Levanto mi mano instintivamente hacia mi vestido para buscar mi teléfono móvil, pero me trabo a medio movimiento y me detengo en seco, dudando. Y es que... si agarro mi dispositivo en este preciso instante para ponerme a revisar pantallas, es muy capaz que me pierda de algo interesante que esté pasando a mi alrededor; creo que por fin entiendo en carne propia lo que tanto me repetía mi mamá cuando me decía con rabia que dejase de vivir atrapada en mi teléfono para poder empezar a vivir de verdad el mundo real. Teniendo esta valiosa lección en cuenta, decido dejar la tecnología de lado, me dejo llevar sencillamente por el flujo del momento y empiezo a caminar a paso lento por todos lados entre el gentío a ver a quién de mi grupo conseguía de casualidad. Por suerte para mí, la gente en este

