Miré a Matías como si ella se hubiese vuelto loca, aunque en realidad no conocía nadie más que él. Fue ahí que una parte de mi, una vocecita que se creía con razón, apareció para decirme que volver a la normalidad me caería bien. Una salida con mi estúpida hermana a uno de sus eventos aburridos, lograría estabilizar mi paranoia y corregiría el rumbo de mi vida. O más bien, lo normalizaria. —Yo no quiero que te me acerques —le dijo Matías y ella rodó los ojos, como si no lo conociera hace años. —Yo creo que sí voy a ir. Necesito normalidad en mi vida —dije casi en un susurro, pero por la sorpresa de Matías y la pequeña sonrisa de Lele, me di cuenta que si escucharon. —¡Genial! —¿Que? —me miró mi amigo como si hubiese perdido la cabeza—. ¿Te parece volver a la normalidad salir de fies

