Con el paso de los días, Amara no podía evitar la creciente calidez que se instalaba en su pecho cada vez que pensaba en Liam. Su presencia se había convertido en una constante reconfortante en su vida, una fuente de estabilidad y aliento. Era más que un simple espectador en la pista o un discreto aficionado en un segundo plano: era alguien a quien admiraba, alguien cuya opinión le importaba de maneras que apenas comenzaba a comprender. Pero por mucho que intentara ignorarlo, una verdad incómoda empezó a invadir sus pensamientos: su admiración por él estaba cambiando, profundizándose en algo mucho más vulnerable y arriesgado. Se preguntó cómo sería tenerlo cerca, confiar plenamente en él, compartir los momentos tranquilos y despreocupados que siempre había reservado para sí misma. La idea

