Tres años después

1149 Words
Paloma Estos tres años han sido difíciles; la partida de Diego me destrozó el corazón, pero con el tiempo entendí que fue lo mejor para ambos. Me he concentrado en los estudios y mi familia. Mi abuela va mejorando; Julio entró a la Facultad el año pasado, estoy tan orgullosa de él. Ya no es el muchacho rebelde de antes. Es trabajador, ahorró dinero suficiente para asociarse con Juan y poner su propio taller mecánico. Empezaron desde abajo hace un año, pero ahora les está yendo muy bien a los dos. Y Flor es la mejor de la clase; casi cumple quince años, cada día se parece más a mamá. Sergio ya acabó la carrera y está a punto de casarse con Jessica; son mi pareja favorita. En cuanto a mí, no he salido con nadie desde que terminé con Diego; no he sabido nada de él. Aun guardo la esperanza de que no me haya olvidado. Los dos acordamos, o mejor dicho, yo le pedí para hacerlo menos doloroso, que no me llame ni intente contactar conmigo. Estoy trabajando con Don Eduardo y Luciano en la empresa. Él rompió su sociedad con los Montiel; ahora son competencia. Don Eduardo se enfadó mucho con lo que me hicieron y no quiere saber nada de ellos. Me siento un poco culpable por eso, pero no pude convencerlo de lo contrario. Más que nada por Don Gabriel; nunca quise perjudicarlo y terminé haciéndolo. Lo último que supe de él es que se divorció de Doña Darla e inició una relación con Lucila. Eso fue un escándalo en los periódicos, pero estoy feliz por ellos dos; se merecen ser felices. Lucila es una gran mujer y ella sabrá hacerlo feliz. Basta de chismes, bueno, quizás más adelante. Me desperté temprano como siempre; luego me duché y elegí un vestido color beige. Ahora debo vestirme más formal por el trabajo; además, estoy haciendo prácticas de la carrera, me falta muy poco. Nuestra situación ha cambiado; ganamos mucho mejor y Julio también. Con mucho esfuerzo, nos mudamos a una casa mucho mejor. No es una mansión, pero está en una mejor zona y lo más importante es nuestra y nadie nos puede correr. Ahora estoy en la oficina aprovechando que acabé mi trabajo; estoy repasando algunos apuntes de la facultad. — ¿Qué estudiosa, Ferrer? — bromea Luciano. — ¿Qué esperabas de la mejor futura abogada? — alardeo. — Y la más sexy — acaricia mi cabello. Si digo que Luciano no ha insistido los últimos tres años para que salga con él estaría mintiendo. — Nunca te vas a rendir. — Nunca, ¿no te cansas de esperar a Diego? Él no volverá. — No solo es Diego; estamos mejor como amigos. — Bien, como amiga, me acompañarás a cenar, ¿no? — Claro. Fuimos a un restaurante que queda cerca de la empresa; según Luciano, hacen la mejor comida del mundo. — ¿Supiste el chisme que recorre en todos lados? — No. — Los Montiel casi están en la quiebra. — Deben ser rumores; es una empresa muy estable. — Lo sé, pero dime, guapa, ¿no te daría gusto después de todo lo que te hicieron? — No porque eso afectaría a Don Gabriel y los niños. — ¿Y Diego? — bufa. — Sí, sabes que lo quiero. — Como yo te quiero a ti — acaricia mis labios —. Ni me has dejado besarte. — Ni lo haré; los amigos no se besan. ¿Qué vas a ordenar? — cambio de tema. — ¿Qué harás mañana? — Salgo con las chicas. — Voy contigo. — Salida de chicas — bromeo. [...] Al día siguiente estaba charlando con Paulina; ella dejó las empresas Montiel y trabaja en las empresas Luna conmigo. Además de eso, estudia psicología en línea; está muy centrada. — ¿Cuántos, siete? — me pregunta. — No tantos — respondo. — Muchos chicos de la Facultad y la empresa te invitan a salir. Rodeo los ojos — eso que, no me interesa andar con nadie. Se acercó Belinda. — No tengo tiempo para esas cosas — se burla. Hace un año nos reconciliamos; también trabaja con nosotras en las empresas. Sé que Eduardo las contrató porque son mis amigas. — No necesito un hombre. — No extrañas el sexo — bromea Belinda. Río fuerte. — No tienes que andar con alguien, solo follar — me aconseja. — No es mi estilo. Nos arreglamos; me coloqué un vestido dorado corto. Pao se vistió de rojo y Belinda de n***o. Llegamos al boliche de siempre; este lugar ya me hacía sentir vieja. Había chicos y chicas de 18 años. Si me cruzo con mi hermano, ya sería el colmo, por Dios. — Vamos a otro lugar — sugiero. — En un rato se pone mejor — grita Belinda. — No seas aguafiestas — dice Pao bailando. Fui a la barra a beber algo y me encontré con alguien que no veía hace años, Iván Montiel. Estaba vestido con una camisa azul y jeans negros. Tal vez ya no se acuerda de mí; ya no tengo que fingir que me cae bien. Le pido al mesero mi trago, fingiendo que no lo vi. Se me acerca y me agarra de la cintura — qué fresa, Paloma. — Es un país libre — quito su mano de mi cintura. — Ya salió la abogada — se burla. Rodeo los ojos — qué chiste tan original. — Mejor prueba esto — me ofrece una copa con una bebida verde. — ¿Cómo sé que no le pusiste algo? Él bebe un sorbo y luego me la ofrece. Yo bebo un sorbo y hago una mueca; él solo ríe. — No sabes beber, bebita — me susurra al oído — solo manosear a desconocidos. Lo empujo — ¿quieres saber lo que es fuerte? — le pido al mesero los ingredientes para preparar el trago misterioso. — No mires o te mato. — Ni que fueran tus tetas. Sigue siendo un pervertido — no cambias. — Ni tú. Preparé la bebida, sin que él mirara, y luego se la serví en una copa. Él la toma de un sorbo. — Es infantil. — Solo espera que haga efecto. Llegan Belinda y Paulina. A Belinda se le iluminan los ojos al ver a Iván; es todo lo que a ella le gusta. Rico y guapo. — No te recomiendo tomar eso — dice Pao. El mesero me da mi bebida. Yo me estaba dirigiendo a pagarle, pero Iván se me adelanta. — No tienes que hacerlo. — La próxima invitas tú. — No habrá próxima — tomo mi copa y me voy a bailar con Paulina. Todo en este boliche me recuerda a Diego. Me pregunto qué será de su vida, qué será de la vida de mi niño ego..
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