Abrí la puerta de mi casa después de haber salido por el desayuno, ya que mi madre no tenía ganas de cocinar. Mi hermana Lele había estado en fiesta y yo había pasado en vela casi toda la noche, pero eso no se lo iban a creer mis padres, y mucho menos cuando por alguna razón no me salieron bolsas moradas bajo los ojos. —Ya llegué —dije tirando las llaves a una mesa y me paré en seco al ver a la señora Sartori sentada en el sofá frente a mi madre. Mi corazón comenzó a latir rápido y fuerte. Estaba segura de que algún día se detendría por tantas cosas que tenía que pasar el pobre, sufriría más el que yo. Intenté aparentar que no estaba por desfallecer como una vela derritiéndose, por que no era correcto, sin embargo, su presencia simplemente empeoraba mi situación emocional. Su sonri

