Capítulo I Caleb

1471 Words
Siento como me pongo fría al escuchar aquel apodo. Me sacudo soltándome de su agarre, y mirándolo confundida y en cierta parte, molesta. –¿Princesa? –pregunto ofendida. Logan tiene una sonrisa de lado en su rostro, y no puedo controlarme, con un suspiro estampo mi mano completamente abierta contra su rostro volteándolo en un ángulo de noventa grados. –¡¿Princesa?! –suelto gritos, llamando la atención de los cercanos–. ¿Así de simple crees que puedes llamarme princesa? ¡Eres increíble, Logan Hamilton! Observo como se soba su mejilla y se voltea nuevamente a mí. –No soy tan fácil como antes –me coloco erguida, a pesar de estar consciente de que ni así estaría a su altura. –Jamás dije que fueras fácil –responde–, pero debes de... –No soy una pequeña niña, mira como he crecido –le reitero. –Lo puedo observar bastante bien –pasea su mirada en mí con descaro. –Basta –levanto mi mano para estamparla contra su rostro de nuevo, pero antes que pueda tocarlo él me detiene. –¡¿Por qué me golpeas?! –pregunta sorprendido. –¿Por qué? ¡¿Por qué?! –me zafo de su agarre y sin problemas estampo dos veces mi mano en su rostro–, eres un idiota. Me meto en mi auto amarillo y lo enciendo sin esperar más y arranco observando en el parabrisas como la imagen de Luke se va haciendo cada vez más pequeña.     ||  Después de unos quince minutos llego al pequeño y lindo jardín donde estaban festejando mi cumpleaños, mi cumpleaños número veinticinco. –¡Mi amor! –la voz de mi madre llega a mis oídos exaltada. –¡Mamá! –respondo y camino hacia ella. –Oh, mi niña está creciendo –exclama abrazándome y plantando un beso en mi mejilla. –Mamá –río divertida. –Hija –habla mi padre acercándose a mí para abrazarme–, ya eres toda una adulta. –Sí, papá –respondo su abrazo. –Estoy muy orgulloso de ti, cariño. Sus palabras parecen penetrar mis huesos. –Gracias –comienzo a ver borroso a causa de las lágrimas acumulándose en mis ojos–, te amo, papá. Nos abrazamos por unos minutos. –Cariño, vino con nosotros un vecino que... –comienza mi madre. –Oh, mamá, no por favor –me quejo, aunque en cierta parte era divertida la situación. Desde todo lo que había pasado con Logan no había vuelto a salir con nadie, sí, varios chicos me habían invitado a salir, pero yo simplemente no me sentía lista. Esta vez era diferente. Mi madre me toma por el brazo y me hace caminar hasta llegar a una pequeña choza cerca de la piscina del lugar. –Cariño, saluda a Caleb –habla mi madre. –Mamá, yo... El joven se gira y quedo sorprendida al verlo, joder, era bastante atractivo con aquella tez morena y su cabello oscuro. –Hola, soy Olivia un gusto –extiendo mi mano para estrechar la de él. –Caleb, Caleb Harris –me sonríe coquetamente. ¿Por qué sentía que lo conocía? –Los dejo para que se conozcan –habla mi madre, y se aleja en un caminar de puntitas bastante gracioso. –Lamento eso –hablo divertida. –Descuida –ríe. –Gracias por acompañarnos en la fiesta –hablo, sintiéndome tonta por el comentario. –No, gracias a ti por recibirme, digo, cumplir veinticinco y tener un extraño en tu fiesta no es algo común. –Ni lo menciones –sonrío topándome con sus bonitos ojos cafés. Nuestra miradas se conectan por unos segundos, unos muy largos. –Eres muy linda –susurra. –Gracias –no puedo evitar ponerme roja–, y tú muy guapo. Sonríe mostrándome sus blancos dientes. –Gracias. –Ahm ¿por qué siento que te conozco? –pregunto inesperadamente. –Era tu vecino –responde entrecerrando sus ojos. Frunzo mi ceño confundida. –¿Mi vecino? –¿Recuerdas aquel primer día en Brooklyn? Hago memoria, y después de unos segundos recuerdo a aquel chico que vi en la ventana. –¿Eras tú? Sonríe de lado y puedo notar que está más cerca que de lo necesario. –¡Olivia! Ven, es hora de que partas el pastel –me llama Jane. Ambos caminamos hacia donde nos han llamado y después de soplar las velas y partirlo comenzamos a comer. –¿Y bien? –pregunta Jane. –¿Qué? –pregunto ligeramente confundida. –No te hagas –ríe, llamando la atención de todos. Frunzo mi ceño, ¿acaso hablaba de Caleb? Joder, siempre exageraba las cosas. Quiero decir, sí, Caleb me pareció bastante atractivo y podría salir con él pero aca... –¿Qué dice la carta? –pregunta. –¿Carta? ¿Cuál carta? Me giro a ver a mis padres, y mi observo que mi madre sostiene un sobre. –¿Qué es? –pregunto nerviosa. Me extiende la carta y la tomo para seguido de esto ver que tiene el nombre de la revista Redmond, de la cual siempre he querido ser editora. –Oh, Dios –exclamo casi gritando. Mis manos comienzan a temblar y me siento torpe al no poder abrir la carta. –¡Ahh! –grito para después exhalar fuerte y quedarme quieta. Después de unos segundos vuelvo al trabajo de abrir el sobre y por fin lo logro, lentamente saco el papel y lo desdoblo. Todos me miran expectantes. Leo lentamente la carta y mi cabeza comienza a dar vueltas. –¡Ahhhh! –vuelvo a gritar completamente desquiciada. –¡Ahhh! –Jane me imita y comienza a brincar hacia mí. –¡No puedo creerlo! –grito emocionada–. Me dieron el trabajo. Mi madre grita de igual manera y brinca hacia nosotras y comenzamos a dar brincos en círculos, mientras que los demás aplauden ante mi éxito.   ||  –Me alegro demasiado por ti, cariño –habla mi madre. –Gracias –sonrío antes de subir a mi auto–. Muchas gracias por la fiesta. Abrazo a ambos, mi papá y mi mamá, y beso sus mejillas. –Tengo que irme, comenzaré a preparar todo para el gran día. –Oh, linda, estamos muy orgullosos de ti –habla tiernamente mi madre. –Gracias –sonrío. Y por fin, entro a mi auto.   ||  Era lunes, mi primer día de trabajo en la revista Redmond, la más comprada del estado, y no podía estar más nerviosa. Entro al enorme y elegante edificio, escuchando como mis tacones suenan en el brilloso suelo. Saco una tarjeta que habían enviado junto con la carta, la paso en un detector y las puertas de cristal que dan acceso a las oficinas se abren y entro ligeramente intimidada, pido el elevador, el cual a los segundos se abre, entro y presiono el número trece, el piso de edición donde trabajaría y una vez ahí, suena el timbre se abren las puertas y me muestra un mundo nuevo. Todo tan amplio y brilloso, elegante de una manera exagerada, camino y llego con una chica alta de cabello rubio y ojos azules. –Hola, soy Olivia Eriksen, soy nueva aquí –hablo nerviosa. –Hola, buen día, sí me contaron que llegarías hoy –habla sonriente–, tu lugar está por aquí, sígueme. Sonrío y suspiro sintiéndome más confiada, caminamos un par de metros y llegamos a un cubículo junto a la enorme ventana, dejándome una gran vista de la ciudad. –Aquí es, siéntete cómoda y bienveni... Se escuchan pasos de dónde venimos y voces fuertes, una que otra risa. –Oh, aquí viene Ellie –susurra la rubia. –¿Ellie? –me incorporo de golpe. Ellie era la co-fundadora de la revista. –Hola, venía a ver si la nueva había llegado, y me alegra que lo haya hecho –habla viéndome–, señorita Eriksen, será un placer trabajar con usted. Detrás de la señora Ellie hay un grupo de elegante de hombres, a quienes no tomo atención. –El placer es mío –respondo. Ellie sonríe. –Oh, cierto, señorita Eriksen, este el grupo de abogados de la revista, es bueno que se vaya familiarizando con ellos, ya sabe, como precaución –guiña un ojo y se comienza a alejar–, Aleida, ven por favor. La rubia asiente y se despide de mi con una sonrisa, yo asiento de igual manera y me siento en la suave silla, notando que una persona no se ha ido. –Oh, ¿puedo ayuda...? –me quedo en silencio al notar quien es. –Hola, Olivia –sonríe de lado. –¿Logan?
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD