Adri sentía el sudor correr por el canal de sus pechos y también por el interior de sus muslos. Estaba con el culo apoyado en la mesa y abierta de piernas, manteniendo el equilibrio agarrada al cuello de Leo mientras este la penetraba con contundencia. Los dos estaban muy calientes. Por algún extraño motivo, como suele suceder cuando las emociones nos golpean fuerte y se nos vienen pensamientos inesperados (casi fuera de lugar) a la cabeza, se acordó de Isabel. A ella le hubiera gustado que la follaran así: bien abierta y hasta el fondo, sin contemplaciones, aprovechando lo mojada que estaba. Su compañera era mucho más explícita en sus confesiones y no le importaba decir lo que le gustaba. A Adri todavía le costaba abrirse a los demás, incluso a su amiga íntima. Todo lo contrario que a Leo

