1

1224 Words
El aire vibraba con la suave música y los murmullos de la multitud elegantemente vestida. Lámparas de araña doradas proyectaban una cálida luz sobre el espacioso salón, con copas de cristal tintineando mientras los invitados se movían, ataviados con vestidos y trajes a medida. La gala de esa noche fue un evento grandioso, organizado en apoyo a las artes locales, y aunque su propósito era celebrar todas las formas de arte, Amara Taylor sabía que todas las miradas estarían puestas en ella. Inhaló profundamente, con los dedos temblorosos mientras se ataba los cordones de los patines en el estrecho pasillo tras bambalinas. Era su primera actuación de gala: una oportunidad para demostrar su valía a la élite local, para captar la atención de quienes podrían impulsar su carrera. Pero más que eso, quería demostrarse a sí misma que todos los sacrificios habían valido la pena. Con un último aliento para tranquilizarse, empujó la puerta y se deslizó hacia la pista de hielo improvisada, inundada por el sonido de los aplausos. Se obligó a concentrarse, observando al público con una mirada rápida y decidida. Fue entonces cuando su mirada se posó en una figura cerca del fondo: un hombre alto de cabello oscuro, vestido con un traje impecable, con los brazos cruzados mientras observaba la escena con calma e indiferencia. No se mimetizaba como los demás; su presencia parecía exigir atención. Lo reconoció al instante: Liam Blackwell, el empresario que parecía aparecer en todas las portadas de revista que había visto en el último año. Si él estaba mirando, todos lo estaban. Un escalofrío le recorrió la espalda y respiró hondo, intentando que sus piernas no temblaran. Había entrenado para esto, se había preparado para esto. Amara levantó los brazos con gracia, señalando el comienzo de su rutina. La música empezó a subir de volumen y su cuerpo se movió instintivamente, cada deslizamiento y giro en perfecta sincronía. Con cada movimiento, sentía que se perdía en el ritmo, encontrando consuelo en lo familiar. Patinaba para sí misma, no para el público, no para él. El público guardó silencio mientras se acercaba a la parte más difícil de su rutina: un triple axel que llevaba meses perfeccionando. Se deslizó hacia atrás, ganando velocidad, con los patines cortando el hielo en una línea suave y practicada. Amara sintió cómo sus músculos se tensaban, preparándose para el salto. Se impulsó, girando en el aire con una elegancia feroz, y la gravedad desapareció por una fracción de segundo mientras giraba en pleno vuelo. Pero algo salió mal. Su ritmo se desvió ligeramente, una fracción de segundo, y en cuanto estuvo en el aire, supo que no era el correcto. Su cuerpo se retorció, luchando por realinearlo, pero ya era demasiado tarde. Cayó con fuerza, su patín golpeó el hielo en un ángulo extraño y se estrelló contra el suelo. El fuerte impacto le provocó un dolor intenso en la rodilla. Un grito ahogado recorrió a la multitud, y por un breve y desgarrador instante, Amara se quedó paralizada, con el corazón latiendo con fuerza mientras miraba el hielo bajo ella. Le ardían las mejillas, todo su cuerpo entumecido, salvo el intenso dolor en la pierna. Los murmullos se hicieron más fuertes, mezclándose con aplausos corteses e inseguros. Sin atreverse a mirar al público, Amara se puso de pie de un salto, con el rostro enrojecido por la humillación. Evitó mirar a los ojos a nadie, especialmente a él, y patinó rápidamente hasta el borde de la pista. Apenas logró recuperar el aliento antes de escabullirse por la puerta lateral, lejos de los curiosos. Una vez fuera, se quitó los patines, se puso las zapatillas y empujó la puerta de salida que daba al callejón vacío. El aire frío de la noche le azotaba la piel, áspero contra las gotas de sudor de la frente, pero apenas lo sentía a pesar del malestar que le retorcía el estómago. Se suponía que esta sería su noche, un trampolín hacia cosas más importantes. En cambio, había caído frente a las personas más influyentes de la ciudad, y el propio Liam Blackwell había presenciado su fracaso. Casi podía ver el titular ahora: La estrella en ascenso que cayó . Se apoyó contra la pared, con las manos temblorosas. Su sueño parecía más lejano que nunca. "Amara." La voz suave la sobresaltó, sacándola de sus pensamientos. Se giró bruscamente, conteniendo la respiración al verlo: Liam Blackwell, con expresión indescifrable, de pie a pocos metros de distancia en el estrecho callejón. ¿Cómo la había encontrado? "¿Me seguiste?" logró decir, su voz era una mezcla de confusión y enojo. Inclinó la cabeza ligeramente, con la mirada fija. "Te vi salir apresurado." —Bueno, no hacía falta —espetó ella, cruzándose de brazos para protegerse de su escrutinio—. No necesito compasión. Arqueó una ceja y torció la comisura de sus labios, casi como si su desafío le resultara divertido. "No te ofrecía nada." La declaración quedó suspendida en el aire, tomándola por sorpresa. Esperaba trivialidades vacías o palabras bienintencionadas y condescendientes, pero no... esto. No la mirada serena y directa con la que la miraba. Dio un paso más cerca, en voz baja. "¿Sabes por qué estoy aquí esta noche?" Frunció el ceño, intentando procesar la pregunta. "No... no sé. ¿Ver caer a la gente?", preguntó con amargura. Una leve sonrisa se dibujó en sus labios. «Estoy aquí porque aprecio el talento. Y lo vi en ti esta noche, a pesar de la caída». A pesar de la caída. Las palabras flotaron en el aire frío, y algo en ellas suavizó el nudo en su pecho. Estudió su rostro, buscando cualquier señal de condescendencia, pero solo había sinceridad en sus ojos, una firmeza que no esperaba. "No lo entiendes", susurró, dejando entrever su vulnerabilidad. "Esa era mi oportunidad. La gente como tú no recuerda a los patinadores que se caen". La mirada de Liam no vaciló. "La gente como yo recuerda a los patinadores que se levantan". Ella tragó saliva; sus palabras le resultaron más pesadas de lo que esperaba. Por un momento, guardó silencio, luchando con su orgullo y su vergüenza. Luego, incapaz de soportar la cruda honestidad entre ellos, apartó la mirada. "Gracias... supongo." Él asintió, pero no se movió. Su presencia persistió, firme, imperturbable ante su vacilación. "Amara", dijo, con un tono más suave esta vez, "no dejes que una caída te defina. Créeme cuando te digo que los contratiempos pueden ser tu mayor fortaleza si los permites". Dejó que sus palabras calaran hondo, y su corazón empezó a latir más despacio. Algo en su silenciosa confianza, en la forma en que parecía ver a través de sus defensas, le dificultaba contener la ira. Y tal vez, en el fondo, sabía que tenía razón. Sin decir una palabra más, Liam asintió por última vez y se alejó, sus pasos perdiéndose en la noche. Ella lo vio irse, todavía apoyada en la pared, con sus palabras resonando en su mente. La gente como él recordaba a los patinadores que se levantaban. Quizás esta noche no había sido su momento decisivo después de todo, pero el viaje no había terminado. Y al contemplar las tenues estrellas, sintió que una pequeña chispa de esperanza renacía, su determinación regresaba tan silenciosamente como se había ido. Por ahora eso fue suficiente.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD