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955 Words
Los aplausos se habían desvanecido y la multitud bulliciosa en la gala comenzaba a disminuir, pero Liam Blackwell solo tenía un pensamiento en su mente: Amara Taylor. La había observado en un silencio cautivado, impresionado por su gracia, su concentración y la pasión en cada uno de sus movimientos. Incluso en su caída, había mostrado una pasión, una resiliencia que lo conmovió profundamente. Había pasado años perfeccionando su oficio, construyendo su negocio con la misma intensa dedicación que había visto en sus ojos esa noche. Esa mirada —el ansia de éxito, el afán de superarse— no era algo que viera a menudo. Sin dudarlo, salió del salón de baile, dirigiéndose hacia la dirección en la que ella había huido. La encontró afuera, apoyada contra la pared del edificio, de espaldas a él, mientras miraba la calle vacía. Tenía los hombros tensos, su figura tensa por la frustración y la decepción. Había perdido sus patines, reemplazados por unas sencillas zapatillas deportivas, como si se hubiera despojado de la parte de sí misma que le había fallado esa noche. Los pasos de Liam eran silenciosos, pero ella lo sintió al instante, girándose bruscamente con una mirada defensiva. "¿Qué haces aquí?" preguntó ella, cruzándose de brazos como para protegerse de su mirada. "Vine a ver cómo estabas", respondió Liam con voz tranquila y mesurada. "Parecías dolido al salir de la pista". Entrecerró los ojos y soltó una amarga burla. "¿Así que viniste a qué? ¿A consolarme? ¿A decirme 'mejor suerte la próxima vez'? No necesito tu compasión." Hizo una pausa, sorprendido por la aspereza de su tono. «No te estaba mostrando compasión», dijo simplemente. «Pensé que te vendría bien un poco de ánimo. Esta noche fue solo una actuación, Amara. Un momento no te define». "Es fácil para ti decirlo", replicó ella, abrazándose con fuerza. "Eres Liam Blackwell. Tus 'caídas' probablemente sean solo pequeños contratiempos, y no ocurren delante de cientos de personas". Las palabras lo impactaron de repente. Ella no lo conocía, no realmente, pero ya lo había considerado alguien que nunca había tenido dificultades, que jamás podría entender lo que significaba fracasar en público. Por un momento, guardó silencio, sopesando su respuesta. "Lo creas o no", dijo lentamente, "sé lo que es caer. Y tener a todos mirando cuando sucede". Ella negó con la cabeza, con una expresión dura e inflexible. "No, no lo sabes. Puede que hayas tenido contratiempos, claro, pero la gente como tú no entiende lo que es arriesgarlo todo, entregar todo el corazón a algo, solo para que se derrumbe delante de todos". Liam apretó la mandíbula, pero mantuvo la voz serena. «No nací con lo que tengo ahora, Amara. Tuve que construirlo, y sí, cometí errores. Fracasé, públicamente, muchas veces. Pero así es como llegué aquí: negándome a dejar que esos fracasos me definieran». Las palabras se quedaron entre ellos, y por un instante, vio que su determinación flaqueaba, su mirada se suavizó levemente. Pero entonces, tan rápido como había aparecido, la vulnerabilidad se desvaneció, reemplazada por la misma dureza defensiva. "Gracias por la charla motivadora", dijo con tono mordaz. "Pero no necesito consejos de alguien que no entiende lo que es estar en mi lugar". Liam dio un paso al frente, con la mirada firme y la voz firme. «No des por sentado a gente que no conoces. Que trabaje en un campo diferente no significa que no entienda lo que es apasionarse por algo, arriesgarlo todo por ello». Ella apartó la mirada, con la mandíbula apretada, y durante un largo instante permanecieron en silencio. La tensión era intensa, sus defensas firmes, y él comprendió que ella no estaba lista para escucharlo; todavía no. —Bien —dijo al fin, con voz más suave—. Si no quieres consejos, te daré algo más. Ella lo miró, cautelosa pero curiosa. Él la miró fijamente. —No tienes que creerme, pero lo diré de todos modos. Tienes talento, Amara. Talento de verdad. Una caída no lo borrará. Y una noche no definirá toda tu carrera. Por un instante, creyó ver un destello de aprecio en sus ojos, pero se desvaneció tan rápido como apareció. Soltó una risa amarga, negando con la cabeza. «Quizás en tu mundo, ¿pero en el mío? La gente no recuerda a los que caen, recuerda a los que se levantan sin tropezar jamás». Liam suspiró, reconociendo el peso de su orgullo, el escudo que usaba para protegerse de la vulnerabilidad del fracaso. Conocía bien ese escudo; él mismo lo había usado alguna vez. Pero veía que ella no estaba lista para bajarlo, todavía no. "Como quieras", dijo, retrocediendo un paso y dándole el espacio que ella claramente quería. "Pero recuerda que no todos te ven como un fracaso. Hay gente que ve más allá de un error. Y si eres una de esas personas, volverás a la pista, más fuerte". Ella lo miró, con un destello de desafío y un toque de confusión en sus ojos. Esta vez, él no esperó su respuesta; asintió levemente antes de darse la vuelta para marcharse. Pero mientras se alejaba, sintió su mirada fija en su espalda, como si intentara descifrar sus intenciones. Liam regresó al salón de baile, con la mente aún puesta en la patinadora de espíritu feroz e inquebrantable. Puede que lo hubiera ignorado esta noche, pero presentía que sus caminos volverían a cruzarse. Admiraba su resiliencia, su renuencia a aceptar la compasión, incluso si era injustificada. Y al volver a entrar en la gala, se sintió inesperadamente intrigado. Amara Taylor era una luchadora. Y aunque no lo supiera, esa caída de esa noche era solo un paso en un viaje que él sospechaba que estaba destinada a conquistar.
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