La Ruidosa Llega al calabozo solo para ver a los guardias reunidos alrededor de una celda específica. La voz de su compañera era alta y autoritaria, desafiando a cualquiera a acercarse a ella. — ¡Te mataré, juro! ¡Retrocedan! Logró tomar una espada y la movía sin control. Haciendo que los guardias gritaran preocupados. — ¡Cálmese señorita! ¡Se lastimará! — ¡No me importa! ¡Les pedí que abrieran la maldita puerta, maldita sea! ¿Por qué no la han abierto hasta ahora? —No podemos... abrir sin la orden del Alfa– —Váyanse al infierno con su inútil Alfa y su orden. ¡Dije que abrieran! Grita literalmente, haciéndome suspirar. Los guardias intercambian una mirada de horror. Nadie se atreve a pronunciar mi nombre aquí, y mucho menos a faltarme al respeto. Y la veo. Demasiado estúpida para

