El viaje en auto fue extremadamente incómodo, la pelirroja que descubrí que se llamaba Bianca Stevens era la mujer más incómoda y majadera que había conocido en la vida; con solo decir que a los cinco minutos de viaje obligó a Anton a parar en un minisuper porque necesitaba un café caliente, chocolates y repostería para reponerse del frío de la noche.
Lo peor no fue eso, lo peor fue él obedeció, así que yo aproveché y le grité que también me trajera un café cuando lo vi caminando hacia la entrada del local, Bianca volteo los ojos y se burló de mí: «no vales ni eso» murmuró entre dientes, el guardaespaldas que nos acompañaba en el auto hizo un gruñido de incomodidad.
Anton regresó, le dio a la susodicha todo lo que ocupaba, creí que me había ignorado hasta que extendió su mano y puso un café caliente entre las mías, Lía yacía dormida en el cargador pegada a mi pecho y al parecer notó lo absurdo de la situación porque soltó un risita entre sueños.
—¿No te da vergüenza?—me increpo Bianca, mientras el auto avanzaba—te vas del país luego de tratar a Anton como una escoria y luego regresas siendo madre soltera a buscar su cobijo, eso es demasiado bajo.
—Si me da pero me la aguanto—el guardaespaldas hizo un sobreesfuerzo por no reír—en realidad vine por el funeral de mi madre, no sabía nada de mi exnovio hasta hoy, yo fui quien terminó la relación, ¿para qué lo buscaría?, ¿para que espiarlo si yo lo bote?—ella me miro con cara de terror y sorpresa, seguro pensaba que yo era una tipeja demasiado cínica—no es mi estilo: pasado pisado, no te preocupes por mí... No busco recuperar a ese hombre o alguna tontería de ese estilo.
—Tampoco podrías—respondió ella a la defensiva—ahora eres una cucaracha que nisiquiera le llega a los tobillos al señor Brashen, ¿entendiste?—me miró frunciendo el entrecejo, su delicada piel pálida y sus ojos celestes no me resultaron nada amenazantes solo me aguante la risa que traía atorada entre pecho y espalda.
—Cálmate Bianca, actúas como si estuviéramos en una novela de mala calidad—me burlé—la gente sigue con su vida, nadie se vuelve loco porque a su ex le vaya bien o mal en la vida, es parte de crecer, de madurar—suspiré—recuerdas con nostalgia y cariño pero sin añoranza, deja de creer que tengo planes maquiavelicos de ese nivel porque no es así.
—Ya paren—Anton interrumpió, seguramente ya estaba un poco exasperado por esa discusión ridícula que no llevaba a ninguna parte.
—¡Espero que no la estes defendiendo!—lo increpo la señorita Stevens—sabes lo que hizo: es malévola hasta el tuétano, es una mujer miserable que te humilló y te dejó en la calle; no sientas lástima de ella porque ahora tiene un bebé y seguramente le fue mal en la vida por ser tan mala persona.
—Sé bien lo que pasó—respondió Anton—no me lo tienes que recordar, gracias por preocuparte por mí... Pero conozco muy bien a Alma Belton no necesito que nadie me advierta de ella... Sé que es capaz de decirte "te amo" en la noche, domir acurrucada entre tus brazos y a la mañana siguiente denigrarte y hacer que te despidan y tachen tu nombre por ladrón sin siquiera cuestionarselo una sola vez—me quedé en silencio.
No lo cuestioné es verdad: mi mejor amiga me presentó un sinfín de pruebas que a mi parecer eran irrefutables, obviamente confíe en ella, había estado conmigo antes de que lo conociera... Siempre juntas desde pequeñas. Abracé la verdad que ella me contó, creí que estaba salvando la empresa de mi padre, le creí a ciegas porque la amaba y la protegía como a una hermana, incluso más que a mi pareja de aquel momento... «¿Por qué iba a dudar de la mujer con la que compartía penas y glorias desde hacia más de quince años?» No. No lo hice.
Claro que me volví loca como solo un animal herido podría hacerlo, mi papá estaba enfermo, pasando por una quimioterapia y repentinamente vi a su "mano derecha" apuñalarlo por la espalda, no hubo duda para mí: saqué al traidor de nuestras vidas y aterrada de que le hiciera algo más a alguien cometí el error del escarnio público.
Muchos años después, viviendo en el extranjero, cursando mi maestría y casada con aquel agresor de mi ex-esposo descubrí la verdad: o mi amiga se equivoco o alguien falsifico los informes, me di cuenta cuando papá murió y me llegó una correspondencia con todas sus pertenencias. No busqué a aquel pobre muchacho para disculparme porque el duelo ocupo el lugar del perdón y ahora siendo huérfana, madre y con circunstancias tan duras sobre mis hombros aquella charla me parecía algo lejano.
—¿Entonces no tienes nada que decir Señorita Belton?—inquirio Bianca.
—Las excusas son para los héroes redimidos no para los villanos.
—Es que admites con todo el cinismo del mundo que eres mala—ella se carcajeo—pero el que la hace riendo llorando la paga.