Bajé la maleta de la cama, dando por cerrado el hecho de desempacar y que todo estaba en el sitio en que debería. Había un silencio sepulcral en la habitación, que aveces era contrarrestado por la lluvia fuerte que hacia afuera, si embargo, el espacio era amplio y un tanto ostentoso, que me producía emoción y al mismo tiempo, por unos pocos segundos extrañaba a la fastidiosa de mi hermana y la habitación compartida. Estaría muerta de envidia si me viera en este momento.
Detuve mis pensamientos al recordar a mis padres, y que no había podido hablar con ellos desde que había llegado.
Busqué el celular en todas partes, ya que lo había dejado olvidado mientras sacaba todas mis cosas, pero por fortuna lo encontré cerca del balcón. No recordaba haberlo puesto allí, y menos en modo avión.
Cayó a buzón unas cuatro veces, e imaginé que por ser casi las diez de la noche, ella habría apagado el celular o estaría durmiendo, sin embargo, a los tres tonos en la siguiente llamada contestó.
—¡Sky!, ¿como se te ocurre no haberme llamado antes?, pensé que te había pasado algo. Tu hermana me dijo que habías llamado, pero no tenía ningún registro —dijo casi gritando y muy rápido, por lo tanto tuve que separar el celular de mi oreja.
—Tranquila mamá, estoy bien. Perdón por no haber llamado antes, pero era la emoción y tenía que desempacar. Estoy agotada —me dirigí hacia el clóset, donde buscaría en uno de los cajones una pijama corta para estar cómoda.
—Me imagino, cariño, ¿y como te fue el conocer a los hijos de Rebecca y Martín? —en el baño, mediante escuchaba a mi madre, dejé llenar la bañera con agua caliente.
—Bueno, fue un tanto extraño —coloqué el celular en altavoz, para quitarme la ropa y entrar a la bañera.
—¿Extraño como?, ¿No te trataron bien?, dímelo Sky.
—Tranquila, Emma fue muy amable y me dio la bienvenida. Corinne, la señora que los cuida y hace los quehaceres de la casa también, más sin embargo... —me arrunche un poquito más en la bañera, para disfrutar del agua, antes de echarme el jabón.
—¿Más sin embargo que?, ¿El tal Christian te trató mal? —suspiré, terminando de bañarme. ¿Como podría yo también desarrollar ese sexto sentido de las madres que con nada adivinaban todo?
—No, tranquila, él ni siquiera me saludó. Obviamente me miró como si quisiera matarme mientras duermo.
—Ay, tampoco seas tan exagerada, Sky —me abrigue en la toalla, rodando los ojos, pero seguramente sí lo hubiera visto, no le habría agradado nada como miraba—. Los Ponce son una familia muy amable, dudo que no hayan educado bien a su hijo mayor.
—No lo sé, mamá, pero parece que él es diferente. Quizás es antisocial —cogí una secadora de cabello que hallé en uno de los cajones, e inicié a secar mi cabello mojado. La tormenta seguía fuerte afuera, y por un momento la luz tintineo—. Aquí está lloviendo como si fuese el fin del mundo.
—¿Enserio hija?, aquí está al contrario, está haciendo mucha calor —la oí resoplar al otro lado de la linea, en el momento en que escuché un toque afuera—. ¿Y que piensas hacer mañana?, ¿Saldrás con tu amigo Matías? —me devolvió a la realidad la voz de mi madre nuevamente.
—Ah, si, pero aún no sé qué hacer mañana —me dirigí a la salida del baño—. Probablemente conozca algo cul... —me detuve de golpe al momento en que las luces se fueron por completo, y me quedé en mi lugar en medio de la habitación. Me fijé en la luz que entraba por el balcón, y noté que solo había sido en la casa, las demás seguían con luz. ¿Que había pasado?
—Sky, ¿sigues ahí?
—Si, mamá, solo se fue la luz en la casa.
—Ah, ¿solo en la casa?, probablemente estalló algún fusible —dejé mi celular en la mesa de noche, y una brisa fría en la cintura me puso rígida enseguida. Noté que la puerta corrediza del balcón estaba un poquito abierta.
—Si, es proba... Amh —fui empujada hacia la pared sin siquiera dar un paso hacia el balcón, dejándome atónita. Ni siquiera noté que tenía una mano en la boca, y un cuerpo rígido encima que no me dejaba mover por más que forcejara.
Mis intentos de apartarlo fallaron en cada uno de ellos, por más que pusiera fuerzas de voluntad, me había tomado desprevenida y sin nada con que defenderme. No sabía a quien tenía enfrente, tenía el rostro oculto bajo una capa de oscuridad y una capucha.
El pulso salió a correr sin previo aviso, las piernas me temblaban, y si no fuera por la presión del cuerpo desconocido frente a mis ojos, estaría en el suelo débil. No tardaron en correr gotas de sudor por mi rostro, y transpirar por todos los poros el terror que me provocaba tener a esa persona encima de mí con cualquier intención, menos las de dejarme ilesa de esta situación. No tenía tiempo de pensar, más que solo estaba pendiente de cada sonido, detalle y movimiento que hacía que pudiese ser peligroso.
—Sky, ¿sigues ahí? —traté de forcejar una vez más, para gritar a mi madre, pero solo provocó que este desconocido me tomara del cuello con fuerza—. ¡Sky!, ¿te dormiste?, ¿sigues ahí? —seguía gritando mi madre al otro lado de la línea, mientras yo me encontraba a unos diez pasos del celular atrapada en medio de la pared y la fuerza bruta de quién, evidentemente era un hombre.
Me podía imaginar lo peor, hasta el hecho de que fuese el asesino que tanto mencionaban en el pueblo, pero jamás llegué a imaginar encontrarlo cara a cara, y sentir tanto pánico. Sin embargo, mi cerebro me decía que no estaba aquí en mi habitación, en medio de la noche, en una noche lluviosa y con la seguridad de la casa apagada por que no había luz, solo por ganas de saludarme y darme la bienvenida al pueblo. Seguramente era una despedida.
Sin siquiera notarlo por la conmoción, noté que me había levantado del suelo algunos centímetros y que poco a poco me escaseaba la respiración por la fuerza que aplicaba en mi cuello. Cerré los ojos, intentando liberarme y rogándole al santo, y al mismísimo asesino que me dejara en paz, aunque en mi interior me estaba resignando a la idea de que iba a morir a tan solo horas de haber llegado al pueblo.
¿Como era posible?
Seguramente solo yo tengo tan mala suerte en este mundo.
Sentí su respiración agitada a solo milímetros de mi nariz, y varias lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos con pánico en abundancia. Solo la noche sería la testigo de este atroz crimen y mi familia, mis amigos y todos lo que me conocen, tendrán que oír la horrible noticia de mi muerte en manos de este cínicos. La idea de morir degollada me provocaba náuseas, que al instante eran reemplazadas por el pánico.
—Voy a disfrutar esto —dijo con la voz ronca y como si fuese su aliento miles de cuchillas afiladas, sentí que me atravesaban el cuerpo.