Hace más de dos horas, Adams me ha maquillado. Me colocó una mascarilla que luego me quitó, y utilizó lápiz de ojos n***o, sombra azul, y labial rojo mate. También me ayudó a alisar mi cabello oscuro y me perfumé antes de ponerme un vestido corto rojo que combinaba con mis tacones.
A medianoche llegué al bar donde sé que él estaría, gracias a sus publicaciones en r************* . Acababa de subir una foto con un socio en este mismo lugar, la cual vi desde mi perfil falso.
Creé una cuenta falsa con una foto de una adolescente y mi nombre Allison Ballester. Él no me recuerda, así que cayó en mi trampa al aceptarme y seguirme.
Troy es alto, rubio, ojos grises y una pequeña barba. En este momento está vestido con un traje azul marino y una corbata blanca. Desde la distancia lo observo bailar con dos mujeres rubias muy guapas.
No me siento insegura con mi cuerpo, suelo ser muy segura de mí misma. Soy alta, esbelta, tengo el cabello oscuro hasta la cintura y ojos verdes claros.
Al llegar al lugar, noté que llamé la atención de varios hombres, pero no de él. Sigue concentrado en las dos mujeres y parece no haber notado mi presencia.
Me acerqué a la barra y pedí un tequila para darme valor. Luego me ubiqué en un lugar donde él pudiera verme sin parecer desesperada.
Comencé a bailar sensualmente, jugando con mi cabello y moviendo mis caderas de forma provocativa, algo que siempre funcionaba con mis compañeros de facultad.
Cuando me volví, noté que él ya no estaba. Ignoré el hecho y seguí bailando. Dos hombres se acercaron pero los rechacé cortésmente y se alejaron.
Un mesero me entregó un trago diciendo que era cortesía del señor frente a mí. Cuando miré, había un hombre de la edad de mi papá. Probablemente no le agradé, ni siquiera me miró.
Convencida del fracaso de mi plan, fui a la barra para pedir la cuenta, pero alguien tomó mi brazo.
—No acepté tu trago —dije, negando con la cabeza—. No tengo sed y ya me voy.
—Podríamos divertirnos —insistió él.
—La está molestando —intervino una voz que reconocí al instante como la suya. No necesité voltear para saberlo.
—No intervenga en mis asuntos —respondió el hombre.
—Resulta que los pervertidos que acosan a mujeres sí son mis asuntos.
—Mejor váyase, señor, no ocasione problemas.
Al ver que no lograba nada, el hombre finalmente se fue. No quería más problemas. Detuve a Troy cuando noté que se marchaba.
—Muchas gracias —le dije.
—No deberías estar aquí —me respondió él.
—Soy más grande de lo que parezco.
Él sonrió. —Me refiero a que no deberías estar aquí sola.
—Entonces, ¿me acompañas si no le importa a tus novias?
—Yo no tengo novias —aseguró él, llevando su mano a mi mejilla—. Te he visto antes.
—Lo dudo, soy nueva en la ciudad. ¿Y tú?
—Troy Cáceres.
—Lu.
—¿Solo Lu? ¿De Luciana o Lucía?
—De Lucifer —bromeé.
Él rió. —Lo noté en tu baile.
—Señorita, olvidó la cuenta —interrumpió el mesero, prácticamente corriendo hacia mí.
—Lo siento —empecé a buscar mi cartera, pero Troy me detuvo y pagó él.
—No era necesario.
—Ya sé lo que deseas, pequeña —dijo, provocando que me riera nerviosa. Es imposible que descubra mi plan, a menos que sea adivino o yo una estúpida.
—¿Y qué es lo que deseo?
—Vámonos de aquí —me propuso.
Me guió hacia la parte VIP del bar, donde había menos personas y más lujos y comodidades.
—¿Quieres beber algo? —preguntó.
—Lo que tú bebas.
El mesero le sirvió una bebida, cuyo nombre era impronunciable pero de sabor delicioso. Era azul y sentía las burbujas revoloteando en mi estómago.
—Bien, Lu, me gustaría otro baile —dijo Troy.
—Es decir que viste mi baile.
—Siempre presto atención a lo que me interesa.
Le obedecí y comencé a bailar como lo hice hace algunos minutos. Esta vez él se unió a mi baile, tomándome de la cintura y pegándome a él. Era increíble sentir el control y poder provocarlo, pues podía ver en sus ojos el deseo desde la primera mirada que me regaló.
Llevé sus manos a mi cintura sin detener mi baile, él posicionó sus labios en mi oreja y pude sentir el roce de su barbilla. Estábamos tan pegados que podía sentir su erección y el calor que emanaba de su cuerpo.
Aumenté la intensidad del juego y llevé su mano a mi entrepierna.
—No me provoques —susurró en mi oído seguido de una mordida en mi cuello.
—¿O qué harás? —respondí provocativa.
Me alejé de él y corrí hacia el jardín lo más rápido que pude. No sabía si era arrepentimiento o sorpresa por haber llegado tan lejos, pero me sentía muy extraña.
Como lo esperaba, él me siguió hasta el lugar. Noté en su mirada que estaba tan sorprendido como yo.
—Ya tengo que irme, un gusto conocerte —dije tratando de mantener la compostura.
Él rió como si hubiera dicho una gran tontería y me tomó de la cintura con fuerza.
—Te advertí que no me provocaras.
—Desde acá puedo ver a las rubias, creo que puedes divertirte con ellas —me volví para verlo—. Adiós y muchas gracias por el trago.
Acerqué mis labios a los suyos y le di un beso corto, luego me aparté y sonreí triunfante.
Él llevó sus manos a mi cabello y juntó sus labios a los míos, dándome un beso salvaje. Me habían besado varias veces, pero nunca de esta forma; sus labios eran fuego y yo deseaba consumirme en ellos.
En segundos, él adentró su lengua en mi garganta, explorando mi boca mientras posicionaba sus manos en mi trasero, apretándolo.
Él bajó sus labios hacia mi cuello, devorándolo mientras subía la falda de mi vestido.
—Creo que te estás confundiendo —le dije sin apartar sus manos y labios de mi cuerpo.
—Ah, sí.
—El exhibicionismo no es lo mío —señalé a algunas personas que nos observaban, él simplemente rió.
—Déjame adivinar, Troy, vámonos de aquí.
—Exacto, pequeña.
Durante el camino a su departamento no dejamos de besarnos ni tocarnos en la parte trasera de su limusina, creo que traumatamos a su pobre chofer.
Luego de media hora llegamos a su departamento, el cual se ubica en el último piso de un enorme edificio. Es gracioso que su puerta sea un ascensor.
—¿Quieres beber algo?
—Jugo, porque no tomo alcohol.
—¿Y vinimos aquí a rezar?
Reí. —No sé tú, pero yo sí.
Él colocó música y se sentó en el sofá indicándome que baile. Lo primero que hice fue quitarme los tacones para luego comenzar a bailar como hace algunos minutos, mientras él se quitaba el saco y la camisa.
—Necesitas ayuda —reí burlona al notar que no lograba desabotonar el último botón.
Finalmente, logró desabotonar la camisa y se la quitó. Luego se levantó de su lugar, dándome una buena vista de su cuerpo. Pude notar que se ejercitaba por su cuerpo marcado.
—Creo que alguien más necesita ayuda.
Él juntó sus labios a los míos, dándome un beso salvaje mientras bajaba el cierre de mi vestido, dejándolo caer y logrando que quedara en ropa interior.
Él me cargó en brazos, alzándome, y luego subió las escaleras conmigo. Solo observé sus hermosos ojos y enredé mis manos en su cabello.
En pocos segundos, sentí la suavidad de sus sábanas en mi espalda y el calor de su cuerpo sobre el mío, sus labios en mi cuello recorriéndolo y dejándome pequeñas mordidas, lo que provocó mi risa.
Él localizó el broche de mi brasier y me lo quitó de la cabeza hacia arriba. Luego bajó sus labios hacia mi seno derecho, devorándolo mientras amasaba el izquierdo.
Siento varias emociones, vergüenza entre ellas. Nunca nadie me ha visto desnuda ni me ha tocado de esa forma, ni siquiera a Drake le he permitido subirme la falda o marcarme, porque a mamá no le agradaba.
—Tiemblas —él rió mientras bajaba hacia la altura de mi ombligo.
—No es nada.
Él continuó bajando y comenzó a bajar mis bragas de mis rodillas para abajo, dejándome desnuda. Luego se quitó el cinturón, el jean y lo demás. Simplemente cerré los ojos y cuando los abrí, sentí nuevamente el calor de sus labios sobre los míos.
Él se acomodó entre mis piernas y reposó su rostro en mi hombro. Luego entró en mí de una sola embestida. Debí contenerme para no gritar debido al dolor. No he visto su m*****o, pero siento que me rompió por dentro.
Él comenzó a devorar mi cuello mientras se movía lentamente. Con cada embestida, sentía un inmenso dolor al principio, pero luego de unos segundos, mi cuerpo comenzó a adaptarse al suyo.
No logré controlar mis gemidos cuando él empezó a aumentar la velocidad de sus movimientos y cuando entró completamente en mí. Él parecía una bestia por la forma en que tomaba mi cintura y me embestía rápidamente.
—No pares.
—Como órdenes, serás mía toda la noche, toda mía, Lu —él volvió a juntar sus labios a los míos, dándome un beso.
Cuando terminamos, creo que era de madrugada. Dicen que después de la primera vez te duele todo, y es verdad. Aún no entiendo cómo sigo en pie. Aproveché que él se fue a duchar para esconder las sábanas sucias en el cesto de ropa sucia y mezclarlas para que él no lo note.
Luego me acomodé en el colchón y me cubrí para intentar descansar. Me haré la dormida, porque si él me pide que me vaya ahora, fallará la segunda parte de mi plan.
En pocos minutos, sentí su cuerpo abrazándome y besando mi mejilla.
—Pequeña.
—Ya debo irme —bostecé.
—No —él se pegó a mí, abrazándome.
Cuando comprobé que él estaba dormido, tomé mi celular y nos tomé varias fotografías juntos, abrazados, dándole un beso, desnudos. Él estaba dormido como una roca y no se dio cuenta, por suerte. Luego, comencé a buscar mi ropa para irme, pero no logré encontrar mi brasier.