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Pero ¿él? Se mantiene inmóvil, tratando de asimilar la noticia que removerá el suelo bajo sus pies. Esperando que su voz y su aroma sean solo una coincidencia. Rogando que ella no sea ella. —Te estoy hablando, asesino. Abre el maldito– Sus palabras se pierden cuando el hombre se da la vuelta. Y sus ojos se encuentran con el intrigante par de orbes verdes. Y se abren de par en par. Eran los mismos ojos cautivadores... a los que se ha sentido atraída desde hace unos días. ¡No! ¡Esto no puede estar pasando! ¡Dios, por favor! Se le seca la garganta al verlo con una expresión sin emociones. Que infunde miedo en su interior. Y ella, por un segundo, piensa que no conoce al hombre que está frente a ella. No es el hombre que vio hace una hora. Parece un monstruo...una bestia... un asesino

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