Me olvidó

661 Words
Diego Hace dos años me gradué gracias a las influencias de mi apellido, no tardé en encontrar trabajo. Tengo mi propio departamento y estoy planeando fundar mi propia empresa con Matías; él tiene el dinero de la herencia de su padre, solo faltó yo. Él me está esperando; es un sueño de los dos para ser independientes de nuestras familias. Estoy ahorrando para aportar el capital inicial; no quiero saber nada del legado de los Montiel. Por esa maldita herencia y esa maldita empresa, mi abuela me separó de la mujer de mi vida. Después de eso, corté la relación con ella y mi madre; solo hablo con papá y Maya a veces. En cuanto inauguramos nuestra empresa, tendré que ofrecerle a Paloma. Planeo volver a Argentina y pedirle que sea mi esposa. La sigo en redes; está más hermosa que nunca. Solo espero que no me haya olvidado; la extraño tanto. He salido con varias chicas, pero ninguna le llega ni a los talones a mi palomita, mi flaquita. — Yo puedo poner el dinero y luego me lo devuelves — ofrece Matías. — No, mitad y mitad es lo justo. — Pídele a tu padre — me dice por quinta vez. — Uno, no quiero nada de los Montiel; dos, sabes que están en una mala situación. — Hace años no te habría importado nada, solo tú mismo. — Ya no soy el mismo. — Sí, me consta, efecto Paloma. — Habla el que lloraba por Paulina — bromeo. — Solo éramos amigos. — Y Iván es virgen. Reímos fuerte. Hablando de él, hace rato no hablamos. Debería llamarle; antes éramos muy unidos, a pesar de la distancia, pero las cosas han cambiado. Lo siento raro conmigo; debe ser el estrés por la situación que está atravesando la empresa. Es increíble lo que ocurrió después de la disolución de la sociedad con los Luna. Ha ido de mal en peor. Para mi madre, mi abuela y Fernanda, el dinero es todo. No sé qué será de ellas si lo perdemos todo. Volvería para ayudarlos, pero eso sería ceder, y no puedo ceder. No puedo hacerlo después de lo que hicieron. Si no fuera por Eduardo, Paloma habría ido a la cárcel, quién sabe por cuántos años siendo inocente. No les puedo perdonar eso. Si me hubieran hecho algo a mí, ya lo habría olvidado, pero se lo hicieron a ella, a la persona más importante de mi vida. Otra vez estoy pensando en Paloma. Me voy de tema; tenía que llamar a Iván. Enciendo mi computadora y comienzo a llamar a Iván por videollamada en Argentina; debe ser el mediodía. — Hola, campeón. Iván bosteza — Diego, tanto tiempo. — Es mediodía, vago. — Fue una noche loca — ríe. — ¿Ahora con quién dormiste? — Un caballero no tiene memoria — bromea — pero, ¿cómo vas en el trabajo? — Bien, me ascendieron. — ¿Dónde quedó el Diego alérgico al trabajo? — Ya cambié, y ¿cómo va la empresa? — Mal, campeón, no sé qué hacer. — Tranquilo, si puedo ayudarte en algo, dime. — Claro, campeón, alguna nueva chica por ahí. Tengo unas amigas en España que podría presentarte. — No, sabes que no puedo sacarme de la cabeza a Paloma. Iván rodea los ojos. Creo que Paloma le cae mal. Debe ser que le llenaron la cabeza en mi casa o su desconfianza por las mujeres. — No quería decírtelo, campeón, pero anoche vi a Paloma en el boliche. Se iluminó mi cara — ¿y preguntó por mí? — No estaba sola; la vi con un tipo. — Debe ser el estúpido de Luciano. — Seguro es obvio que te olvidó. Haz lo mismo; mujeres hay muchas. — Tienes razón, campeón. Luego te hablo. — Sí, campeón — se desconecta. Fui un torpe; es obvio que Paloma me olvidó. ¿Cómo pensé que seguiría enamorada de mí después de tres años?
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