Capitulo 39

1025 Words

En ese preciso instante de debilidad absoluta, escucho un sonido que para mis oídos cansados suena como un coro de ángeles: un zumbido metálico, un roce de cables, un susurro mecánico y divino. Giro la cabeza con la rapidez de quien ha olido pan recién horneado en medio de una hambruna. ¡El ascensor! Un bendito elevador, un milagro de la ingeniería moderna, un dispositivo de transporte vertical dispuesto a salvarme de una amputación espontánea de piernas. Las puertas se abren con un ping celestial. Dos parejitas de estudiantes salen de él, charlando animadamente sobre tipografías o colores luz, y yo, con los ojos inyectados en sangre y la desesperación de un náufrago, corro como si me persiguiera una estampida de rinocerontes. Me meto entre ellos, rompiendo su burbuja de romance universit

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