Entre Sueños y Desafíos Contrarreloj Bartolomé, mi pequeño y absoluto soberano de cuatro patas, cierra sus ojos ambarinos por completo, rindiéndose ante el torrente de afecto que le profeso. Es un momento de paz casi sagrada. Siento bajo las yemas de mis dedos cómo la vibración de su pecho aumenta de intensidad, transformándose en un ronroneo rítmico, profundo y potente que parece reverberar no solo en la palma de mis manos, sino en mis propios huesos. Me sorprende su actitud dócil; normalmente, Bartolomé es un espíritu libre, un ser orgulloso e indómito que suele patalear con la energía de un niño pequeño en medio de un berrinche monumental hasta que logra zafarse de mis brazos. Su especialidad es aterrizar con una elegancia felina insultante en el suelo para luego mirarme como si yo fu

