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1269 Words
La gala estaba llegando a su fin, y Liam Blackwell se escabulló del abarrotado salón con un propósito. Había asistido a suficientes eventos como para saber exactamente qué esperar: brindis, aplausos corteses y alguna que otra presentación exagerada de alguien que intentaba conectar. Pero esta noche había sido diferente, y no tenía nada que ver con negocios. Amara Taylor. Liam había oído hablar de ella antes, incluso había vislumbrado su nombre en algunos reportajes locales de patinaje, pero nunca la había visto patinar en persona. Su actuación había sido cautivadora: la fluidez de sus movimientos, la intensidad concentrada de su expresión, la forma en que llamaba la atención sin siquiera intentarlo. Tenía talento, y era evidente que se entregaba por completo a su arte. Sin embargo, mientras realizaba ese último y complicado salto, él notó que algo fallaba, incluso antes de que tropezara. Y la expresión de su rostro al caer... Él mismo la había visto en el espejo, años atrás. Mientras se dirigía al pasillo donde la había visto desaparecer, se preguntó si siquiera le hablaría. Probablemente estaba lidiando con el dolor de la humillación, la frustración de una noche que había salido mal. Aun así, quería decirle algo, ofrecerle las palabras que deseaba que alguien le hubiera dicho durante sus propias dificultades. La encontró en el callejón detrás del local, su esbelta figura apenas visible en la penumbra. Estaba apoyada contra la pared, con la mirada perdida, los hombros encorvados como preparándose para una tormenta invisible. Por un instante, dudó, sin saber si debía acercarse. Pero la cruda vulnerabilidad de su postura lo impulsó a dar un paso adelante. —Amara —dijo, manteniendo un tono suave para no sobresaltarla. Giró la cabeza de golpe, abriendo los ojos de sorpresa. Rápidamente lo disimuló con una mirada desafiante, cruzando los brazos con fuerza sobre el pecho. "¿Qué haces aquí?" Liam mantuvo la distancia, con las manos sueltas a los costados, en una postura discreta. "Quería ver cómo estabas. Parece que te caíste fuerte." Soltó una risa amarga, negando con la cabeza. «Si viniste a decirme cuánto lo sientes por mí, no te molestes. No necesito tu compasión». Hizo una pausa, sorprendido por la actitud defensiva de ella. "¿Lástima?", repitió con voz serena. "No te estoy ofreciendo lástima". —¿Y entonces qué es exactamente? —replicó ella, con la mirada endurecida—. ¿Palabras sabias de un hombre rico que cree que puede resolverlo todo con unas pocas palabras amables? Su hostilidad era palpable, casi un muro entre ellos. Liam se dio cuenta de que no estaba preparado para la intensidad de su frustración. Pero no podía culparla; sabía lo que se sentía caer y que otros intentaran decirle que no era para tanto. Aun así, algo en su resiliencia, en su férrea independencia, lo impulsaba a romper ese muro. —Mira —dijo con voz firme—, entiendo que estés enfadado y avergonzado. Pero esa caída no cambia el hecho de que tienes talento. De lo contrario, no estaría aquí. Ella se burló, apartando la mirada de él. "Es fácil para ti decirlo. Lo tienes todo, ¿verdad? Una noche delante de la gente equivocada no te va a arruinar la vida". Liam entrecerró los ojos levemente, y un destello de comprensión lo invadió. Su frustración no se debía solo a la caída, sino a todo su viaje, al peso de cada obstáculo que había enfrentado. Era una sensación que él comprendía demasiado bien, incluso si sus caminos eran distintos. "¿Crees que nunca me he caído antes?" preguntó, con voz más suave. Amara lo miró con escepticismo. "Caerse en la sala de juntas no es lo mismo que caerse sobre el hielo". "Cierto", admitió, con una leve sonrisa en la comisura de los labios. "Pero créeme, sé lo que es luchar por algo y que se te escape de las manos". Por un instante, lo miró, lo miró de verdad, como si buscara sinceridad en su rostro. Pero entonces, con la misma rapidez, volvió la cautela y negó con la cabeza. "¿Por qué estás aquí, Liam? ¿Qué ganas con esto?" Él la miró fijamente. «Estoy aquí porque veo potencial en ti. Tienes talento, Amara, y esta noche fue solo una noche. No te define». Apretó los labios hasta formar una línea dura, sus ojos brillaban con una mezcla de ira y algo más, algo frágil que luchaba por ocultar. «No me conoces», susurró, casi para sí misma. «No sabes cuánto he trabajado por esto, cuánto he sacrificado...». Liam sintió el peso de sus palabras, la intensidad de su dolor. Pero también vio algo más: una chispa que no se había extinguido, ni siquiera ahora, ni siquiera en su ira. «No, no sé todo lo que has pasado», admitió, «pero sé lo suficiente para reconocer a alguien con determinación. Alguien que no deja que una sola caída lo detenga». Ella apartó la mirada, con los hombros tensos. El silencio se extendió entre ellos, lleno de palabras no dichas, emociones persistentes y los tenues sonidos de la ciudad. Liam notó que luchaba con su orgullo; su deseo de alejarlo chocaba con su necesidad de ser comprendida. Finalmente, dejó escapar un suspiro largo y tembloroso, y su mirada se suavizó un poco. "¿Por qué te importa?", preguntó con voz apenas audible. "Porque sé lo que es que te subestimen", respondió en voz baja. "Y sé cuánto duele sentir que nadie ve tu potencial. Quizás pienses que estás solo en esto, pero no es así". La expresión de Amara cambió; sus defensas comenzaron a resquebrajarse. Por primera vez, pareció considerar sus palabras, dejándolas reposar en lugar de rechazarlas. Pero entonces, con la misma rapidez, negó con la cabeza, reconstruyendo sus defensas. "Gracias por... lo que sea que sea esto", dijo con la voz entrecortada, la vulnerabilidad desapareciendo de sus ojos. "Pero estoy bien. De verdad." Liam la observó un instante, reconociendo la terquedad en su mirada, la determinación de no dejarle ver sus heridas. La respetaba, aunque no la comprendiera del todo. "De acuerdo", dijo, retrocediendo. "Pero recuerda lo que dije: esta caída no te define". Ella no respondió, con la mirada fija en un punto lejano, como si se negara a reconocer sus palabras. Él captó la indirecta y empezó a alejarse; sus pasos resonaban suavemente en el estrecho callejón. Pero justo antes de llegar a la puerta, miró hacia atrás por encima del hombro. "Si alguna vez necesitas apoyo, ya sea financiero, profesional o simplemente alguien que te escuche, aquí estoy", dijo en voz baja. "Espero que lo pienses". No esperó una respuesta, no se detuvo a ver su reacción. Simplemente regresó adentro, dejándola sola en el frío aire de la noche. Una vez que se fue, Amara dejó escapar un suspiro tembloroso, sus defensas se derrumbaron en el silencio. La ira, la frustración, la vergüenza, todo se mezclaba con una emoción que no esperaba. Él le había ofrecido amabilidad, no compasión. Le había hablado como a un igual, no como a una estrella caída. Y por mucho que quisiera ignorarlo, negar que sus palabras significaran algo, una pequeña parte de ella sabía que sí. Amara se recostó contra la pared, con la cabeza inclinada hacia el cielo nocturno. Dejó que el aire fresco la envolviera, aclarando sus pensamientos; su corazón aún latía con una mezcla confusa de emociones. Quizás Liam Blackwell no comprendía su mundo, sus luchas, pero la había visto caer y no le había dado la espalda. Y por primera vez en mucho tiempo, sintió que no tendría que afrontar este viaje sola.
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