Iba a matarlo. Pero no hoy... ni mañana... ¡Justo ahora! ¡En este mismo instante! Observé molesta el desorden de juguetes que había en la sala y respiré varias veces. Se suponía que mi esposo debía enseñarle lo que era el orden y la organización a nuestra pequeña hija de 4 años Gabriela, pero viendo el horrible desorden que hay en la sala y en la cocina me di cuenta que otra vez se dejó manipular por su carita de Ángel. Subí las escaleras rumbo a la habitación mientras respiraba repetidamente por la nariz. Esta vez no iba a ser la mamá aburrida que siempre ponía castigos molestos, esta vez él sería el papá aburrido que imponía castigos y yo la mamá divertida que compraba pizza. Cuando doble la esquina y llegue a su habitación mi mal humor se esfumó de un plumazo al contemplar la escena
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