Tyler Brandon.
Estoy en mi casa, alistándome para ir a la oficina, luego tengo un vuelo a las 10:00 am, pero ya voy tarde. Llamo a Pedro mi chofer, para que tenga el auto listo. Me dice que enseguida lo alista.
Cuando voy bajando las escaleras me encuentro con Melanie “Mi esposa” con la cual llevo 6 años de casado, 6 años de infierno. Un matrimonio arreglado por nuestros padres, por la deuda que mi padre tenía sobre la empresa de mi abuelo, y que yo tuve que pagar uniéndome con la hija del socio de mis padres.
Apenas hemos cruzado palabras en todo este tiempo, y esta mañana no sería la excepción… aunque al parecer ella no estaba dispuesta a dejarme ir sin hablar y amargarme más la mañana.
— Buenos días, Tyler, no olvides la fiesta de beneficencia de esta noche — ni siquiera me volteo para responder.
— No sé si estaré… tengo vuelo y lo más probable es que deba pernoctar en donde esté.
— ¿A dónde vas? — su pregunta me hizo voltear a verla. ¿Qué le importa? Nunca hemos tenido que darnos explicaciones.
— ¿Perdón? Te recuerdo, Melanie, que somos esposos por contrato, así que eso no te incumbe, pero si voy a trabajar, con permiso me retiro. — ella no dice nada más y baja la cabeza, no me importa bastante, le dije que se opusiera a esta unión y siguió con esta locura… con esta farsa que me asfixia.
Salimos mi chofer y yo, cuando vamos en el camino, Pedro se distrae tomando una llamada que recibe, y se pasa la luz del semáforo sin ver que había cambiado, en ese momento es cuando le grito “cuidado Pedro” y él logra reaccionar esquivando a una chica que iba cruzando.
El pobre asustado baja la ventanilla, pidiéndole disculpas a la chica, obviamente me pongo alerta por cualquier eventualidad y que ella se ponga en modo de pelea, pero todo lo contrario, comienza a decirle que está bien, que no pasa nada, le digo que le dé una tarjeta por si acaso llega a sentirse mal, pero que tenemos que irnos.
Vi que Pedro comenzó a buscar en sus bolsillos, pero creo que no tenía tarjetas. Cuando voy a acercarle una, la chica le dice que no pasa nada, que lo deje así. Vuelvo a guardar mi tarjetero y no sé por qué, pero su voz me hace estremecer. Se acercó un poco a Pedro y le susurró algo que los hizo reír a ambos, solo logré ver una cabellera negra muy brillante.
Vi su silueta a través de la ventana del auto, pero como son tan oscuros, no distinguí bien su rostro, pero pude ver que su cuerpo está muy bien formado. Bueno, ahora, si es verdad, Tyler, la abstinencia te está afectando el cerebro. Ahora estoy de un pésimo humor. Le hablo a Pedro nuevamente.
— Pedro, debemos irnos, se me hace tarde para la reunión. — él asiente y mira apenado a la mujer que no he podido ver más allá de esa silueta y su cabello n***o. Mi chofer se disculpa y pone en marcha el auto, yo miro mi reloj y cuando levanto la mirada para ver a la chica mejor… ya no estaba. Se había ido, bueno, ya pasó este incidente.
No sé por qué, pero el día no pinta nada bien… y creo que luego de Melanie, esto que acaba de pasar es solo abre bocas para lo que viene…
Llegamos al estacionamiento de la aerolínea, y Pedro me habla.
— Señor… discúlpeme por lo que acaba de pasar… es que estaban llamando justamente de aquí y fui a contestar… — lo interrumpo.
— No te preocupes, Pedro, son cosas que pasan, afortunadamente la chica estaba bien. — él asiente. — Ven, vamos a ver cuál era la urgencia de las llamadas.
No había terminado de hablar cuando Guadalupe, mi secretaria, se me acerca apresuradamente y regañando a Pedro. Cabe destacar que Guadalupe es una mujer de unos 60 años, muy dulce pero a veces con un carácter insoportable.
— Pedro, ¿por qué demonios no atendiste mi llamada? — este traga saliva, y luego Guadalupe se gira hacia mí. — Señor… tiene su teléfono apagado… y no he podido comunicarme con usted. Sus padres están aquí… esperándolo
— Guadalupe, cálmate, lo siento, no he encendido mi teléfono, ¿por qué estás tan nerviosa? ¿Qué pasó?
— Señor… ellos están con sus suegros… — y ¿ahora qué? Dios, este día no puede ir peor, ¿verdad?
— Bueno, vamos y tranquilízate, no estés regañando a Pedro, que no tiene la culpa. ¿Dónde están? ¿En la sala de juntas? — ella asiente —. Bien, subamos. Pedro ve alistando el avión con los técnicos, por favor.
— Si señor. — Guadalupe y yo caminamos hacia el elevador, en el camino nos encontramos a varios empleados que saludan con educación y a su vez yo hago lo mismo.
Subimos en nuestro ascensor privado, y al llegar al piso 30, que es donde está mi oficina… ya veo a través del cristal que rodea la sala de juntas a mi madre y a mi padre, para completar la faena tal cual, como me dijo mi asistente, están mis suegros. Dios, ampárame.
Me adentré a la sala junto a mi asistente, y todos voltean a verme. No es por nada, mi figura es imponente. Veo cómo mi suegra suelta un suspiro, el cual hace cada vez que me ve, y a mí solo me causa dolor de cabeza, porque no es la primera vez que se me insinúa.
Mi suegra, la cual se llama Angie de Pillips, nunca usa su apellido de soltera porque se avergüenza de él, en fin es una mujer de unos 52 años conservada a punta de cirugías plásticas. No ha perdido oportunidad de insinuárseme, aun estando su hija cerca, Dios es insoportable.
Llego hasta mi asiento, y al sentarme todos voltean a verme, pero ninguno comienza a hablar.
— Buenos días, ¿hablarán o solo vinieron a mirarme?— mi padre bufa, y la madre de Melanie me mira con picardía. Dios dame paciencia.
— Hijo, nosotros no te dimos esa educación, además llegas tarde, hemos estado esperando por ti durante 45 minutos, espero que llegaras tarde porque estabas haciendo la diligencia para darnos un nieto con tu esposa. — lo miro con ganas de contestarle cómo se debe, pero decido ser paciente y educado.
— Espero que estés bromeando…, ya que sabes muy bien que esto es un matrimonio por contrato, y nunca habrá nada de eso y lo sabes. — el padre de mi esposa se levanta furioso y me grita.
— Ya me tienes harto con eso. ¿Hasta cuándo te vas a resistir a mi hija? O ¿es que tienes una amante? — me levanto furioso y golpeó la mesa.
— Me bajas la voz, estás en mi empresa. ¿Estamos? Soy el CEO y accionista mayoritario, no te permito que me faltes al respeto. Ustedes son los únicos culpables de que tu hija y yo vivamos en un infierno.
— No te permito que hables así, mi hija, al ser tu esposa también es… — lo interrumpí.
— Es nada, solo mi esposa en un papel, porque te recuerdo que ella firmó la separación de bienes y no tiene nada que ver en la empresa que mi abuelo fundó, y que ustedes junto a mis padres estuvieron a punto de llevar a la ruina.
Mi padre me mira con evidente ira, y dice.
— Cuidado, Tyler, puedo quitarte de ese puesto cuando quiera… y estás advertido para seguir donde estás, debes darnos un nieto… si no atente a las consecuencias.
— Ya lárguense de aquí, no me importa lo que ustedes quieran, mi abuelo me dejó todo a mí, así que fuera. —Ladré esa última palabra y hasta la madre de Melanie se estremeció.
Todos se levantaron, excepto Francesco, el padre de Melanie, el cual estaba de pie, y salieron no sin antes voltear a mirarme e irse furiosos. Al cerrarse las puertas, golpeo todo lo que está en la mesa y lo tiro al suelo. Abuelo, ¿por qué me dejaste solo con estos buitres? Ya no puedo más.
Miro mi reloj y son casi las 10 de la mañana, le aviso a Guadalupe que me voy y que no vendré hasta mañana, recojo mis cosas y salgo hacia la pista. Volar y pilotear mis aviones es lo único que me calma.
Al llegar, veo a Pedro terminando los últimos detalles de revisión, y voy directo a mi cubículo a cambiarme y colocarme mi uniforme. Cuando salgo, me encuentro a Linda Cáceres y a Brenda Mendoza, parte de mi tripulación de cabina.
A esta última me la quedo mirando, ya que lleva su uniforme con los primeros botones de su blusa abiertos, y la falda más corta de lo que debería ser.
Ella se da cuenta de que la observo y sonríe de lado, se acerca a mí colocando una mano en mi pecho, y me dice.
— ¿Le gusta lo que ve, señor Tyler? Me lo coloqué para llamar solo su atención y creo que lo he conseguido. — Linda se coloca una mano en su boca sorprendida, y yo estoy en shock, ¿qué ha dicho esta mujer?
Retiro su mano de mi pecho, y dando un paso atrás, le digo. — ¿Qué se supone que acabas de decir? ¿Te volviste loca? Yo soy un hombre casado… — me interrumpe.
— Ay, por favor, todos sabemos que usted no tiene nada con su esposa, usted necesita a una verdadera mujer y esa soy yo, déjame quitarte el estrés… — vino a tocarme otra vez. Y la alejo bruscamente.
— Creo que perdiste la cabeza, y por eso no puedes seguir trabajando aquí. Brenda, hazme el favor de largarte, estás despedida. Y no intentes nada, ya que tengo a Linda y a Efraín de testigos. — su cara es un poema y, gracias a Dios, mi amigo y copiloto Efraín había llegado.
— Usted no me puede despedir, además yo creí…
—Sí, puedo, y creíste mal. Así que ahora vete, pasa mañana por tu liquidación. — ella me mira con rabia y sale tirando todo a su paso. ¡Dios, qué día el de hoy!
Efraín se acerca a mí y me dice. — ¿Qué ha sido eso? Tienes una cara de estresado, que mejor no pregunto.
— Si es mejor que no preguntes, vámonos, quiero olvidarme de este día… — Linda me interrumpe.
— Señor Tyler, yo… bueno, tengo una amiga que se graduó de azafata-aeromoza. ¿Podría decirle y usted la entrevista? Es una buena chica y trabajadora, pero no ha conseguido empleo por no tener experiencia. — la miro porque Linda es una chica educada y tranquila.
— Dile que venga mañana a las 2 de la tarde, no te prometo nada, ¿ok? Pero le daré la oportunidad de entrevistarla.
— Gracias, señor, no se arrepentirá, ya verá. —Eso espero, pero después de este día nada me extrañaría, qué locura…