Suspiro, resignada, sabiendo que esto tomará su tiempo. Las chicas son meticulosas cuando se trata de arreglarme, y aunque lo agradezco, no puedo evitar sentirme como una muñeca en manos de dos estilistas con alma de generalas. Frente a mí, Axel me lanza una sonrisa apretada, de esas que intentan ser alentadoras pero que no logran ocultar el cansancio ni la impaciencia. Se encoge de hombros, como diciendo "ánimo, ya casi", y me hace una seña con la cabeza, como si quisiera decirme algo más, algo que no alcanza a pronunciar. Pero antes de que pueda siquiera responderle con una mirada, Selena se atraviesa entre los dos como una ráfaga de perfume y determinación. Se planta justo frente a mí, bloqueando mi vista de Axel, mientras Marina se posiciona detrás de mí, lista para a****r mi cabello

