Anton me dijo que fuéramos a cenar, el día la habíamos pasado aburridos en casa así que tenía ganas de despejarse.
Le dije que fuera el solo, que yo prefería quedarme con Lía y dormir temprano; la verdad es que conversar con él siempre era una guerra fría y eso era un poco agotador.
Pero no quiso, mandó a llamar a una empresa de niñeras y me indicó: «serán un par de horas, necesitas despejarte, siempre estas con tu hija» lo miré mal pero acepté con la amenaza explícita de que si algo le sucedía a mi hija lo aniquilaría con mis propias manos.
Cuando volví a la habitación un vestido azul cielo junto con una tarjeta me esperaba sobre la cama, la leí con cara de pocos amigos:
Vístete como una persona decente, Alma Belton.
Me reí en voz baja, me fui a cambiar y al verme en el espejo me di cuenta de que aquel color me quedaba precioso: hacía resaltar mis pecas, mis ojos ambarinos y mi cabello dorado.
Cuando bajé la escaleras la cara de Anton lo delató, casi se le cae la quijada al suelo. Me burlé y le comenté que cuidado se le metía una mosca por tener la boca tan abierta.
***
El restaurante era un lugar precioso, cálido, con paredes de madera blanca y candelabros de cristal. Nos sentamos, el Señor Brashen ordenó algún platillo caro y pretencioso, yo pedí unos tacos.
—Que ordinaria—me dijo viéndome mojar mi comida en una deliciosa salsa verde—¿desde cuándo eres tan corriente?
—Desde siempre—respondí sonriendo—más cuando se trata de comidita rica—le pegué un mordisco a mi delicioso taco—tú eres demasiado insípido, igual que tu comida de rico, una pena... Antes disfrutabas hasta del puesto de hotdogs callejeros.
—Antes, ya no. Pero parece que solo uno de los dos mejoró en la escala social—me miró burlesco—tu te estancaste, incluso podría decir que tu situación se volvió más... Deplorable.
—Andas grosero, ¿eh?—seguí comiendo tranquila—no pasa nada, eres rico y todos lo sabemos no es necesario que continúes reafirmando tu realidad para tratar de equilibrar tu pésimo autoestima con tu opulenta cuenta bancaria.
—Eres demasiado perspicaz—se quejó—Bianca hubiera hecho un moín y hubiera respondido algo como: «lo sé señor Brashen, usted es millonario y yo solo soy una chica humilde, sé que no soy suficiente para usted»—me carcajee sin poder evitarlo.
—No puedo creer que ese tipo de contestaciones mediocres te hayan seducido, cuando éramos jóvenes discutíamos apasionadamente... Te encantaba escuchar mis argumentos, ahora solo quieres que te adulen, es demasiado vacío para mi gusto.
—Tu destruiste mi gusto por las mujeres de lengua afilada e ideales inquebrantables, me di cuenta que prefiero la seguridad de una chica que no rebata cada palabra que digo; no porque sea más divertido sino porque me da tranquilidad.
—Genial, escoger la tranquilidad por encima del drama es algo muy maduro. A veces creemos que estamos enamorados por culpa de la adrenalina de las peleas pero no es así, al menos no es sano. Me alegra que con ella tengas paz.
—No es que no discuta con Bianca—contestó—pero sé que ella va a ceder. Bianca es de hecho muy melodramatica, siempre me cela con cualquier mujer, me dice que sabe que podría engañarla con facilidad, que sabe que es culpa de ellas por tentarme... En fin.
—¿Le has sido infiel a Bianca?—él no contestó nada—me avergüenzas Anton Brashen, de ser así... Que poco hombre, cómo podrías atreverte a traicionar la confianza de quien será tu futura esposa y la madre de tus hijos.
—Alma—sus ojos verdes me escanearon—ambos estamos en el mismo escaño. Hace un año y medio tuve una pérdida económica notable, en esa época ella aún no era mi prometida, descubrí que estaba conversando con el nuevo jefe del mercado.
—¿Conversando solamente o algo más?
—Algo más, le decía que si él quería ella me podía dejar, que yo estaba acabado—él se río—así estuvo un buen tiempo, hasta que recupere mi posición y botó al otro.
—No entiendo Anton—musité—¿por qué te casarías con alguien así?—sentí que aquello era un sinsentido total, al parecer el Señor Brashen era un inepto de primera categoría.
—Porque sabe que lo sé y eso extrapola mis límites—una sonrisa de quien sabe que tiene el poder y no teme jugar con los recodecos de la moral apareció en su boca—cuando regreso luego de una cita con él la confronte, le mostré una nota en la que yo volvía a recuperar mi posicionamiento económico por mucho, el otro estaba hundido: malversación de fondos, legitimación de capitales, corrupción y más. Ella me suplicó perdón, yo no quise ceder hasta que dijo lo siguiente: "Anton dejaré que estés con cualquier mujer, seré solo tu esposa de papel, nunca me quejaré... No seré una molestia para ti".
—Vaya—terminé la comida y comenté:—que relación tan horrible.
—Es un mutuo acuerdo, no me interesa ser fiel y Bianca tolero ese acuerdo... Es más: salió de ella.
—Pero... Cuando estábamos juntos decías que creías en la monogamia, que te daba asco tocar a otra persona, que querías amar a una sola mujer por el resto de tu vida... ¿Mentiste todo el tiempo?
—Nunca te mentí–sus ojos verdes centellearon—en ese momento esas eran mis convicciones, ahora no.
—¿Por qué?, volverse una mala persona no es la respuesta adecuada a las dificultades de la vida.
—Piensa lo que quieras, pero ya no me interesa eso Alma... No desde ti—suspiró—me di cuenta de que el vacío se llena más fácil con muchos cuerpos, con recuerdos nuevos, con lujuria... Que siendo un monigote fiel y estúpido.
—Cuidado te enfermas—lo advertí—andas jugando con fuego.
—Sé cuidarme solo.