Emma estaba preciosa. Mis manos picaban con el afán de tocarla y abrazarla. La había extrañado de una manera visceral, de una manera desesperada que me tenía horrorizado, cada noche antes de dormir debía esconder mi teléfono para no sucumbir en la tentación de llamarla. Pensé que alejarme de ella iba a hacer que me olvidara de la estupidez de desearla, pero que equivocado estaba, que estúpido había sido, porque justo ahora mismo, con su mirada sobre la mía, lo único que pensaba era en enredar sus piernas a mis caderas y devorar su boca. Debía controlarme ¿A caso era un animal en celo? Suspiré y me enfoqué en otra cosa, como por ejemplo Texas. Texas había sido todo un reto, resulta que Clint Eastwood se tomaba en serio los favores del viejo Carl y no me dejó descansar ni un solo día

