Capítulo 7

1304 Words
Yelena Desde el momento en que me sinceré con Agata y le conté a detalle lo sucedido con mis padres, nuestra relación mejoró enormemente. Ahora evita bombardearme de preguntas a cada minuto y entiende mis diversos estados de ánimo. Días atrás me tocó contarle el porqué de mis ausencias nocturnas los fines de semana, quedó asombrada con la cantidad de dinero que gano bailando y ahora quiere trabajar en el club. De hecho, esta noche me acompañará y buscaré la oportunidad de hablar con el señor moja bragas, título bien merecido que le pusieron las chicas, para que le dé una oportunidad. Y es que, a más de una tiene suspirando y lo peor del caso es que nunca se ha metido sexualmente con alguna. Mis esperanzas de follarlo se fueron al drenaje cuando supe que no suele tocar a ninguna propiedad del local. Así es, tenía esas esperanzas porque realmente no puedo sacar de mi cabeza nuestro primer encuentro en la sala V.I.P., cada vez que recuerdo lo ocurrido, me mojo tal cual como un caracol deja su baba al arrastrarse por el suelo. Estos días que he estado trabajando allí no he coincidido casi personalmente con él, siempre se encuentra en reuniones de negocios con el jefe principal de la mafia rusa, Dmitry Sokolov. Quien por cierto es un hombre tenebroso en cierto punto. Tiene muchos tatuajes y su porte da mucho de qué hablar. Cuando él está en el lugar, el entorno se vuelve turbio y se hace notar desde que entra al club. Lo cierto es, que a medida que paso tiempo allí he ido conociendo poco a poco a los clientes que asisten a disfrutar del espectáculo. Les encanta el morbo, ver como una chica los seduce y no pueden tocarlas. En mi caso me doy cuenta cómo sus ojos brillan cada vez que subo al escenario. Incluso a más he pillado con la entrepierna erecta ante mi espectáculo; lo cual causa sensaciones extrañas en mi cuerpo. Ahora que trabajo en un club nocturno, mis sentidos han cambiado tanto que hasta me desconozco. No pensé en atreverme a cosas que eran imposibles para mí desde lo ocurrido con los italianos. El tiempo ha pasado y estoy sanado en varios aspectos de mi vida, tal vez este sea uno de ellos... Claro está, no diré que los sujetos que van son puros hombres regordetes, babosos y horrendos porque no es cierto. Si hay uno que otro con estas características, pero en su gran mayoría pareciera que físicamente tuvieran un molde para hacerlos. Lo sé porque tengo la costumbre de observar a cada espectador desde mi lugar, de este modo los analizo y uso a mi favor en cada acto. Hoy haré algo inusual para causar impresión entre los presentes y así me den más propina. Repasé mi rutina al menos unas mil veces para que todo salga bien, deseo quedarme por el tiempo que sea necesario allí porque la paga es muy buena. Adicionalmente, aprovecho de deleitar mis ojos con un semental que me tiene babeando por él. Termino de ultimar los detalles de mi atuendo y finalmente lo termino. —¿A qué hora nos vamos, Yelena? —Pregunta, Agata, sacándome de mis pensamientos. —Deberías comenzar a arreglarte, iré a bañarme para que nos vayamos. —¡De acuerdo! —Aplaude, emocionada. Me dirijo al baño y una vez estoy en él, Vigo Nóvikov irrumpe en mi mente. Llevo la mano a mi v****a y la toco antes de abrir la ducha. Muerdo mi labio inferior al darme cuenta de que estoy completamente empapada. Hago pequeños movimientos circulares en la parte sensible y gimo bajo al sentir placer, el mismo que tiene días volviéndome loca y por el cual no puedo hacer absolutamente nada. Él no tiene idea de cuanto lo deseo y tampoco creo que haga algo al respecto. No ha habido una mujer que sea capaz de romper los estereotipos que ha creado en el club y yo no seré la excepción. Acelero los movimientos al mismo tiempo que toco mis senos y los aprieto con pasión. Gimo, inclino mi cabeza hacia atrás, arqueo mi espalda y siento un orgasmo llegar tras otro. No puedo gritar como lo deseo y esto me frustra; minutos después muerdo mi labio inferior para luego dejar escapar un gemido ahogado al borde de la desesperación. —¡Ohh!... Vigo Nóvikov, hazme tuya y lléname de placer, por favor… —susurro para mí a medida que me corro y llego al clímax. Coloco las manos en la pared y bajo el rostro, tratando de controlar mi respiración. ¡Carajo! Desde que conocí a ese hombre no paro de masturbarme en su honor. No puedo seguir así, debo hacer algo. Es primera vez que me pasa algo como esto, que me siento de este modo, que me desespero al no tener sus manos tocando mi cuerpo y que deseo un pene dentro de mí. Abro la ducha e inmediatamente siento el agua caer por mi cuerpo refrescándome por completo. Una vez termino, me unto la crema y me coloco la lencería que tengo pensado usar hoy, es atrevida y muy sensual. Sinceramente, me siento extraña al vérmelo puesto, pero no daré marcha atrás. Deseo volver loco a más de uno, incluyendo al mismo señor moja bragas. Correré el riego… Cuando llego a la habitación, Agata se encuentra maquillándose. Le sonrío y camino hasta mi cama, donde dejé la ropa acomodada que me llevaré puesta. —¿Lista? —pregunto, tomando mi bolso y colocándomelo en el hombro. —Sí. —Okey, vamos. Salimos de la habitación y al llegar al exterior del edificio, tomamos un taxi. Pasados unos minutos estamos de pie frente a la parte trasera del local, que es por donde entramos. Agata se queda admirando la puerta sin decir nada, a lo cual pregunto: —¿Estás bien? —Sí, solo… —gira a verme y veo sus ojos brillar—. Estoy emocionada por conocer un lugar como este. Su respuesta me asombra y a la vez me hace preguntarme: ¿por qué alguien como ella estaría emocionada por conocer un prostíbulo? No tengo idea, pero no soy quién para juzgar sus gustos. Entramos al local y voy saludando a cada uno de los chicos que veo. Llegamos al camerino e inmediatamente le presento a las chicas que trabajan aquí, estas la saludan con cortesía y la llevo hasta la mesa que me corresponde; le indico que tome asiento al lado de mí mientras me quito la ropa que traigo puesta. Termino de arreglar lo que en la academia no pude hacer, como el cabello, el maquillaje, así como el resto del atuendo, para finalmente estar lista para la acción. —¡OMG, Yelena! ¿Realmente eres tú? —inquiere, emocionada cuando ve el resultado final. Sonrío. —Sí, Agata. No armes drama o pensarán lo peor de mí —digo esto último a modo de susurro. Sonríe a medida que asiente con la cabeza. —De acuerdo… —Yelena —escucho que me llaman. Dirijo la vista a la entrada del camerino y veo a Artur, el presentador. —Es tu turno —me notifica. Asiento y me levanto de mi asiento. —Mucha suerte, Yelena, aunque sé que no la necesitarás. Eres muy buena en todo lo que haces. —Gracias, hermosa. Ven, vamos, te diré desde donde puedes ver mejor el espectáculo, no puedes perdértelo. Asiente y me sigue. La dejo a un lado del escenario para que vea todo desde cerca y yo me encamino por la oscuridad para ubicarme en mi posición. Una vez estoy lista, la luz del reflector me alumbra y comienza a sonar Watch me burn, de Michele Morrone. Esta noche promete muchas cosas, descubrir es una de ellas…
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