—¿Señor?—convoco mientras camino hasta la sala de estar, tintineando mis caderas de un lado a otro mientras acomodo mi disfraz de sirvienta. Hades esta de espaldas así que carraspeo un poco para llamar su atención. Él se da la vuelta y la sonrisa que se zambulle entre sus labios al verme, me hace pensar que algo muy malo está por suceder. Intento darle el vaso con jugo de naranja a Hades, pero este se me resbala de las manos cayendo al suelo. Cubro mi boca con ambas manos, ahogando un grito cuando el vaso se quiebra y el jugo empapa el piso. —Oh, lo siento mucho, señor... —Límpialo... —Hades me lanza un trapo, y a duras penas logro tomarlo con las manos temblorosas. —A cuatro patas. —esa sonrisa arrogante se asoma en sus labios. Maldigo internamente, aunque le tomo la palabra sin rechi

