La puerta del dormitorio se cerró con un clic sordo detrás de ella. Lena apoyó la frente contra la madera fría, cerró los ojos y dejó escapar un suspiro tembloroso. La casa estaba en silencio, demasiado silenciosa. Sintió el silencio más profundo que ocasiones atrás. El eco de las risas y conversaciones del evento era lo que deberían zumbar en su cabeza, pero aquí… aquí todo parecía detenido, atrapado en una pausa que dolía. Las palabras de su padre y las de Adrian… Su cabeza era un caos, su pecho una maraña de emociones luchando por darse un lugar, y otras partes de su cuerpo reclamando por algo que lleva tiempo sin sentir, y nunca de unas manos en específico, las de él.. Por donde fuera que lo mirara, esas tres visiones terminaban arrastrándola a lo que se contraponía a el deber ser… a l

