El padre.

3207 Words
Hugo Moore. —Debe de tener nombre de campeón—digo mirando de reojo a mi ahora sobrino. Babi lo coge en brazos, le arrulla mientras duerme plácidamente sobre el pecho de su madre. Tiene una tranquilidad absoluta, y es como si la transmitiera cada vez que lo ves. Ahora que han pasado varios días desde el nacimiento del bebé, me he fijado mejor en su rostro, tiene la misma cara que Hades. En él me parece poder ver la nariz, los ojos, los labios e incluso los rasgos de mi hermanastro, y es increíble. —Ponle Hugo.—sonrío a Hades, que, sin gracia, se ríe. Babi pone los ojos en blanco dándole un pequeño puñetazo en el brazo, para dejar claro mi punto de vista. Me alegra verlos juntos, se les ve muy felices. Parecen una familia completa y me alegra mucho ver a mi hermano muy feliz con el amor de su vida. Tal vez no todo le ha ido bien, Hander ha intentado destruir su vida muchas veces, y esta vez casi logra arrebatársela, pero nunca ha logrado que deje de amar a Bárbara con todo su corazón como lo ha hecho desde el principio. Desde luego Hades ya está mejor, después de que le cocinaran la herida le he visto pasear como si nada, sólo se queja del ardor en el pecho, más que otra cosa. Si sigue recuperándose así de rápido en unos días ya no estaremos en este hospital, y me alegro por Hades, pero.... ¿Y Sophie? —Para nada, en ese caso, yo le llamaría Hades —mi hermano se cruza de brazos disgustado. —Entonces no me preguntes cómo deberías llamarlo. —Pongo los ojos en blanco y me acomodo en el asiento, riendo por lo bajo. —Vale... Vale, malhumorado... —Hades me escupe a la cara, burlándose de mí. No tengo más remedio que mirarle con cara de pocos amigos. Le ignora, y se acurruca junto a Babi y el bebé, ahora que ha conseguido ilícitamente tenerla junto a él en la misma habitación. Josh, el guardaespaldas de Hades, me ha contado que ha tenido que amenazar al médico y pagar más dinero a la enfermera sólo por el capricho de Hades, pero para él vale la pena, y eso es lo importante. Me di cuenta de que no entiendes la vida hasta que tienes una familia. Mamá y papá siempre pensaron que a Hades le faltaban muchas cosas, intentaron llevarlo a clases de todo tipo, pero él no cambiaba en nada. Nunca supe por qué, hasta que me hice un poco mayor y pude entender el porqué de las cosas. Mamá pensaba que Hades era un rebelde sin causa y en realidad no, realmente no era rebelde, ni malo, ni el peor de los niños, Hades solo necesitaba cariño, y atención. Y ahora por fin la tenía con Babi a su lado, y una nueva vida que cuidar. —Su nombre será... Zeus. —Nos dice Hades, sonriendo. Bárbara y yo nos miramos, confusos, pero soy yo él que se atreve a hacer la pregunta: —¿Zeus? —pregunto yo, frunciendo el ceño. —¿Qué, no te gusta?—pregunta Hades, yo le niego. Nunca había oído que un padre quisiera llamar así a su hijo. A decir verdad es inusual, un nombre chulo, y teniendo en cuenta que mi hermano también se llama como un dios griego, supondría que quería lo mismo para su hijo. —El nombre es lindo. —Oh, mi amor... Bárbara no ha terminado de formular la frase cuando la puerta de la habitación suena, atronadora. El ruido es insistente, como si la persona que está fuera buscara ayuda. —Hades, abre la puta puerta —la voz de Rubén es vigorosa, terca, serena, y estoy segura de que detrás de la puerta su semblante es tan frío como su discurso. Estoy a punto de abrir la puerta, sin embargo, Josh, se me adelanta. No puedo pronunciar palabra mientras Hander y Ruben entran en la habitación de Hades. Rubén va de traje, ensuciando la habitación con su olor a perfume, mientras que Hander va en vaqueros y chaqueta de cuero, su atuendo de todos los días. —¿Qué está pasando? —pregunto al aire. Evidentemente nadie me responde, mi corazón late deprisa y no puedo ni imaginarme el de Hades. La tensión es tan palpable que se podría cortar con un cuchillo. Tengo un mal presentimiento y no puedo callarme. —Lleváoslos.—Rubén hace una especie de reverencia a uno de sus muchos guardaespaldas, que no se toca el corazón para sujetarme el brazo, no soy él única que protesta, oigo los gritos de Babi y el llanto de su hijo. —¡Dejadme ir, puedo caminar sola! —protesta Babi, con el bebé en brazos. Puedo ver su cara, está tan confusa como yo, y ambos intentamos liberarnos del agarre de los guardaespaldas de Rubén. —¡Suéltala, maldita sea, imbécil! —gruñe Hades, tratando de levantarse de la camilla, pero es detenido por otro de los guardaespaldas de Rubén. Y aunque sé que mi hermano puede tener más fuerza que dos hombres grandes, ahora no puede esforzarse tanto debido a su herida recién hecha. Gime de dolor mientras intenta escapar. —Papá... —Hugo, no te metas. —Rubén me corta, y lo último que puedo ver es su cara, llena de rabia e hipocresía. —¡Babi! —El grito de Hades llama mi atención. —¡Hades! —exclama Babi, intentando desafiar a los guardaespaldas a pesar de tener a su bebé en brazos, pero sus fuerzas flaquean, así que acaban echándonos a los dos de la habitación y cerrándonos la puerta en las narices. —¿Estás bien? –le pregunto a Babi, preocupado, mientras veo cómo se frota las muñecas. Ella asiente, débilmente. —Tranquilo. —me reconoce Babi con una sonrisa. Acaricia al bebé, que, en cuestión de segundos, deja de llorar. —Voy a buscar ayuda, no te muevas de aquí. Yo tampoco pensaba moverme, por el bien de esta familia, seguro que Hades, Hander y Rubén encerrados en una habitación no es algo que me inspire demasiada confianza. Asiento, y Babi empieza a caminar por el pasillo, me tranquiliza más ver gente merodeando, y alguna que otra enfermera, seguro que Babi irá a buscar a Yaneth, su madre. Observando ambos lados del pasillo, me paro frente a la puerta de la habitación de Hades. Sobre el pomo de la puerta no puedo ver nada, un guardaespaldas me lo tapa. Así que no tengo más remedio que pegar la oreja a la puerta, intentando oír parte de su conversación. —¡Haz que suelten a Babi! —gruñe Hades. Oigo la desesperación en su voz. Me acomodo mejor... Supongo que estaré aquí mucho tiempo. —Relájate, se estará mejor ahí fuera que aquí dentro. Te lo aseguro. —Comenta Rubén, sereno. —¿Qué demonios quieres? —El hospital informó a la policía sobre tu caso. —Ruben responde a la pregunta de Hades. Con el ceño fruncido, pienso. Ojalá tuviera las orejas de Dumbo para oír mejor a través de las paredes. —Quiero que digas que no fue culpa de tu hermano, que no sabes cómo ocurrió. Estabas en una fiesta y de repente, alguien encapuchado te disparó. —Yo no... —Cállate. —Rubén golpea una mesa y me hace dar un respingo del susto. Joder... es la primera vez que lo oigo tan serio, y me asusta un poco. Hades se queda completamente callado. —Harás lo que yo te diga, tienes que hacerlo porque soy tu padre y debes obedecerme. —¿Ahora eres mi padre? —le dice Hades, sarcástico. Sigue sin tener sentido para mí que Rubén haya dicho que Hades no es su hijo, podría haberse ahorrado todos estos años de quejarse de que le causaba problemas y lo habría echado a la calle como un perro a su suerte, pero no lo hizo, y por alguna razón siguió fingiendo que era su padre, ¿con qué propósito? —Siempre he sido tu padre, fui el que te cuidó cuando nadie más lo hacía, y el único que estuvo contigo cuando ni siquiera tu madre quería estar cerca de ti. —Rubén no tiene ni pizca de empatía cuando le suelta las palabras a Hades sin pelos en la lengua. —¿No es eso lo que hacen los padres? —¿Y quieres que te dé las gracias? —Hades se ríe un poco por lo bajo, empático. —De todas formas, no voy a hacer lo que me digas. No voy a solapar lo que me hizo Hander. —Es tu hermano. —No es mi hermano, ni siquiera es mi hermanastro, no es nada para mí. —Hades... —¿Qué? —Hades interrumpe a Hander, en cuanto está a punto de hablar por primera vez. —¿Vas a disculparte conmigo sólo porque tu padre está cerca y luego intentarás matarme cuando deje de prestarte atención? Estoy cansado de esta puta familia, estoy cansado de esta puta familia. —¡Maldito Daniel Santiago Moore! —Rubén levanta la voz contra Hades, furioso. —No dejaré que me hables así. Estás cansado de esta familia, ¿verdad? Pero no estás cansado de vivir rodeado de tantos lujos, ¿verdad? ¿Sabes quién paga este hospital? Lo estoy pagando yo. Yo con el dinero de mi trabajo. Asustado, observo ambos pasillos para ver si Babi se acerca. Esta pelea va en aumento y no veo a nadie que pueda ayudarme si se sale de control. —¿Te refieres al trabajo en el que asesinas gente y vendes drogas? —Hades se burla de Rubén, sarcásticamente. Ambos, o mejor dicho, dentro de la familia sabíamos que Rubén sólo había creado esa empresa para blanquear el dinero sucio de sus otros trabajos. Y no era un oscuro secreto, o mejor dicho, lo era, hasta que Hades lo descubrió, y me lo contó. —¡Hades! ¿Quieres callarte? —Ruben se acerca a la camilla donde descansa Hades, y lo agarra por la mandíbula, haciendo contacto visual con él. —Tú también sabes que vives de ese trabajo. Ni siquiera conseguirías una semana completa en un trabajo honrado. —¿Quieres ver cómo puedo hacerlo? —Le reta Hades, obstinadamente. Desde que tengo memoria mi hermano ha sido así, no le teme a nada, y es por esa razón que lo considero mi hermano, mi hermano de corazón, aunque no de sangre. —Pruébalo, no durarías ni una semana siendo una persona normal, y menos ahora que tienes un hijo. —Rubén suelta a Hades, que le sonríe, cínico. —Tienes que pensar, sé prudente Hades, tú sabes lo que te conviene... —No me interesa, no necesito nada de ti. —Hades mantiene su punto, con firmeza. —Dejo la casa y me voy con mi familia. ¿Hades se va de casa? Creo que hay cosas que papá no me ha contado. No puedo evitar sorprenderme e intrigarme y giro el pomo para entrar en la habitación. —Papá. Lo primero que sale de mi boca llama la atención de todos los presentes. Los guardaespaldas no intentan sujetarme esta vez, así que es más fácil plantarme junto a Hades en la camilla. —Hugo, no te metas. —¿Por qué? —le interrogo, con el ceño fruncido, testarudo. Nunca le había hablado así a papá, pero supongo que hay una primera vez para todo. —¿Sólo porque soy más joven que tú no puedo entrometerme? —Mi padre dijo que te mantuviera al margen. —Hander habla por primera vez en la refriega. Me río sarcásticamente en su cara. Esta vez no tiene una actitud altiva, sino que lleva las manos en los bolsillos y parece más relajado. —No eres quién para decirme lo que tengo que hacer después de lo que le hiciste a Hades. —No eres quién para hablar cuando no sabes nada. —Hander reprocha mi afirmación, cruzándose de brazos. Joder... me da mucha rabia que intentes rebajarme y dejarme en ridículo. —Son problemas familiares, tú no eres parte de esto. —Por desgracia yo también soy tu familia, idiota. —¡Hugo! No hables así de tu hermano mayor. —Ruben me regaña. No es que esté haciendo algo malo para que me castigue como si fuera un niño. Ya soy mayor de edad, puedo decidir por mí mismo. —No es mi hermano de sangre. —Pero es tu hermano. —No, Hades es mi hermano. En realidad, Hades es más que mi hermano, ha estado en lo bueno, en lo malo y en los mejores momentos de mi vida. Ha estado por encima de mi padre, de mi madre, de los que decían ser mi familia. Hades siempre ha estado ahí para mí, y le estaré agradecido de por vida. —Hugo... —¡Ya basta! ¡Estoy harto de que todos los miembros de esta maldita familia quieran manejarme a su antojo! —refunfuño, furioso. No puedo controlarme. Mis manos se convierten en puños y mi cuerpo tiembla de rabia. —¡Sois todos desiguales, nadie parece capaz de tomarme en serio! —¿Cómo esperas que... Quiero decir... siendo tú...? —Hander me llama la atención con esa sonrisa idiota en la cara. Cree que puede salirse con la suya y que es divertido tomarme el pelo. Me acerco a él, despacio, con la mandíbula apretada, y me pongo cara a cara con él. Quiero darle un puñetazo en toda la cara y cerrarle la puta boca. —Hugo... —Escucho la voz de Hades a lo lejos. —¡Joder! —Babi entra en la habitación, gritando para poner orden. Dejo de mirar a Hander y centro mi atención en ella, que entra sin el bebé. Su pecho sube y baja rápidamente de rabia, y hace que el mío baje hasta el fondo. —¡Quiero sus putas peleas de gilipollas inmaduros lejos de mí y de mi bebé! —Se muerde los labios y arruga la cara. Si no la conociera, diría que está a punto de derrumbarse. Eso me pasaba siempre en momentos así con mi padre o con Hander, cuando peleaba me entraba un ataque de ansiedad, el pecho me latía deprisa y las ganas de llorar y golpearlo todo eran mayores. También sé lo terrible que es pensar que nada te va bien, llorar despierto y sentirte solo aunque estés rodeada de gente, pero sabes que nadie entendería la carga que llevas a la espalda ni cómo te sientes. —¡Ahora mismo no quiero escuchar a ninguno! —Babi... —Ya estoy bastante cansada como para agotarme más con estas cosas. —La voz de Babi se quiebra, y su frase termina en un susurro, llora a pleno pulmón. Y todos sólo podemos contemplar la escena, nadie dice, nadie hace nada, nadie mueve un pelo, excepto Hades. Se levanta rápidamente de la camilla, ni siquiera esta vez se queja del dolor en el pecho, solo puedo ver la cara de preocupación en su rostro. Nunca le había visto así delante de una mujer, es como si Babi pudiera sacar ese lado de Hades que nadie conoce. Ese lado vulnerable me sorprende, está realmente preocupado por ella. —Amor... —¡Vete de aquí! —Ella se aparta mientras Hades intenta envolverla entre sus brazos. Hades respira hondo, tranquilo, pero su rostro refleja lo que realmente piensa y siente, miedo, temor a perderla. —Vámonos. —comenta Rubén a Hander, y no tardan en seguirles sus guardaespaldas. Rubén parece hastiado porque nada le ha salido bien hoy, y me alegro de que no pueda luchar contra Hades. Me quedo inmóvil frente a la puerta viendo como Hades abraza a Babi, este empieza a llorar como un niño pequeño mientras se agarra a sus brazos. Nunca lo había visto en esa posición, siempre eran las chicas las que lloraban así a su lado, ¿pero él? Nunca había llorado delante de una chica, y menos de una forma tan desgarradora. —Estoy aquí, princesa. —Hades besa la cabeza de Babi, y le acaricia el pelo, mientras ella solloza sobre su pecho. La imagen es acogedora. —¿Qué ha pasado? —El miedo en la voz de mi hermano es evidente. No tiene miedo de ella, tiene miedo de que se vaya de su lado. —Nunca volveré a hacer algo así delante de ti, ni delante de nuestro hijo, yo... Te lo juro, yo... —No estoy preparada —solloza Babi. Se me rompe el corazón al verla llorar, siento que me arde el pecho, y no quiero ni imaginarme lo que siente Hades al respecto, llora, y no llora porque sí, llora como nunca al verla tan destrozada. He pensado que a lo mejor le ha dado un ataque de ansiedad, y estar delante de tanta presión no le ha ayudado. Debe ser duro estar en una etapa en la que crees que el mundo entero parece volverse en tu contra. —No puedo con todo esto, no puedo con el bebé, yo... No soy una buena madre, yo... —Claro que puedes, preciosa. —responde Hades entre lágrimas. Abraza a Babi contra su pecho. —Eres y serás la mejor de las madres, y la mejor de las novias, de eso no me cabe duda. Te amo, y siempre estaré a tu lado. —Sonríe un poco en medio del llanto, y ambos se cogen de la mano bajo mi atenta mirada. —Te apoyaré, los dos saldremos adelante por nuestro hijo. No me importa morirme de hambre, nunca dejaré que lo hagas. Verás que juntos estaremos bien. Escuchar como mi hermano dice algo así, es algo muy extraño para mí, nunca imaginé que viviría esa etapa con él, y verlo crecer, es algo que estoy seguro reconfortaría a nuestros padres. Se abrazan, y los veo a lo lejos. No puedo evitar las lágrimas que afloran a mis ojos, y vienen solas, me alegro por mi hermano y puedo sentir e imaginar lo que ellos sienten. —Hugo... —Sophie llama mi atención, rápidamente me quito las lágrimas y le observo, sereno. Qué puta vergüenza que me vea llorar. —Pasa... ¿algo? —No, no es nada. —Me río un poco, muerto de los nervios. Ahora se viste con normalidad, y supongo que es porque ha terminado su turno en el hospital. —No te conozco mucho, pero sí lo suficiente para saber que acabas de llorar. —Yo... Me abraza, me hace callar, y es como si sus brazos fueran mi refugio. Me enredo en el olor de su pelo y en la suavidad de su pecho. Yo también he encontrado mi lugar seguro. —No sé lo que pasa, pero sé que necesitas oírlo... —Sophie se separa un poco y me mira a los ojos, bueno, a los labios, más bien, ya que sé que no puede mirarme a los ojos sin morirse de los nervios. —Te quiero, Hugo.
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