La música suave del cuarteto de cuerdas flotaba en el aire como un perfume sutil, elevando la elegancia del evento anual de la clínica a un nivel casi irreal. Luces cálidas se deslizaban por los muros altos del salón de eventos, reflejándose en copas de cristal y bandejas de plata. Lena entró al lugar con paso firme. Había dejado a Adrian solo. Necesitó respirar aire puro, la cercanía entre ellos le asfixiaba, aunque se sentía satisfecha. Había logrado su objetivo. El vestido, ajustado en la cintura, con escote proocador y espalda descubierta, no era algo que Elise hubiera usado jamás. Pero esa era la intención. Esa noche, Lena no solo interpretaba a su hermana. La encarnaba. La reinventaba. Quería que el mundo viera a una Elise segura, inquebrantable, y por sobre todo, inolvidable. Log

