LXXXIX

789 Words

—No soy un cobarde por no ceder a tus provocaciones —me miró fijamente—. Como tú dijiste que no eras capaz de delatarme a las autoridades, inclusive si eso arruinaba tu vida, yo no soy capaz de hacerte daño y no puedo ver a nadie intentándolo, ni siquiera Emma —tragué saliva. Mi corazón se quería salir de mi cavidad torácica. Estaba demasiado cerca y me estaba diciendo esas cosas, que no le hacían nada bien a mi cuerpo. —Tuviste un accidente por que fuiste detrás de ella y yo no pude con el verte morir, esto me está consumiendo. Bajó la mirada—. Ella se estaba dando cuenta que algo no andaba bien conmigo y sabía que era por ti —se lamió los labios—. Nunca debiste de viajar al pueblo. Suspiré—. Si, nunca debí hacerlo. No los hubiese conocido jamás y mi vida seguiría igual de aburrida

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