Vigo —Esto no puede ser cierto, Hendrik. Yo… No sé qué pensar… —suspiro y bajo la cabeza. Las lágrimas comienzan a salir de mis ojos sin que pueda darme cuenta. En mi puta vida había llorado y ahora lo hago por algo que siento me está consumiendo. Me siento dolido, impotente, molesto y ultrajado por parte de Natascha. Cómo es posible que no me dijera nada el día que nos topamos en el restaurante. Es decir, ella está al tanto de toda esta mierda y fue incapaz de mencionarme: Vigo, por cierto, tenemos una hija. ¡No, nada! La muy maldita me negó el derecho de ser padre, de ser la figura paterna de Kira. Ahora cómo se supone que recuperaré el tiempo perdido, ¡¿cómo?! —Vigo, escucha, debes actuar. Dime lo que quieres hacer y te apoyaré sea lo que sea, lo sabes. Lo más importante aquí es Kir

