Prologo

806 Words
cinco años después Tomo una ducha de agua caliente, usando como siempre mi jabón con olor a chicle y mi shampoo con olor a vainilla, salgo y secó todo mi cuerpo perfectamente bien, unto crema en mi cuerpo y me coloco unas lindas bragas de seda color crema y un sostén del mismo color, luciendo bastante sensual en este, modelo un poco frente al espejo y me río negando con la cabeza, miro la hora, voy tarde como siempre. Tomo una blusa negra con flores rojas y amarillas y me la coloco, hago lo mismo con unas mallas negras ligeramente transparente y un overol de falda color café de gamuza, finalmente tomo mis Converse negras y me las coloco para dar por terminado mi atuendo. Cepillo mi cabello y me rocío algo de perfume, me coloco unas lindas gafas sin aumento y por fin puedo salir de mi casa para la fiesta. Cuando voy en mi auto siento como mi estómago ruge, bastante fuerte, y es entonces cuando me doy cuenta que no he comido absolutamente nada en todo el día, miro la hora nuevamente, qué más da igual ya voy tarde. Tomo la salida siguiente y conduzco hacía el McDonald's más cerca. Cuando estoy a punto de meterme al servicio para llevar, me doy cuenta que está cerrado, blanqueo mis ojos y me decido entonces a entrar. Una vez dentro, empieza una pelea mental entre la doble queso o de pollo. –Siguiente –habla la muchacha detrás del mostrador. Indecisa avanzo y sin darme cuenta, choco con un cuerpo. –Lo siento –respondo sacudiéndome y mirando a la persona con la que choqué. –Descuida, yo... Un silencio se hace entre nosotros. Mi corazón se estruja y siento como se me hace difícil respirar, mi cuerpo entero comienza a temblar, se hace un nudo en mi garganta al ver aquellos penetrantes ojos azules, paso saliva con esfuerzo y me incorporo bien, mi boca sigue semi-abierta y mis parpados se cierran repetidas veces intentado mantener mi mirada despejada pero es imposible, las lágrimas ya llenan mis ojos. Habían pasado cinco años desde que le había visto, y parecía que no le había afectado en absoluto. –Logan –logro susurrar. –Olivia–sonríe de lado. –Siguiente –insiste la chica del mostrador. Miramos ambos hacia atrás y dejamos pasar a quienes están ahí, vuelvo a mirarlo y me siento débil. –¿Cómo has estado? –pregunta. –Bi-bien –logro articular. Logan sonríe y asiente. –¿Y tú? –pregunto, reaccionando de golpe. –Bien, también. Pasa su mano por su cabello y después por su cuello, puedo notar una linda sortija plateada y no puedo evitar fruncir el ceño ante aquello. –T-tú es-estás... –señalo su mano. –Oh, esto... –sonríe nervioso–, yo... –¿Cariño? –una voz femenina se acerca a él y lo toma de la mano–. ¿Pasa al...? Ella, es la misma de hace cinco años. –Sí, estoy comprometido con Anne. Siento mi mundo derrumbarse, me giro y salgo de ahí dispuesta a olvidarme de Logan Hamilton, porque sí, aun después de tanto tiempo no lo había olvidado pero ahora tenía una razón para hacerlo. ¿O no? Mis manos temblaban y sentía mi corazón en mi garganta, a punto de salir por mi boca, mi vista estaba nublada a causa de las lágrimas acumuladas en mis ojos y comenzaba a necesitar sorber por mi nariz. Busqué las llaves de mi auto en mi bolso, y justo cuando las encuentro se resbalan cayendo al suelo, me muevo y para mi gran suerte las pateo haciendo que queden debajo de mi auto. Suspiro y blanqueo mis ojos, dejando que la desesperación salga por fin de mi cuerpo. Suelto un quejido bastante ruidoso y doy una patada al suelo, tantos años y seguía siendo bastante infantil. Me recargó en el auto y cierro mis ojos comenzando a sentir como las lágrimas recorren mis mejillas. –¿Necesitas estas? Abro mis ojos alterada nuevamente encontrándome con aquellos preciosos ojos azules haciéndome temblar a causa de los escalofríos que recorrieron inmediatamente mi cuerpo. –Gracias –tomo las llaves e intento abrir mi auto. Pero como siempre, el temblar de mis manos me evita poder hacerlo y me vuelvo a quejar soltando un pequeño sollozo. –Déjame a mí –Logan toma de mis manos las llaves y abre el bettle amarillo frente a nosotros–, listo. Paso saliva y tomo las llaves, nuevamente. –Gracias. Intento meterme de una vez por todas en el auto y desaparecer pero sus brazos me lo impiden, pues ya estoy entre ellos, sintiendo su respiración en mi cuello, dejándome inmóvil y al mismo tiempo helada. –Creí que jamás volvería a verte, princesa.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD