La celosa.

2641 Words
Hades Moore. —Gracias, pero puedo bañarme solo. —La enfermera me observa un segundo mientras le doy la espalda y me quito la camisa. Baja la mirada, nerviosa. He empezado a hartarme de que intente acostarse conmigo. Me incomoda que me persiga todo el tiempo y que, por muy fría que sea mi actitud, no se rinda. Esta mañana ha traído el desayuno sólo para mí, y claro, le he dado mi desayuno a Babi, no iba a dejar que se muriera de hambre. —El médico ha dicho que necesita ayuda, aún no puede aguantar mucho, señor Moore. —responde ella. Me siento en una silla, suspirando, molesto, y ella me examina la pequeña herida que tengo en el pecho, debajo de las clavículas. Me vendaron la herida anoche. El médico dice que tendré esa pequeña marca de por vida, y como recuerdo. Al menos ahora me duele menos que antes, que cuando la herida estaba reciente. También me ha dicho que tengo que tener más cuidado, supongo que el muy idiota piensa que toda la vida he jugado con mi hermano a pegarnos tiros como pasatiempo familiar. He perdido mucha sangre, y he adelgazado, las ojeras se me notan más, si no me conociera diría que parezco un vagabundo, sólo que la ropa y los complementos caros que llevo, me delatan, de lo contrario podría estar tranquilamente pidiendo dinero por la calle. He tenido que pedir que me dejen ducharme, apesto a marisco de la playa y lo odio. En estos tres días en el hospital, no he visto al culpable de todo esto, ni siquiera ha parecido lanzarme flores o desearme una muerte feliz. He esperado tanto de Hander toda mi vida, y siempre acaba matando mi ilusión. Pensé que su enemistad había llegado tan lejos que quería matarme, y por eso le escribí una carta a Babi, contándole todo lo que había sentido por ella todos estos años. Hander sólo quería desquitarse conmigo por haberme acostado con Samantha, y cuando discutí con mi hermanastro en el baile, según él, que yo había recibido el amor que él no pudo tener. Pero yo sabía que había mucho más en el fondo. —Sé lo que dijo el médico, pero me importa una mierda. ¡He dicho que puedo bañarme solo! —Me cruzo de brazos, con aire molesto, sereno. Ella aparta la mirada y se echa hacia atrás en la silla, pegada a mi cuerpo. Nuestras caras están a escasos centímetros, y ella se relame los labios al ver la mía. Me alejo todo lo que puedo, no quiero que nadie entre y malinterprete la escena. —No es ningún problema para mí ayudarle, señor Moore. Dejo de mirarle a la cara, fríamente, para fijarme en la placa que luce en el pecho, se llama Rachel. Tengo que tenerlo en cuenta para decirle a Josh que ponga fin a esto. Ahora mismo no me interesa involucrarme con ninguna mujer que no sea Babi, soy muy feliz con ella y con nuestro bebé. Y aunque aún no tenemos nombre para nuestro hijo, estoy seguro de que será el mejor de todos. Ha hecho que mi vida tenga sentido, y sólo espero que salga bien del hospital. Soy el hombre más feliz del mundo y no necesito nada más. —No necesito ninguna puta ayuda. —Le sonrío falsamente, pero ella no lo entiende, o más bien no quiere entenderlo, porque me devuelve el gesto con una sonrisa realmente feliz. —¡Oh, sí...! Lo siento...—Babi charla con otra persona detrás de la puerta, y entonces ésta es abierta por ambas personas. Al ver entrar a Sophie con Babi, me levanto inmediatamente, apartando a Rachel de mi camino. Supongo que ha dejado que Babi se bañe porque tiene que hacerlo para poder darse el alta en el hospital. Además, el bebé sigue en la incubadora, los médicos dicen que sólo está bajo de peso, pero sin embargo, su salud está bien, que es lo único importante ahora. Bárbara me observa, sin sonreír, sólo seria, por lo que me preocupo, pensando que tal vez vio cómo Rachel estaba encima de mí, y pensó lo contrario. —Buenos días, señor Moore. —me saluda Sophie, sonriendo. El ambiente ya no es tenso, y lo agradezco. —Veo que ha tenido una mañana mejor. —agrega. —De hecho, estoy mucho mejor, gracias, Sophie.... —asiento con una mueca de duda en la cara. Ella asiente con una sonrisa: —Vale, si.... ¿Puedo ayudar a mi novia a ducharse? —Sophie no se niega, y yo le devuelvo su amable gesto dándole las gracias. Desde luego Hugo no perdía el tiempo con cualquiera, se nota que ha encontrado a una buena chica como él. Sophie por fin consigue que Rachel salga del baño con ella, y yo le aplaudo, un minuto más con ella y me moriría. Y digo moriría porque quizás Babi me mataría o yo mismo me cortaría las pelotas de la desesperación que me provoca. Alargo la mano por detrás de Babi para intentar quitarle el albornoz, cuando ella se da la vuelta, alejándose fríamente. —Puedo bañarme sola. —responde. No digo nada y ella abre la ducha, dispuesta a entrar. El sonido del agua rebotando contra el suelo es estremecedor. –Babi... -Déjame, Hades. —Pone los ojos en blanco, molesta. Suspiro, preocupado. —Sólo... quería ayudarme a bañarme y obviamente me negué, no necesito que nadie me ayude, y menos una mujer. —me permito explicarle, y aunque parece oírme, hace caso omiso. Babi se quita la bata de enferma, y aunque debajo lleva sujetador y bragas, mis ojos se llenan de deseo al ver su cuerpo semidesnudo frente a mí. Me doy cuenta de que ahora tiene una pequeña cicatriz bajo el abdomen, y eso, debido a la cesárea que le practicaron hace unos días, pero está igual de hermosa que siempre. —Babi... —Está bien. —Me contesta. Frunciendo el ceño, la miro, esperando una respuesta concreta, pero no termina de dármela. ¿Está bien? ¿Qué es exactamente estar bien? ¿Estamos bien? No, no estamos bien, sigue alterada, ¿por qué la siento tan... fría? ¿Está... celosa? Babi termina de quitarse las bragas y el sujetador bajo mi silencio. Aunque me preocupa su actitud, no puedo evitar mirarla con deseo. Es como si fuera la primera vez que la veo desnuda delante de mí, quiero tocarla, quiero besarla y estoy seguro de que mi polla ya está dura. Me acerco a ella, lentamente como un depredador. El agua de la ducha cae sobre su pelo, y sus manos la dirigen por todo su cuerpo, dejándome tenso. Le meto la mano por detrás, pero ella no parece darse cuenta, o lo ignora por completo, hasta que la sujeto por la cintura, dándole un pequeño beso en el cuello. No me importa en absoluto mojarme, quiero decir, iba a darme un baño de todos modos, así que no hay ningún problema si el agua me moja. —Hades, suéltame.... —Babi gimotea en voz baja. Sé que está tan celosa que quiere alejarse de mí, pero la calentura que la envuelve es más fuerte que su rabia, y no puede resistir las ganas de que la folle. —Tengo tantas ganas de volver a hacerte mía.... —le susurro al oído, apretando mi vientre contra su espalda. El agua cae ahora por nuestros cuerpos, y sólo espero que a ningún idiota se le ocurra abrir la puerta, es demasiado tarde para cerrarla. —Dios... no. —tartamudea en un suspiro. Mis manos juegan con sus tetas, las aprietan, las acarician. Tiene los pezones duros y me apetece chupárselos mientras la embisto. —¿No? —Me aparto un poco de ella para bajarme los pantalones y los calzoncillos, pero sus manos me sujetan por la espalda. Ella niega, pero sé que le encanta jugar así. Si no quisiera, me habría apartado a la fuerza. —¿No quieres que tu papi te folle tan fuerte que te haga suplicar de placer —asiente, mordiéndose los labios, como una niña buena. No aguanto más la espera y, una vez bajados los pantalones y los bóxers, la sujeto con fuerza por la cintura, dándole la vuelta. Estamos cara a cara y por fin puedo besarla con toda mi alma. Sus labios me resultan tan apetitosos, son dulces, son adictivos y hacen palpitar mi polla. Muevo mi lengua dentro de su boca, y ella se acerca para seguirme el juego, por supuesto yo soy más rápido, y agarrándola del pelo, quiero devorarla. Nuestras entrepiernas se encuentran, mi polla caliente está sobre su humedad, intento metérsela así, pero es imposible, necesito que esté más abierta. —Eres mía y de nadie más—. Babi suspira cuando me separo de sus labios, un hilillo de saliva cuelga entre nosotros. Mis dedos juegan con su labio inferior mientras la miro con deseo. Me mira, dulce. - Estaría loco si me metiera con otra mujer, porque tú eres perfecta. La que me besa esta vez es ella, cogiéndome por el cuello, acerca sus labios a los míos. Su beso es feroz y aunque ella intenta tomar el volante, yo soy más rápido. Con nuestras bocas unidas le doy la vuelta, ella se inclina un poco, con el pecho pegado a la pared. Babi juega con su culo mientras yo la miro, balanceando mi mano sobre mi polla. No soporto estar más tiempo fuera de ella, quiero penetrarla, quiero hacerla mía. —¿Quieres hacerlo? —Babi asiente, varias veces. Le sonrío un poco, e induzco mi polla lentamente sobre ella. En cuanto la punta de mi falo entra en su humedad, noto cómo le tiemblan las piernas. Rodeo su cintura con mis brazos y ella me sujeta, apretando con fuerza. Sujeto sus caderas y la embisto con tanta fuerza que gime de placer. —¿Te gusta así? ¿Duro? –Sí, por Dios, ¡sí! ¡Fóllame duro! —Ella gime en su hombro, suave. Oírla jadear es lo más bonito que he odiado en mi puta vida. Babi me agarra las manos, poniéndoselas en las caderas, aprieta fuerte y no necesita decírmelo para que la abrace fuerte. —¡Agárrame fuerte! ¡Hazme tuya! Mis embestidas son duras. Sé que le encanta que la folle así, aunque para ser sincero prefiero hacerlo suavemente, no me gusta hacerle daño. Sujeto su pelo con fuerza y beso su cuello mientras mi polla entra y sale de su humedad con rapidez. Solo puedo pensar en una cosa: "No te corras, no te corras, no te corras, no te corras", pero joder, me pone tan cachondo que no puedo aguantar mucho. Vigilo la puerta, no la he cerrado y no quiero que nadie entre y nos interrumpa. Mi polla sale de su humedad y froto la cabeza de mi falo contra su culo, es tan linda, me encanta como se mueve, como me hace desearla solo con mirarme. Le doy la vuelta y empiezo a besarla desesperadamente, solo quiero devorarla, hacerla mía. Ella consigue apartarme, poniendo sus manos en mi pecho. —¿Qué quieres? —le pregunto, en un suspiro. Ella niega, y sus labios buscan los míos. La sujeto con fuerza por el cuello, apartándola antes de que su boca encuentre la mía. Quiero que me pregunte, quiero oírla suplicar, aunque sé exactamente lo que pretende. —Yo... Yo... Yo... Quiero chuparte la polla. Le sonrío, asintiendo. Lentamente suelto su agarre y ella se agacha hacia mi falo. Se la ve tan mona desde abajo, mirándome la polla con tanto apetito. La coge con las manos y empieza a metérsela lentamente en la boca. No puedo aguantar más la espera, así que muevo las caderas hacia delante y la engullo rápidamente. Se le contrae la garganta y sé que tiene arcadas, pero no me importa demasiado. Su boca aprieta mi polla de una forma deliciosa, mientras sus manos frotan mis testículos suavemente, creo que ha encontrado el punto, porque no puedo evitar jadear de placer. Lentamente, Babi saca mi polla de su boca, y me observa, veo las lágrimas correr por sus mejillas, y no puedo evitar la sonrisa en mi cara. Mi polla la ha hecho llorar, desde tan adentro. Se separa un segundo, masajeando mi m*****o mientras me mira. Ella cae hacia atrás, así que ahora deja de estar en cuclillas y su culo rebota contra el suelo de la ducha. Me agacho sólo para darle un beso corto, nuestros labios apretados, el placer inundándome y el deseo de follármela a todas horas encendiéndome, apoderándose de mí, es como una bendita droga en la que no puedo evitar enredarme. –Te he hecho llorar. —le digo, cogiéndole las mejillas. Sus lágrimas siguen ahí, sobre éstas, así que le limpio un poco los ojos. —Mi polla es tan grande que no cabe en toda tu bonita boca, ¿Verdad, mi bebé? —Sí, mi papi. —Ella asiente, sonriendo. Joder... no sabes lo cachondo que me pone que me llames así. —¿Sí, preciosa? —le pregunto, y ella vuelve a asentir, pero esta vez buscando mis labios. —No nos vamos a ir hasta que tu papi se corra, ¿verdad, bebé? —En un suspiro consigo pronunciar antes de levantarme, dejándola a la altura de mi polla. Babi no duda en llevarse mi polla a su bonita boca. Su mano agarra el tronco, mientras lame la punta sin apartar los ojos de mí. Su lengua envuelve en círculos la cabeza de mi polla, arrancándome jadeos. Me suelta la polla para lamerme los testículos mientras me masturba con la mano, y es entonces cuando no puedo contenerme más, ha dado en el clavo y no puedo aguantarlo, así que me corro en su cara. Jadeando, cojo el semen con mis manos y se lo meto en la boca, ella me chupa los dedos sin pensarlo, y entonces, me agacho a su altura solo para coger su barbilla, y besarla. —Sabor a mí.... —Ella me sonríe, sus ojos brillan de deseo, excitándome. Aunque acabo de correrme, siento que quiero volver a hacerlo. Babi se levanta, torpemente, el agua no la ayuda a sostenerse, así que se ayuda con mi cuerpo. Le doy un beso corto, y estoy a punto de volver a besarla cuando oigo la voz de Sophie, seguro que viene de la mano de un paciente. –¡Mierda!—maldigo en voz baja, y me apresuro a ponerle la ropa a Babi, ya habrá tiempo de vestirme, pero no quiero que nadie la vea desnuda, nadie más que yo. —¿Qué te pasa? —pregunta frunciendo el ceño. La duda en su voz la hace parecer tan vulnerable. —Tenemos que escondernos. Me subo rápidamente los pantalones y ajusto la bata enferma de Babi mientras localizo algún sitio donde meter nuestros cuerpos. La voz de Sophie suena cada vez más cerca y es como si un reloj hiciera sonar sus manecillas en mi cabeza. El tiempo se acaba... Cojo a Babi de la mano y me dirijo con ella al fregadero del fondo de la habitación. Está llena de toallas para los enfermos, por pura suerte, cabemos juntos. Siento que no puedo respirar bien, pero eso es lo de menos. Finalmente, la puerta se abre en cuanto cierro las dos partes del armario, y siento que por fin estoy en paz. —Estás loco, Hades. —Babi se ríe por lo bajo. —Estoy loco por ti. Y en ese momento, ese instante en el que me mira con una sonrisa, supe que no quería nada más en esta puta vida que estar con ella. Nada más que mi familia. Nada más que mi hijo.
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