sonar.
— De seguro es papá…
— Lo dudo…
Y de verdad lo hacía, porque si mi padre se hubiera ido por trabajo o algo similar, hubiera llamado para decir que volvería pronto, pero como no lo había hecho, sabía perfectamente dónde estaba: En la cama con Emily.
— Pondré pausa a la película
Eddy tomó el control del reproductor de video y detuvo la película.
— ¿Sí…?
Pregunté al teléfono.
— Buenas tardes señorita — era el hombre de la caseta de seguridad — Un joven en un auto antiguo está aquí y desea pasar
— Ah… — abrí al máximo los ojos — Sí… déjelo pasar — pedí — ¡Espere! — respiré hondo — Pídale sus datos para que pueda entrar en futuras ocasiones
— Sí señorita, hasta luego
— Hasta luego…
Colgué el teléfono ¡Nate estaba en la caseta de seguridad y estaba yendo a mi casa! Me levanté del sofá de un salto, miré a todos lados, me miré la ropa y me acomodé el cabello. Mi corazón comenzó a latir a toda velocidad, mis manos me sudaban ¡Me estaba empezando a poner muy nerviosa! Corrí hacia la puerta, me miré en el espejo, me volví a arreglar el cabello y respiré hondo. No había tiempo de hacerle más a apariencia, así que desistí. Posé mi mano sobre el picaporte, cerré los ojos y me mordí el labio inferior. Me moría de ganas por su llegada, realmente quería verle, que me abrace de nuevo y quizá, tan solo quizá, que nos volvamos a besar. Contuve el aire en mis pulmones y abrí la puerta de mi casa. Ahí, en la acera, estaba ese Rambler color verde y Nate Johns salía de ese auto.
— Maddy…
Nos miramos fijamente, él sonreía, yo intenté hacerlo, estaba tan nerviosa que no lograba controlar los músculos de mi rostro.
— Hola…
Susurré cuando lo tuve delante de mí.
— Fui a buscarte a tu voluntariado y me dijeron que no fuiste
— Oh… sí… es que…
— ¡Tú!
Eddy se asomó por la puerta.
— ¡Ey! — Nate sonrió — ¿Cómo estás, viejo?
— Bien — contestó mi hermano — ¿Quieres ver mi caja nueva?
— Eddy…
Miré a mi hermano, quien había tomado a Nate del brazo y ya lo estaba arrastrando a la casa.
— ¿Qué?
Preguntó.
— ¿No puedo pasar a tu casa?
Nate me miró con confusión.
— Eh… sí… es que… — la verdad es que no tenía ninguna respuesta para ello — Está bien…
Nate entró en mi casa.
— Tu casa es bonita…
El chico miró a su alrededor.
— Gracias…
Fue lo único que dije.
— ¡Ven! — Eddy tiró nuevamente del brazo de Nate — Mira… esta es mi caja…
Los dos chicos caminaron hacia la cocina, les seguí. Volveré a usar mi frase célebre: No podía creerlo. Realmente, Nathaniel Johns estaba paseándose por mi casa ¡Él realmente estaba ahí! Conversando con mi hermano sobre Los Caballeros del Zodiaco y Dragon Ball ¡No lo podía creer! Lucy Fallon podía meterse sus palabras por donde le cupieran, porque Nate estaba aquí, había venido porque no me encontró en el voluntariado ¡Esto me regresaba la confianza! ¡Esto disipaba todas mis dudas sobre él! Nathaniel realmente se preocupaba por mí.
— Wow, que genial
— ¡¿De veras?! — mi hermano miraba con admiración al chico de ojos verdes — Aunque no sé cómo usarlo
— Ah… es fácil… — Nate me miró — ¿Puedo?
— Claro… sí… — acepté — ¡Espera! — le detuve, el chico estaba a punto de desconectar a mi hermano de su tanque de oxígeno — ¿Realmente sabes cómo usarlo?
— Sí Maddy… — soltó una risita, encendiendo la máquina esa — ¿Listo, viejo?
— Sí
Mi hermano asintió con la cabeza.
— Uno… dos… ¡Tres!
Y en un hábil movimiento, Nate colocó el tubo de oxígeno en el aparato ese.
— ¡Wow! — mi hermano me miró — Puedo sentir el aire entrando a mis pulmones…
— Eso será más cómodo que los tanques
— ¿Cómo es que sabes usarlo?
Pregunté sin poder contenerme.
— En mi casa tenemos uno igual
— ¿En serio? — le miré con los ojos bien abiertos — ¿Por qué?
— Por mi papá — contestó, acomodándole la cánula a mi hermano — Él tenía cáncer de pulmón… — me miró, sonrió — Murió hace un año…
— Oh… lo siento tanto
— Descuida…
Me acarició la cabeza como un perrito.
— ¿Le extrañas?
— A veces… — contestó — Sobre todo cuando tengo que venir a las prácticas de soccer, él era quien solía llevarme
— Wow… — me senté en uno de los taburetes de la isla — ¿Puedo preguntarte algo?
— Dime…
— ¿Cómo fue?
— ¿Qué cosa?
Me miró sin comprender.
— Ya sabes… ese día…
— Oh… — frunció el entrecejo — Pues… — bajó la mirada y después volvió a mirarme — Tranquilo… comenzó tranquilo… — miró el mesón de la isla — Y entonces mi mamá me llamó, papá estaba agonizando, ya se estaba yendo… — me volvió a mirar — Y nos sostuvo de las manos cuando de repente… sonrió una última vez y… — se encogió de hombros — Se fue…
— Lamento haber preguntado
— Descuida, entiendo por qué lo preguntas — entonces, de pronto, me tomó de la mano — Lo siguiente que pasó es que mamá me abrazó fuertemente y ambos comenzamos a llorar, no nos dejamos de abrazar hasta que ambos nos calmamos… — sonrió — Los abrazos son de mucha ayuda
— Porque tranquilizan al sistema nervioso simpático
Intento sonreír.
— Precisamente…
— Wow… — miré a mi hermano — Y… ¿Fue fácil?
— ¿Qué cosa?
— Superarlo
Nos miramos fijamente.
— Fue una de las cosas más difíciles por las que he tenido que pasar
— Oh…
Volví a decir.
— Vas a tener que ser muy fuerte, por tu madre y por ti…
— No lo creo… — aparté la mirada — Tendré que ser fuerte porque no me quedará de otra… — me cruzo de brazos — Yo no tendré abrazos reconfortantes ni nada parecido… — bajo la mirada — Con algo de suerte, solo tendré que llorar en una esquina — respiré hondo — Y si tengo mala suerte… — fruncí los labios, de pronto se me había formado un nudo en la garganta — Probablemente me echen la culpa o algo peor…
— No creo que eso suceda… — le miré — ¿Hablas en serio? — no hice ningún gesto — Maddy… eso sería horrible… — bajé la mirada, me estaba avergonzando — ¿Realmente tu madre sería así contigo?
— Sí… — contesté en un susurro — No sería la primera vez que me culpa por las cosas malas que suceden, cosas que no puedo controlar…
— Wow… — volvió a tomar mi mano — Tu mamá da la impresión de ser dura, pero… no creí que tanto…
— No tienes idea — le volví a mirar — Hace tres años descubrimos que mi papá tenía una amante — comencé a decir — No tuvimos que investigar mucho, la verdad… — solté una leve risita — Él empezó a llegar muy tarde a casa, luego comenzó a llegar muy tarde y con la camisa llena de lápiz labial
— Que asco
— Y lo peor no es eso, lo peor era que mi padre se quitaba la camisa en la entrada y la dejaba sobre el sofá a vista de todos en la casa, como una bandera digna de presumir, como diciendo: “Vengo de tirarme a mi zorra” y lo mismo hacía con los recibos de los hostales, los dejaba sobre este mesón para que los pudiéramos apreciar
— Que horror…
— Emily Morales, así se llama ella… — solté un suspiro — Una joyita de mujer… — reí — Le mandó dos correos a mi madre, desde el correo de mi padre, relatándole con lujo de detalle cómo y dónde mi padre se la había follado… — sentí las mejillas arder, pero era tan liberador el poder soltar esto — También la llamó varias veces… para reírse de ella… y mamá… ella tuvo un colapso nervioso… mi hermano acababa de ser diagnosticado con fibrosis y mi padre le era infiel con su secretaria
— Pobre de tu madre
— Sí… — bajé la mirada — Yo tenía doce años… — recordé — Mi padre a veces me pedía que le dijera a mi mamá que se iba a ir al mecánico o a la oficina a ver algo de urgencia — el nudo en mi garganta volvió a formarse — Y yo lo hacía, pese a que sabía que era mentira… — fruncí el entrecejo — O bueno… en realidad no lo sabía, lo suponía, porque mi mamá paraba diciendo que “De seguro mi padre estaba revolcándose con alguien” — mi labio inferior comenzó a temblar — Ella lo decía muy seguido, ella constantemente me decía que mi padre estaba acostándose con alguien más, a mí, a una niña de doce años — los ojos se me llenaron de lágrimas — Y no solo eso… a veces me pedía que siguiera a mi papá, que vaya con él a la “Oficina” o que le haga berrinches para que se gaste su dinero en mí y no en su amante… — mordí mi labio, no quería largarme a llorar, no delante de Nate — Me pedía cosas que no quería hacer… a mí… una mocosa de doce años cuyos padres manipulaban para que hiciera cosas… cosas que realmente no quería hacer… pero a nadie le importaba…
— Pero tú obedecías…
Le miro.
— Porque no quería que se enojaran conmigo… — las lágrimas comenzaron a caer — Porque ya estaba perdiendo a mi padre y no quería también perder a mi madre… — solté un sollozo — Porque cuando no podía obedecer, cuando me rehusaba, mi madre me gritaba que era una mala hija y que por mi culpa su matrimonio se estaba acabando… — cubrí mi boca para evitar sollozar — Mi madre me culpaba, me gritaba y me amenazaba… a mí… a su hija de solo doce años…
— Maddy… — Nate se me acercó y me envolvió en sus brazos — Maddy solo eras una niña, no tuviste la culpa de nada — cerré los ojos, acurrucándome en su pecho — Ellos se equivocaron, ellos fueron los malos, no tú… — acarició mi espalda — Tu padre se equivocó al hacer que mintieras por él y tu madre se equivocó al querer que te involucraras en un tema que no te competía y después culpándote si no hacías bien un trabajo que no era tuyo…
— Lo sé… — nos separamos — Lo intento entender… — respiré hondo en un intento por tranquilizarme — Pero… — bajé la mirada — Ya pasaron dos años desde que mi padre se fue, dos años desde que mi madre me gritó a todo pulmón que yo era una mierda de hija y que me odiaba… — Nate volvió a abrazarme — Y aunque no lo han vuelto a hacer, aunque mi padre y yo nos llevamos bien, que mi mamá ya no me grita tan seguido… — solté una risita, eso no era del todo verdad — Aún duele… duele y mucho…
— Y por eso no puedes confiar en nadie que intente demostrarte afecto… — me acaricia el rostro — No te gustan los abrazos y no crees que alguien te pueda querer… porque temes que te desilusionen…
— No lo sé… — susurré — Supongo que sí…
— Maddy… — nos miramos fijamente — Te prometo que jamás voy a desilusionarte…
— No me lo prometas… — pedí — Eso lo hacía mi papá y hasta el día de hoy sigue encontrando nuevas formas de desilusionarme…
— Entonces déjame prometerte que voy a quererte de una forma sana… — sus ojos verdes brillaban — De una que sí te mereces…
Y diciendo esto, unió sus labios a los míos.